Hay bandas de bandas
Todos los adolescentes experimentan la necesidad de pertenecer a un grupo. Dependiendo de cómo se enfoque esa necesidad -hacia lo bueno o hacia lo malo- será el tipo de banda que presenciemos.

 

Por: Magdalena Mellado.
Fuente: Desarrollo y Formación Familiar A.C.

 

"La verdad no se cómo empezó todo. Al principio me drogaba con thiner, cemento, pegamento y pastillas, después empecé a combinar. Esto me hacía sentir valiente y entonces, junto con los demás miembros de la banda, hacíamos destrozos. Luego empezaron los problemas con la policía. Cada vez eran más frecuentes mis visitas a la comisaría o a un hospital después de que se hacía la guerra entre las bandas".

"Hasta que un día la cosa sí se puso gruesa y nos tronamos a un tipo. Desde entonces estoy encerrado y mi jefa no para de llorar".

Estas podrían ser las palabras de cualquiera de los chicos de una banda que, por miles de razones, hoy se encuentran en la cárcel sumidos en el mundo obscuro de la delincuencia juvenil. O quizá de alguno que, víctima de sí mismo y de la dependencia a las drogas, se encuentra ya bajo tierra.

Bandas del bien y del mal

La palabra banda o pandilla por sí sola no tiene una connotación negativa. Por el contrario, si se busca en un diccionario la definición encontraremos que es: "Un grupo de amigos que se reúnen habitualmente con ideas similares".

También los grupos musicales se identifican dentro de esta definición. Quién no recuerda a "Spice Girls" o demás grupos musicales juveniles.

En la vida real, no es extraño encontrar grupitos de jóvenes que visten y hablan igual. Formar un grupo y sentirse identificado con él, más allá de la familia, es parte del desarrollo social de los adolescentes.

Es durante esta etapa donde el joven busca de su propia identidad, es decir todavía no tiene una concepción coherente de sí mismo, de lo que cree y de lo que quiere llegar a ser.

Incluso hay jóvenes que con tal de ser aceptados entre los chicos de su edad, llegan a cometer actos delictivos, consumir drogas e incluso a la violencia. Aquí es donde comienza el problema.

La raíz del problema

Cada caso de pandillerismo es único y sus circunstancias pueden variar. Pero los motivos más frecuentes que dan origen a este problema son:

- Desintegración familiar:

Cada vez es más frecuente este problema, que no se refiere únicamente a familias en donde uno de los padres ha dejado el hogar, sino también a esos casos en que tanto el papá como la mamá se escudan en el trabajo y actividades personales, y descuidan la educación de los hijos.

-Educación intelectual y no formativa:

Muchos especialistas en el tema creen que uno de los motivos principales de las bandas, es que la educación escolar se enfoca sólo al aspecto intelectual de la persona, descuidando la formación de la conciencia social.

- Baja autoestima:

La gran mayoría de los "Chicos Banda" tienen un problema de autoestima muy significativo, ya que piensan que como ya están dentro de un mundo obscuro de autodestrucción no son dignos de ser amados.

- La violencia dentro del hogar se ha trasladado a las calles:

Ha aumentado tanto la violencia en el hogar, que ésta ha traspasado los muros y se ha trasladado a las calles. Ha llegado a tal grado, que las autoridades han tenido que intervenir en más de una vez para separar a los hijos de su padres por el bien de los primeros.

Siempre hay una solución

Para todos los males hay una solución y el problema de las bandas de delincuentes juveniles no es la excepción.

Existen muchas posibles soluciones, y una de ellas es que los padres de familia y maestros enfoquen de manera positiva la necesidad que sienten los jóvenes de ser parte de un grupo.

No es difícil, existen muchas "pandillas" que buscan el bien: los grupos parroquiales, los de servicio a la comunidad e incluso los equipos deportivos. En todos ellos, el joven encuentra la satisfacción a esa necesidad social.

Sólo un ejemplo...

En Monterrey, México, existe un grupo de religiosas que se dedica a la noble labor de rehabilitar pandilleros en base a restituir en ellos su dignidad como personas, y dándoles un objetivo para sus vidas.

La Madre Guillermina Burciaga Mata, fundadora de la Compañía María de Nazareth, ha traspasado los límites de Nuevo León y ha promovido ya su labor a otro estados.

Hoy en día muchos chicos de ese país han dejado ya el camino de la delincuencia y se han unido a B.U.B (Bandas Unidas para el Bien).

Así como ellas existen muchos otros grupos, públicos y privados, que ayudan a los jóvenes a encontrar la puerta de salida a la delincuencia juvenil. Felicidades a las personas que se dan a la labor de ayudar a los jóvenes.

Pero más felicidades a todas aquellas personas que han tomado la decisión de rehabilitarse y que cada día afrontan con valentía todos los obstáculos que implica su decisión. Si aún eres un "chico banda", no todo está perdido, siempre hay manera de buscar una adecuada orientación y encontrar esa luz en el camino.

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