Volver al colegio, el mejor panorama de marzo


¿Cómo conseguir que la palabra "lata" desaparezca del vocabulario escolar y los niños empiecen felices y motivados las clases?

Sicólogos, sicopedagogos y profesores enseñan a despertar el entusiasmo por lo aprendido, enumeran los hábitos que no deben faltar en la vida escolar y dan ideas para el trabajo en la casa.


Los hermanos adolescentes insisten en que volver al colegio es lo peor que les puede pasar y la mamá lo despide la primera mañana de clases con cara de "pobre-otra-vez-a-encerrarse-a-la-cárcel-por-un-año".

¡Realismo, por favor!, clama la sicóloga Mónica Larraín. Y para fundamentar que no es para tanto, calcula trabajo y descanso en números: 180 días al año va al colegio, 185 NO va al colegio.

De 7 y media horas de asistencia diaria, no más de seis son de clases (el resto es recreo) y una hora promedio de estudio en casa.

Conclusión: cada niño dispone de unas nueve horas al día para hacer otra cosa, no relacionada con el estudio.

Por lo tanto, lo primero es NO sentir pena por el niño.

Tampoco decirle que va a una fiesta. "Uno oye a las mamás en el supermercado, en la época de verano cuando están comprando útiles, que le dicen a los niños "con estos lápices vas a hacer cosas maravillosas", las mamás le pintan un cuento estupendo. Y por otro lado, los hermanos se encargan de asustar y hacer aburrido el colegio", comenta Silvia Navia, psicopedagoga del Colegio Cantagallo.

Ni tanto ni tan poco. La psicopedagoga da el tono adecuado: "mira, tú vas a ir al colegio a aprender, descubrir, a inventar cosas nuevas, a jugar, vas a conocer amigos y profesores nuevos, pero no pintárselo como algo mágico".

Aprender ¡es fascinante!

Resulta muy difícil transmitir algo de lo que no se está convencido. Por eso, lo primero es que los papás descubran lo fascinante del aprendizaje: que expande, que hace crecer.

Por supuesto, eso no significa que todas las clases sean entretenidas. Pero en la mayoría hay algo que aprender. Y siempre, en todos los colegios, hay una cuota de profesores buenos, en cuyas clases los niños van a pasarlo bien.

Cuando el niño llegue diciendo que el colegio es una lata, es el momento de abordar el tema desde otra perspectiva: ¿En qué clase aprendiste algo nuevo? Puede ser la forma de cambiar la entrada al tema.

Según la sicóloga Mónica Larraín, el niño se motiva cuando atiende a tres tipos de metas:

1.- Sociales: de inserción, de compartir con otros niños.

2.- Aprendizaje: cuando conoce algo nuevo.

3.- Desempeño: rendir, sacar una buena nota, ganar.

De estos tres factores, siempre hay algo en cada día de clases.

Tambien es importante enseñarle a valorar lo que ha aprendido: "Tú sabes ya utilizar el computador, ¿le puedes enseñar a tu hermano chico?".

Otra posibilidad para aumentar el valor de lo estudiado es transformar en "temas de la hora de comida" aquello que han aprendido en clases. Por ejemplo, un miembro de la familia tiene un brazo fracturado y otro de los niños ha aprendido el sistema óseo en clases ¿qué mejor que él intente explicarlo?, propone la sicóloga.

El trabajo ¡no es una maldición!

Hay trabajos entretenidos y otros no tanto, pero, a juicio de la sicóloga Larraín, enseñar a los niños a valorar el trabajo es muy importante. Cocinar, hacer el aseo, hacer las tareas, no tiene porqué ser aburrido.

Y el lema debe ser "trabajo mandado, trabajo hecho". No importa si hoy es lunes y el trabajo es para el jueves. Vendrán nuevos trabajos el martes y el miércoles y, para el jueves, el niño estará agobiado, si no ha hecho las cosas a tiempo.

Hacer el trabajo siempre en un mismo lugar no es un fin en sí mismo. Pero es un medio muy eficaz. Es especialmente traumático que el niño haya invertido toda la tarde del martes en hacer un lindo dibujo y, cuando lo va a entregar, se acuerde que quedó...bajo la cama de los papás.

De ahí la importancia del orden: te hace más eficiente. "Esto compadre, te conviene", es el mensaje que la sicóloga aconseja trasmitirle a los niños, y de paso ahorrarle ansiedades que son perfectamente evitables.

Por eso, es fundamental empezar con los buenos hábitos desde el primer día.

Metas, premios y castigos

Encontrar la motivación por el estudio en sí mismo y no por factores externos es el objetivo final. Pero, en el camino, las sicólogas, sicopedagogas y profesoras aceptan que se puede premiar.

"Yo veo que la etapa escolar es la oportunidad que uno tiene para aprender sobre la vida, te enseña a salir adelante, a relacionarte con los demás, a pasar las penas. Pero hay casos puntuales, como cuando uno quiere lograr una modificación de una conducta, en que se puede premiar", comenta Macarena Lería, coordinadora del Colegio "Cumbres".

Premios sí, pero muy chicos: un helado o una Coca Cola, acepta Silvia Navia, del Colegio Cantagallo. Y reforzando el porqué: "Tú hiciste esto tan bien y yo sé que te costó un montón, así que vas a salir solo con el papá a tomarte una súper Coca Cola para celebrar. El premio tiene que ser más afectivo, más interior".

Dejar claro, eso sí, que el premio es para quien hizo el mérito y no para los hermanos, que no pueden ir "de colados".

Tampoco ofrecer grandes premios, como viajes a Disney, "porque a los 18 años vas a tener que regalarle un jet", comenta la psicopedagoga.

Premiar con algo extrínseco, a juicio de la sicóloga Mónica Larraín, es hacerles perder el norte: es fundamental que aprendan a sentir la satisfacción del orgullo por el trabajo bien hecho y no descentrarlos de lo fundamental.

Pero, para iniciar una conducta, acepta que es un recurso válido. "Es sólo una primera motivación, para que el niño descubra lo bueno de la conducta". Por ejemplo, comprarle nuevas figuritas para el álbum cada vez que anote las tareas.

Sin embargo, la sicóloga relata un experimento efectuado en Estados Unidos, que da cuenta de la poca utilidad de los premios: a dos grupos de pequeños se les ofreció papel y lápices. A uno se le premió por cada dibujo pintado. Al otro, nada. Tiempo después, se sentó a los mismos grupos, con diversos materiales para jugar.

El grupo que fue premiado por pintar, pintó menos. Y la conclusión de la sicóloga es la siguiente: "Cuando se le da un premio extrínseco, haces difícil que el niño descubra cuán motivante es el acto en sí mismo".

Los hábitos no son lo principal, pero ¡cómo ayudan!

Estos son los hábitos que, a juicio de Silvia Navia, sicopedagoga del Colegio Cantagallo, es importante empezar a cultivar:

1.- El primero y más básico es el orden.

2.- El respeto, el saberse tratar entre ellos y escuchar.

3.- La limpieza: si va a hacer algo, no puede hacerlo con las manos sucias.

4.- Hábitos de alimentación: que sepan comer a las horas que corresponde, que eviten las mañoserías.

5.- Que exista el descanso. Que, además de estudiar, tengan tiempo para distraerse.

6.- Hábito de estudio. Hay que trabajarlo desde el primer día de clases. Tener un horario, un lugar estable de trabajo, los materiales

necesarios a mano y un ambiente adecuado para estudiar (sin hermanos viendo televisión u oyendo radio).

El trabajo en casa

Tras llegar a la casa y almorzar o tomar té -dependiendo de la jornada escolar- hay que abrir la agenda –es un buen hábito que el niño aprenda a registrar sus obligaciones- y organizar el trabajo. Se recomienda un tiempo de estudio y luego uno de descanso. Si no se alcanzan a terminar, volver al estudio luego del descanso.

La cantidad de estudio depende del curso, la edad del niño y el nivel de exigencia del colegio.

Pero, en términos generales, se puede dividir así:

Primer ciclo (1º a 4to. básico): debe ser responsable de anotar sus tareas. Un niño de 4º básico puede ser capaz de preparar solo los controles cortos, aunque una prueba más grande requiere de la supervisión de un adulto (al menos que lo interroguen sobre lo aprendido).

Segundo ciclo (5to. a 8vo. básico): muchos de los logros obtenidos en la primera etapa se ven desestabilizados porque los niños comienzan una nueva etapa, donde los intereses están dirigidos hacia otro lado (hablan mucho por teléfono, están preocupados de los panoramas de fin de semana, la radio, etc). Se debe volver a retomar los hábitos de los primeros años, reiterarles la necesidad de organizar el tiempo de estudio y hacer un repaso rutinario diario. Una alumna de 8vo. básico debe ser capaz de enfrentar el estudio en forma autónoma, con responsabilidad.

Tercer Ciclo (Enseñanza Media): deben estudiar en forma autónoma, sistemática y responsable.

Eso sí, durante toda la etapa escolar, independiente del curso al que el hijo asista, los padres deben estar presentes. Aún cuando los hijos sean responsabilísimos, tienen que interesarse y preguntarles.

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