





Los
hijos en el verano: de vacaciones, ¿solos?
Uno de los puntos que más duele a la integridad familiar, es el quiebre que se produce en la convivencia del tiempo de descanso, en el sentido de separarse los hijos de los padres o bien, cuando las vacaciones de grupo coinciden con las familiares.
Fuente: Padres OK
Cuando
Felipe (12) pidió permiso para ir de campamento con su curso, la respuesta
de sus padres fue rotunda: "NO".
Sus dos hermanos, de 17 y 20, habían vivido esa experiencia y ahora a él se la negaban.
El motivo era comprensible, aunque no del todo justificable. El hijo del medio, tres meses después de uno de esos "paseos", había anunciado su pronta paternidad.
Muchos de los padres que se enfrentan a este tipo de situaciones temen que les ocurra algo similar, que suceda algún accidente mientras ellos están lejos o que, simplemente, su hijo no esté preparado para este tipo de actividades. Sin embargo, en la mayoría de los casos se trata sólo de un miedo natural al "despegue" de los hijos.
La psiquiatra infanto juvenil de Clínica Las Condes, Flora de la Barra, explica que a esta edad los niños necesitan tener actividades que favorezcan su desarrollo e integración con el grupo de pares.
"Tanto la mamá como el hijo deben aprender a despegarse uno del otro y la mejor manera de lograrlo es viviendo este tipo de experiencias".
Para ello, agrega, debe existir la certeza de que los objetivos de la organización son positivos para el desarrollo del niño y que la supervisión y guía esté a cargo de un adulto que sustituya momentáneamente a los padres, con responsabilidad y respeto.
El momento apropiado
Juan Carlos cuenta que durante los días que duró el paseo de su hija, él y su esposa estuvieron muy preocupados. Se comunicaban dos veces al día con ella y no paraban de repetirle lo que habían tratado de inculcar toda una vida, como no hablar con desconocidos, dar aviso a algún adulto en caso de emergencias, no alejarse del grupo, no hacer algo de lo que pudiera arrepentirse, etc.
A su regreso, la niña estaba muy agradecida por la experiencia adquirida, cansada por las actividades físicas que realizaron y un poco quemada por el sol... pero lo más importante: estaba feliz.
Según la psiquiatra, a esta edad todos los niños deberían estar preparados para enfrentar nuevas situaciones en forma independiente de sus padres.
Sin embargo, es común encontrar adultos que no quieren aceptar la separación temporal de un hijo por miedo al sentimiento de soledad o la creencia de que no han entregado las herramientas suficientes al niño para poder desenvolverse por sus propios medios.
"Lo importante es vencer esos miedos y motivar al hijo para que se embarque en la actividad y se quede, sin problemas, hasta que esta finalice", señala Flora de la Barra.
No obstante, no a todos los papás les parece que sea así.
Pedro Sepúlveda, padre de tres hijos entre 2 y 13 años, le negó el permiso a su hija mayor.
"Siempre he conversado con ella y lo que más le he recalcado es que todo tiene su tiempo y edad. Está en una etapa muy linda de la vida y debe disfrutar lo que le queda de niñez. Le falta mucho por aprender y aunque confío en ella, creo que todavía no es el momento".
Ésta también es una postura válida, pues cada familia tiene sus propias percepciones acerca de lo "bueno" o lo "malo", y los padres son los más indicados para evaluar cada caso y decidir qué es lo más correcto para sus hijos.
Nuevas experiencias
Uno de los puntos que más duelea la integridad familiar, es el quiebre que se produce en la convivencia del tiempo de descanso, en el sentido de separarse los hijos de los padres o bien, cuando las vacaciones de grupo coinciden con las familiares.
"La primera vez que mi hija me pidió permiso me sentí muy raro y confundido, estaba como entre la espada y la pared porque nosotros como familia no estábamos acostumbrados a este tipo de cosas y siempre salíamos juntos. Pero era una actividad del colegio, y a esa edad los chicos no quieren ser diferentes a los demás", señala Juan Carlos.
Sin embargo, este tipo de inconvenientes tiene muchas vías de solución. La doctora de la Barra, recomienda en primer lugar planificar muy bien las fechas, para que el niño pueda disfrutar tanto con sus pares como con su núcleo familiar.
Además, se debe realizar un proceso de preparación previa en el que se les indique todo lo que pueden hacer y lo que no, se les pregunte qué expectativas tienen y si tienen algún temor o duda frente a lo que pueda ocurrir.
Mientras dure el paseo, y si el tiempo y las condiciones lo permiten, se puede mantener contacto por teléfono o incluso, en algunos casos, visitar el lugar en que se encuentra el niño, siempre que sea adecuado. A su regreso, es recomendable conversar respecto a la experiencia vivida, siempre y cuando el joven esté de acuerdo y quiera hacerlo.
De esta manera, lo que parecía ser un ente destructor de la convivencia familiar puede transformarse en una instancia de enriquecimiento y diálogo, que será más o menos provechosa dependiendo del clima de confianza que se haya construido en cada hogar.
Recomendaciones para los papás
- Procure participar en la preparación de la actividad, ayudando al niño a reunir todo lo que necesita o poniéndose a disposición del grupo de organización.
- Conozca a los adultos responsables, a los amigos de sus hijos y mantengan un contacto regular.
- Deje un teléfono o lugar donde se le pueda ubicar en situaciones de urgencia, y solicite el de la persona a cargo.
- Si el paseo es con la familia de un amigo o compañero, reúnase con los padres y conversen sobre los temas domésticos y recomendaciones generales.
- Entregue algo de dinero al niño para ser utilizado exclusivamente en caso de emergencia.
Recomendaciones para los niños
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No hablar con extraños.
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Respetar a la persona que va a cargo.
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No exponerse a situaciones de riesgo.
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Si es posible, llevar un teléfono celular.
- Si extraña mucho a los papás, avisar a la persona responsable para que éste se contacte con ellos.