Cuando el caballo se convierte en el mejor amigo del hombre

Hace más de dos décadas que se utiliza en nuestro país la Equinoterapia, una práctica multidisciplinaria que mezcla la equitación con la sicología y la kinesiología para el tratamiento de personas - especialmente niños - con discapacidades auditivas, físicas, sicológicas y visuales.

Este moderno y novedoso tratamiento aprovecha los movimientos naturales del caballo para estimular a quienes montan, y producir mejoras físicas y de los niveles cognitivos, de comunicación y personalidad.

 

 

Ya en el año 458 A. de C. Hipócrates - el más famoso médico de la Grecia Antigua - hablaba del saludable trote de los caballos y aconsejaba la equitación al aire libre para regenerar la salud y cuidar el cuerpo de muchas dolencias. Más tarde, en el siglo XVII, la medicina utilizaba la equitación como método para combatir la gota, enfermedad que por entonces causaba verdaderos estragos.

No obstante, los primeros datos fidedignos y contrastados, llegan en el año 1875, cuando el neurólogo francés Chassiagnac descubrió que un caballo en movimiento mejora el equilibrio, el movimiento articular y el control muscular de los pacientes. Experimentó con esta idea y concluyó que montar a caballo mejoraba el estado de ánimo y que era particularmente beneficioso para los parapléjicos y pacientes con trastornos neurológicos.

Pero el auténtico auge de esta "medicina no tradicional" surge en Europa a partir de los años '50 y '60, desarrollándose principalmene en Alemania. Por esos años, se experimentó con el método que se utiliza en nuestros días, basado principalmente en una relación directa entre el movimiento del caballo y la respuesta del paciente: la Equinoterapia.

Esta práctica se ha definido como un método terapéutico que utiliza el caballo, las técnicas de equitación y las prácticas ecuestres dentro de un plan interdisciplinario en las áreas de equitación, salud y educación, buscando la rehabilitación, integración y desarrollo físico, psíquico y social de personas que padecen algún problema de salud.

La equinoterapia integra los llamados programas de zooterapia, una metodología terapéutica psicoducativa que incluye una técnica con asistencia animal, el cual desempeña un papel fundamental, funcionando como un poderoso estímulo. Y si bien las zooterapias más difundidas son las que involucran perros, gatos y delfines, los caballos son importantísimos.

Los equinos son animales muy fuertes y perceptivos. Su belleza, inteligencia y capacidad de trabajo, pero sobre todo su lealtad y compañerismo con las personas, lo hacen ser un aliado ideal. El animal percibe de inmediato que la persona es distinta a las demás, y por ello se comporta de forma diferente a como lo haría con cualquier otro jinete.

Esta terapia ha demostrado su eficacia en personas con problemas de todo tipo:

- Esclerosis múltiple
- Parálisis cerebral
- Autismo
- Síndrome de Down
- Espina Bífida
- Traumas cerebrales
- Conductas caracteriales
- Enfermedades neurodegenerativas
- Enfermedades traumatológicas
- Anorexia
- Bulimia
- Afecciones crónicas
- Minusvalías de cualquier tipo (físicas y psíquicas)
- Problemas de comportamiento
- Incapacidad intelectual
- Discapacidad física
- Discapacidad sensorial
- Enfermedades mentales
- Diversas inadaptaciones sociales (drogadicción, delincuencia...)

Y específicamente...

Así, la equinoterapia o hipoterapia se basa en el aprovechamiento del movimiento del caballo para la estimulación de los músculos y articulaciones del jinete (en este caso, paciente).

Así, el paciente está expuesto a movimientos de vaivén que son muy similares a los que realiza el cuerpo humano al caminar. Esto supone que el paciente no se enfrenta pasivamente al movimiento, sino que se ve obligado a reaccionar frente a una serie de estímulos producidos por el trote del caballo.

Debe adaptarse y responder frente múltiples y diferentes sensaciones. Se produce así una reacción que no es sólo muscular sino también sensorial, afectando a todo el cuerpo del paciente.

El movimiento del caballo tiene además la gran ventaja de ofrecer una importante variedad de ritmos cadenciales, lo que supone la posibilidad, desde el punto de vista terapéutico, de graduar el nivel de sensaciones que el paciente recibe.

El caballo al trote transmite al jinete un total de 110 movimientos diferentes por minuto, en consecuencia no hay ni un solo músculo ni zona corporal, desde el coxis hasta la cabeza, al que no se transmita un estímulo. Con todo esto el enfermo puede ser capaz de experimentar sensaciones que nunca antes ha vivido.

A nivel físico la equinoterapia ha demostrado ser capaz de mejorar el equilibrio y la movilidad, de ahí su utilización con pacientes que sufren diferentes parálisis. Pero actúa también en otros planos como el de la comunicación y del comportamiento. En general, con esta terapia se han observado tres tipos de efectos:

Efectos fisiológicos: aumento de la capacidad de percepción de estímulos, al encontrarse en una situación de movimiento.

Efectos psíquicos: se estimula la atención, la concentración y la motivación frente a otros movimientos. Es fundamental el aumento de la autoestima y de la seguridad en uno mismo.

Efectos físicos: el caballo tiene una temperatura corporal y un volumen muy superiores al hombre, lo que conlleva una importante transmisión de calor y solidez al ser abrazado y tocado por un niño.

Algo muy importante es que la equinoterapia es asumida por el paciente como una diversión. Se desarrolla al aire libre, pudiendo disfrutar de cuanto le rodea, y no en un lugar cerrado lleno de máquinas, lo que en cierta medida puede llegar a ser una amenaza para el enfermo.

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