





La
importancia de los amigos
Si los amigos de nuestros hijos son buenos estudiantes, deportistas,
respetuosos, alegres... nuestro hijo mostrará comportamientos similares,
aunque a veces no lo haga en casa.
Si sus amigos beben, son malos estudiantes,
contestatarios. . . deberemos estar alerta.
Nuestros hijos acabarán
siendo en gran medida lo que sean sus amigos.
Autor:
Teresa Artola González, "Cómo resolver situaciones cotidianas
de tus hijos adolescentes". Editorial Palabra, Madrid 2.000.
Fuente:
Edufam
Los
amigos tienen mucho peso en la etapa adolescente y pueden contrapesar el influjo
paterno.
Observemos a nuestros hijos: si sus amigos son buenos estudiantes,
deportistas, respetuosos, alegres... nuestro hijo mostrará comportamientos
similares, aunque a veces no lo haga en casa.
Si sus amigos beben, son malos estudiantes, contestatarios. . . deberemos estar alerta.
Nuestros hijos
acabarán siendo en gran medida lo que sean sus amigos.
En efecto,
la adolescencia es la etapa del nacimiento de la verdadera amistad. Atrás
quedan las amistades de la infancia, que son simples relaciones de camaradería
basadas en costumbres y ocupaciones comunes.
En la pandilla, típica de la preadolescencia, se mantienen estos mismos
rasgos, aunque ya empiezan a vislumbrarse algunos rasgos propios de la verdadera
amistad.
La pandilla de amigos es muy importante para el adolescente,
le ofrece seguridad, le ayuda a independizarse de los padres.
En el grupo encuentra la seguridad que antes encontraba en casa.
En la pandilla los chicos y las chicas aprenden a conocerse a sí mismos,
hacen frente común contra todo aquello que se opone a su independencia
y se prestan apoyo para combatir la «incomprensión de sus padres».
La aceptación por el grupo es de vital importancia para el adolescente.
Sentirse rechazado es una tremenda frustración en esta etapa de la vida.
Las amistades durante las primeras fases de la adolescencia se caracterizan
por ser fervientes, exclusivas, apasionadas, casi de tipo amoroso. Se encuentran
a menudo plagadas de tormentas, de riñas, de rupturas, de reconciliaciones...
A menudo de la misma
manera que se quieren con pasión pueden bruscamente desaparecer. Todo ello
no es sino reflejo de la personalidad inestable e inconstante del adolescente.
A partir de los 16-17 años es cuando la amistad se hace más
estable. La relación es menos apasionada pero más serena y duradera.
Es entonces cuando realmente
surge la amistad, entendida como afecto recíproco desinteresado. La pandilla
se va disolviendo, se selecciona más a los amigos, y estos se convierten
en confidentes.
Asimismo, los chicos y las chicas de estas edades difieren
en la forma de vivir la amistad.
En las chicas predomina lo afectivo, son más tranquilas, se centran en
la conversación y las confidencias. Para ellas es fundamental ser popular
entre sus compañeras, tener fama, ser «bacán». En los
chicos se da más la competición, el gusto por el riesgo...
A estas edades los padres se preocupan, como es lógico, por la clase de
amigos que frecuentan sus hijos y por las malas o buenas influencias que estos
pueden ejercer sobre la vida de sus hijos. Todos conocemos casos en que una amistad
inadecuada ha llevado al adolescente por mal camino.