





Tiempo
de intimidad
Es una pena que una aventura y un proyecto que empezó bien -un noviazgo que terminó en matrimonio y unos hijos que son expresión tangible del amor- se pueda venir abajo "por no tener tiempo".
Por: José Luis Mota
Garay.
Fuente: Edufam.
"Enrique y yo hemos hecho un curso de orientación familiar.
Aparte de que me ha gustado mucho el tipo de sesiones –muy participativas y que
te obligan a pensar-; lo más importante es que nos hemos decidido a buscar un
tiempo para nosotros que nos permita, no sólo hablar de los hijos, sino también
pensar juntos, como hacíamos cuando éramos novios" (La mujer después de cinco
años de matrimonio).
Muchos matrimonios, quizá por las exigencias de
su trabajo y de sus responsabilidades familiares, parece que nunca tienen tiempo
para encontrar ese rato de tranquilidad del que habla Irene, la mujer de Enrique;
y, sin embargo, lo necesitan.
Es importante encontrar ese tiempo que
debe estar dedicado a imaginar o intuir, pensar o razonar, acerca de uno mismo,
de las personas que nos rodean, empezando por las de la propia familia, o del
mundo al que se pertenece.
Sin tiempo, ni la mujer ni el marido tienen
la oportunidad de encontrarse con ellos mismos, enriquecer su mundo interior y
cultivar su intimidad.
Si no consiguen ese tiempo no podrán ofrecer algo
"que valga la pena" a la pareja o a los hijos.
Este pensar -imaginar,
intuir o razonar- también suele hacerse muy a gusto "en compañía". En algunas
ocasiones puede ser que, la necesidad de hablar de uno de ellos, le lleve a pensar
en alta voz, en cuyo caso el otro se convierte en un interlocutor válido, alguien
que escucha con afecto e interés, y que, en el momento oportuno, se hace presente
con una intervención acertada.
Los dos aspectos más destacados que,
a mi entender, se han incorporado a la cultura familiar en la segunda mitad del
siglo XX son: la comunicación entre los cónyuges y la confianza padres-hijos.
Si alguien pensase que nunca ha habido tantos matrimonios rotos, ni tanta
incomprensión entre padres e hijos, habría que decirle que, casualmente, es porque
en esas familias no se han alcanzado los niveles de comunicación y diálogo que
en estos momentos se exige.
Se ha de lograr como sea, en esta época nuestra,
ese tiempo de intimidad; aún en contra del trabajo cuyas exigencias llegan a ser
desorbitadas en la actualidad.
La familia es una comunidad de vida y
de ilusiones, que está hilvanada por el afecto, por el amor.
Y es una
pena que una aventura y un proyecto que empezó bien -un noviazgo que terminó en
matrimonio y unos hijos que son expresión tangible del amor- se pueda venir abajo
"por no tener tiempo".
Se necesita tiempo: para jugar y divertirse
con los hijos, para leer y enriquecerse por dentro, para gozar juntos de la naturaleza
y del aire libre... También se necesita tiempo para conversar, ir al cine o ver
la televisión juntos. Pero, sobre todo, hace falta tiempo para conseguir esa comunicación
que la pareja necesita para cultivar su intimidad: que exige darse y que permite
completarse al descubrir la personalidad del otro.