





El hábito de estudio en la adolescencia
Por: José Antonio
Alcázar.
Fuente: Edufam.
Con la llegada de la pubertad, el adolescente se preguntará por primera
vez qué significa para él el trabajo, y si sus estudios son realmente lo que deberían
ser.
El ejemplo de los padres, junto con un mayor sentido de la
libertad y la responsabilidad, han allanado el camino para llegar hasta aquí.
Sin embargo, el ejemplo no es lo único.
El esfuerzo personal es insustituible.
Debemos seguir exigiendo, aunque esa exigencia ahora deba ser razonada de distinta
manera.
No puede tratarse el tema del estudio, o del abandono de éste,
durante la adolescencia sin hablar ya del trabajo.
Ahora lo importante
no son sólo los hábitos de estudio (la adquisición de la laboriosidad y la capacidad
de esfuerzo debió comenzar mucho antes, alrededor de los siete años), sino la
motivación y la actitud que se tenga ante el estudio:
La educación del
adolescente se debe orientar al hacer-pensar, para que pueda hacer suyos los valores
familiares que se le han transmitido.
Capacidad intelectual
Durante la adolescencia, los jóvenes tienen capacidad para un esfuerzo intelectual
continuado, y aún para el extraordinario.
Sin embargo, buscan inmediatez
en los resultados y les falta la planificación y el orden necesarios para desarrollar
hábitos de estudio diario.
Utilizan insuficientemente las técnicas de
trabajo intelectual y suelen poner su empeño en memorizar más que en comprender,
buscando esforzarse menos.
Suelen estar poco interesados por cuestiones
culturales y no ven su trabajo como servicio a la sociedad. Necesitan ayuda para
planificar su trabajo y supervisión y estímulo constantes para conseguir el hábito
de estudiar a diario.
Interesa fomentar las aficiones culturales, más
centradas en el desarrollo de su inteligencia y de su sensibilidad (lecturas,
hacer teatro, asistir a representaciones, charlar de estos temas, realizar revistas...).
Aparece la capacidad de ilusión, en virtud de la cual remontamos las dificultades.
Es una ilusión distinta a los meros intereses concretos que tenían cuando eran
niños.
Por eso, es en la adolescencia cuando interesa profundizar en
el sentido del esfuerzo y del trabajo, transmitiendo ideales por los que valga
la pena esforzarse.
Paciencia y exigencia
Los educadores
-padres y profesores- deben vivir e inculcar en el adolescente la necesidad de
la paciencia, ya que las cualidades se desarrollan poco a poco.
Hay
que enseñarle a que tenga paciencia consigo mismo y con lo que le pasa, especialmente
en los "malos ratos", con los que también se aprende y se madura.
No
conviene fomentar su impaciencia exigiendo minucias o cosas accidentales, queriendo
arreglarlo todo a la vez, o destacando sólo lo negativo.
La exigencia,
para lo fundamental: estudio, generosidad, respeto a los padres, hermanos, profesores
y compañeros, etc.
No olvidemos que no están en condiciones de dar mucho, ya que en esta etapa su rendimiento, en todo lo que suponga esfuerzo personal, disminuye.