





Conversaciones a fondo: de mujer a mujer y de hombre a hombre
Autor:
Ricardo
Regidor
Fuente:
Colegio Irabia
El ángel de ojos azules, Juancho, cariñoso, agradable, el orgullo
de la familia, tenía entre sus libros ciertas fotografías inconvenientes.
Su madre las descubrió por casualidad, mientras colocaba los estantes,
y al principio no dio crédito a lo que veía; incluso llegó
a pensar que alguien las había dejado allí para poner a su hijo
en un apuro. Pero, como no podía ser de otra manera, la evidencia de las
pruebas que tenía en las manos le hizo volver a la realidad.
¡Habrá
que hablar con él!, pensó. Pero, ¿quién le pone el
cascabel al gato?.
Llega
un momento, para terror de algunos padres y madres, en el que se hace necesaria
una conversación tranquila y sosegada con el hijo o la hija adolescente.
No
es un plato del gusto de nadie, porque resulta más cómodo callarse,
disimular, olvidarse... que pasar el mal trago de hablarles claro. Pero, como
afirma Alejandra Vallejo-Nájera, más dolor ocasiona un padre blando,
inconstante, que no sirve de guía. Me refiero a ese tipo que enseguida
se rinde porque educar bien resulta cansador.
En
guardia
Durante
la adolescencia van a prodigarse las situaciones que requieren con urgencia una
conversación seria. Ahora, cualquier fin de semana puede llegar Maria Jose
a altas horas de la noche, y con claros síntomas de un "alegre"
carácter; o podemos enterarnos, por boca de unos amigos, que nuestro Francisco
es un habitual de los novillos; o quizás sospechemos que Laura está
saliendo con un tío flipante, buenísimo y con fama de ligón....
a sus quince años.
Son
ocasiones que requieren una acción decidida por nuestra parte. Y en estos
momentos pueden entrarnos dos tipos distintos de miedos razonables e igualmente
desastrosos:
-
"No es para tanto; pobre hijo". Por un paternalismo mal entendido podemos
creer que nuestra tarea consiste en evitar contrariedades a nuestro hijo, y de
lo que se trata es de educar a una persona libre y responsable.
-
"Si le echo un sermón, perderé su confianza". Y sin embargo,
necesitan y esperan nuestra autoridad, como dice Vallejo-Nájera: Por ejemplo,
imagina que tu hijo está en medio de un cuarto extraño y oscuro.
Siente el impulso de moverse, de explorar el terreno. Sabe que hay paredes, límites,
sólidos; y le gusta que esa solidez exista. Cuando a ciegas se topa con
alguno de los muros, se golpea y le duele el orgullo. Pero es el único
peligro que corre. En cambio, sin límites, sin paredes, podría caer
el vacío y destrozarse horriblemente.
Enterarse
bien
El
primer paso, de todas maneras, consiste en informarse bien tanto de lo que ha
sucedido, como de si ha ocurrido o no.
Algunas
"terribles borracheras", sospechadas por el olor del aliento y de la
ropa, pueden quedarse en un simple vaso de vino o cerveza caÍdo por casualidad
en sus ropas.
Sin
exageraciones, pero sobre todo sin ingenuidades, hemos de conocer los detalles
antes de hablar con nuestro hijo. Son los amos de las excusas, de las coartadas
y de
las interpretaciones, y tienen una capacidad infinita para la autojustificación.
Saber
qué decir
Los
padres sagaces han de tener muy calculado, desde el principio, su plan de acción.
Por eso, hay que hablar mucho entre el matrimonio, especialmente si se trata de
un
tema importante. Hay que estudiar bien el caso para no dejarse llevar por la improvisación.
Saber lo
que queremos decir al hijo, y por eso quizá sirva el escribir en una hoja
lo más importante para que no se nos olvide por los nervios, para decir
exactamente lo que tenemos que decir y no lo que inspire nuestro estado de ánimo
en ese momento.
Hemos
de ser prevenidos, porque hablar con un adolescente es lo más parecido
a una montaña rusa: vamos de aquí para allá y, a veces, es
difícil incluso evitar la discusión.
Saber escuchar
Escuchar
con eficacia es todo un arte que pocas personas saben llevar a la práctica.
La mayoría de los padres queremos mitigar los golpes que la vida puede
causar a los
hijos. Nos hacemos cargo de los problemas que atañen al
adolescente, intentamos ayudarle.
Adelantándonos
a cualquier desenlace fatal, hablamos, advertimos, damos consejos, prohibimos,
juzgamos... pero solemos tener poca paciencia para escuchar. Igual de
importante
tiene en estas conversaciones el saber qué decir, como el escuchar, dejar
hablar a nuestro hijo, que explique sus opiniones y puntos de vista.
Al
hablar con alguien, el adolescente necesita oírse a sí mismo hablando
en voz alta. El objetivo consiste en ayudarle para que exprese su frustración,
angustia o miedo. Y para eso, hay que evitar las interrupciones con comentarios,
consejos o preguntas.
Llegar
al fondo
Estas
conversaciones requieren de nuestra parte que nos arriesguemos a oír de
todo. Una confesión puede ser un duro golpe: ¿Estamos dispuestos
a oír de todo? Por
eso, conviene tener previsto qué hacer después.
Pensemos que entonces es cuando se nos presenta la mejor oportunidad para ayudar
a nuestro hijo, pues cuando se atreve a
expresar su preocupación es
porque ha jugado con fuego, pero no aguanta el calor.
Hay
que ser hábil para que la comunicación fluida no decaiga, por miedo
nuestro o por verguenza suya, pero al mismo tiempo, los padres debemos saber orientar,
proporcionar
claves.
Si
se trata de un mensaje de los que nos dejan envueltos en un sudor frío,
lo primordial es conservar la calma. Hacerlo resulta muy difícil, pero
enormemente útil. Sólo la
calma permite encontrar la respuesta
más adecuada.
Para
pensar:
-
Debemos prestar una especial atención al desarrollo afectivo de las personas
puesto que, como ha señalado Alasdair Macintyre, una buena educación
es, entre otras cosas, haber aprendido a disfrutar haciendo el bien y a sentir
disgusto haciendo el mal. Se trata, por tanto, de aprender a querer lo que merece
ser querido.
-
La educación sentimental tiene mucha relación con la educación
de la virtud. Por ejemplo, la envidia, el egoísmo, la crueldad, o la pereza,
son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de una
adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen la correspondiente
virtud.
-
Educar los sentimientos es algo importante, seguramente más que enseñar
matemáticas o inglés, pero...¿quién se ocupa de hacerlo?
Si se desentienden la familia y la escuela, y luego uno mismo tampoco sabe bien
como avanzar en ese camino, la formación del propio estilo emocional acabará
en gran parte en manos de las circunstancias, la moda o el azar.
-
Advertir cómo estamos emocionalmente es el primer paso hacia el gobierno
de nuestros propios sentimientos. Las personas que perciben con verdadera claridad
sus sentimientos suelen alcanzar una vida emocional más desarrollada. Son
personas más autónomas, más seguras y más positivas.
-
Es posible, al tomar conciencia de los verdaderos sentimientos que pugnan por
salir a la superficie de nuestra conciencia, evaluarlos con mayor acierto, decidir
dejar a un lado
unos y alentar otros, y así actuar sobre nuestra visión
de las cosas y nuestro estado de ánimo. En esto se manifiesta, entre otras
cosas, que somos seres inteligentes.
Quien se conoce bien, puede apoyarse en sus propios puntos fuertes para actuar sobre sus puntos débiles, y así corregirlos y mejorarlos. Es como una intensa luz que ilumina sus vidas y les permite desenvolverse con acierto a la hora de tomar decisiones, tanto las más sencillas de la vida diaria como las verdaderamente importantes.