Maternidad postergada


La ciencia, a través de los adelantos en la biogenética, ha dado falsas expectativas a muchas mujeres respecto del manejo de su fertilidad.


Fuente: Chile Unido

Nancy Weil, de 44 años, siempre supo que deseaba tener hijos, pero nunca se le presentó el momento oportuno. Entre los 20 y los 30 estaba demasiado ocupada en su carrera profesional. Cuando a los 42 años conoció al "hombre de su vida" y decidió que era hora de ser madre, la naturaleza le pasó la cuenta. Después de dos años de intentos, el resultado fue un aborto espontáneo y 3.300 dólares mensuales en inyecciones. Ahora piensa que nadie le dijo que esto podía suceder.

Poco se dice de los problemas que lleva tras de sí postergar demasiado la maternidad. Más bien, siempre se mostró como el ideal para la mujer, ya que de esta manera podía primero desarrollarse y ser exitosa en lo profesional (y por ende ser "feliz") y después, si quería, podía optar por ser madre.

La ciencia, a través de los adelantos en la biogenética, ha dado falsas expectativas a muchas mujeres respecto del manejo de su fertilidad. La fertilización in vitro, la donación de espermios, el arriendo de úteros, la maternidad sustituta, etc., son algunos de los elementos que han hecho pensar a las mujeres que pueden ser madres en cualquier momento, bastando con sólo desearlo.

Las consecuencias éticas, médicas y legales de los llamados "hijos probeta" -los hijos de donantes anónimos de espermios y los hijos sin padres conocidos- son enormes y aún desconocidas para la mayoría, pero poco a poco están demostrando que no todo lo científicamente posible es humanamente razonable y bueno para la sociedad.

Introducción

La Sociedad Estadounidense de Medicina Reproductiva (SEMR) (1) está realizando una campaña publicitaria cuyo título es: "Una edad avanzada disminuye su capacidad para tener hijos", que consiste en anuncios publicitarios especialmente llamativos. Uno de ellos es el siguiente: un dibujo de un biberón invertido con forma de reloj de arena; junto a él, una frase que invita a la reflexión: "Las mujeres de entre 20 y 30 años tienen más probabilidades de concebir".

Puede parecer un mensaje obvio, pero hoy en día no se puede dar nada por supuesto. La sociedad moderna vive en el mito del "eterno progreso", que hace confiar en que los avances científicos y técnicos podrán resolver cualquier problema de nuestra vida.

Continuamente se lee en los periódicos que mujeres en torno a los 40, después de una vida cosechando éxitos, se deciden por la maternidad. Y observamos sus rostros sonrientes junto al de rosados bebés. Annette Bening, Jane Seymour, Jodie Foster, Madonna... no son treintañeras (2). Pero pocas admitirán haber recurrido a tratamientos de fertilidad, fecundación in vitro e incluso a madres de alquiler.

¿Por qué esta campaña?

Según el doctor Michael Soules, presidente de SEMR, constituye una obligación para este grupo de profesionales de la salud informar al público acerca de los riesgos de postergar demasiado la maternidad, pensando que la ciencia tiene la solución para todo, cuando en los hechos ello no es así. (3)

Los especialistas que se preocupan por colgar tales anuncios en la calle, se muestran alarmados por este falso sentido de seguridad de sus pacientes, que se desploman al descubrir que la biología ha decepcionado sus expectativas, y deben enfrentarse al drama de la infertilidad.

Al fin y al cabo, hay verdades inmutables: se nace con un número limitado de óvulos, cuya calidad genética y viabilidad se reduce con la edad. Para la mayoría de las mujeres, la fertilidad comienza su inexorable declive al inicio de los 30, tiene una gran caída a los 35, y se precipita a los 39. A partir de ahí, prácticamente desaparece.

En los Estados Unidos, el nacimiento de los primeros hijos de mujeres entre los 30 y 40 años se ha cuadruplicado desde 1970. Sin embargo, solamente el 2% de los niños nacen de madres mayores de 40 años. Cifras que son poco conocidas y menos difundidas, en especial cuando existe toda una industria de muchos millones de dólares que vive de las técnicas de reproducción artificial de los hijos.

Estereotipo de mujer exitosa

La mujer del siglo XXI se enfrenta a un estereotipo de "súper mujer" que debe tenerlo todo a cualquier precio: éxito profesional, bienes materiales, matrimonio, hijos, salud física, belleza, etc.

Todo esto la somete a una presión social por alcanzar ese estereotipo, lo que en muchos casos la lleva a postergar la maternidad más allá de lo aconsejable, para así alcanzar primero el tan ansiado éxito económico y profesional, y después de ello ser madre.

La televisión y el cine, por su parte, se han encargado de mostrar una generación de mujeres, las llamadas "single mothers" (madres solteras), aparentemente muy modernas, es decir, con una carrera profesional exitosa, que no necesitan un marido, ni siquiera una pareja estable para formar familia y que en un momento dado de su vida, pasados los treinta y tantos, deciden que están un poco solas y que les gustaría tener un hijo.

Para ello recurren a la fertilización artificial con un donante de espermios anónimo, en algunos casos, o un amigo que se presta para esto, pero que no quiere por ningún motivo ser padre, en otros.

Más aún, también pueden optar por contratar una madre de alquiler, es decir, una mujer a quien se le implanta el óvulo fecundado artificialmente, de la madre, y que arrienda su útero para que ese niño pueda gestarse y crecer durante su desarrollo fetal, con la obligación de entregarlo a "la madre" una vez nacido. Todo ello sin que esta última pierda su figura, deje de trabajar, etc.

Y la situación es peor aún si a lo anterior se suma la existencia de una verdadera campaña llevada adelante por ciertos sectores extremadamente ideologizados, que difunden que la familia y el matrimonio únicamente imponen costos, y que la maternidad no sólo achata a la mujer sino que, como lo han señalado algunos grupos feministas, "la maternidad es la esclavitud de la mujer".

Y además está el hecho de que el divorcio normalmente deja a la mujer sola y con hijos, en una situación de mayor dificultad económica y muchas responsabilidades. No parece extraño, entonces, que la maternidad se esté postergando para edades en que resulta más difícil que ella se produzca naturalmente, y donde ni la ciencia puede ayudar satisfactoriamente.

Efectos de postergar la maternidad

Aun cuando es un hecho que muchas mujeres, principalmente en los países desarrollados, están retrasando su maternidad, principalmente por su incorporación al mundo laboral y por la falta de compromiso en una relación de pareja estable, cuando se realizan campañas como las del SEMR, a muchos les molesta esta evidencia de que la edad es un factor de riesgo al momento de planificar un embarazo y que por ende existe un porcentaje importante de mujeres que no lograrán tenerlo. Este es un paso más para comenzar una larga, agotadora y costosa empresa para poder tener hijos, que no se encuentra exenta de complicaciones.

Los problemas que pueden afectar a la madre no son pocos: aumentan las probabilidades de abortos espontáneos; crecen de 2% a 8% las posibilidades de desarrollar la llamada diabetes gestacional, que se produce sólo durante el embarazo; al momento del parto, si se trata del primer hijo, aumentan las probabilidades de que se deba realizar una cesárea (los datos en Chile al respecto son de un 23% de cesáreas en general y de un 43% en el caso de mujeres mayores de 40 años).

Así, se tiene también que después de los 40 años aumenta el riesgo de nacimientos de niños con Síndrome de Down, siendo de 1% a los 40 años, de 2% a los 43 años y de 3,3% a los 45 años.(4)

Recientemente se han conocido algunos estudios en relación con los riesgos de la fertilización in vitro. La última edición de la revista médica "The Lancet" (5) publicó un estudio sueco que probó una mayor incidencia de problemas cerebrales en los niños concebidos según técnicas de fertilización in vitro (IVF). Padecen desórdenes cerebrales severos que requieren tratamiento en centros especializados para niños discapacitados.

Bo Strömberg, un neurólogo y pediatra del Hospital University Children, y sus colegas, encontraron que los niños concebidos en IVF tienen entre tres y cuatro veces más posibilidades de padecer algún tipo de parálisis cerebral.

El riesgo de retardo mental es entre dos y cuatro veces mayor en los niños inseminados artificialmente que en los niños concebidos normalmente. El estudio también señaló que los niños concebidos por IVF presentan una mayor tendencia a padecer severos problemas visuales que la población en general.

A pesar de estos riesgos, y procurando dar solución a un problema que para muchas familias y mujeres puede ser muy angustioso, las clínicas de fertilización in vitro siguen aumentando y moviendo grandes cantidades de recursos.

En un artículo del New York Times se hacía notar que desde 1995 hasta 1998, el año más reciente del que se tienen datos, los tratamientos de fertilización in vitro aumentaron en un 37%, de unos 59.000 pasaron a unos 81.000, y el número de clínicas subió un 28%. Esto significaba mover $1.000 millones de dólares al año. (6)

Otro aspecto no menor en esta carrera por la maternidad es el que dice relación con los efectos en los hijos. Muchos de ellos nacen y se educan sin conocer a su padre. El aumento en la utilización de la fertilización in vitro está dando como resultado un creciente número de niños aislados de uno o de los dos padres biológicos.

En algunos casos descubren que su padre biológico es un donante anónimo y ellos quisieran conocerlo o saber más de él. El caso de una joven de 18 años de edad, concebida por inseminación artificial, que quería conocer a su padre biológico por iniciativa propia, ha despertado en Estados Unidos el interés por el profundo drama de los llamados "bebés probeta".

Claire, cuyo apellido y residencia permanecen en reserva, será la primera persona concebida por una técnica de fecundación asistida que conocerá al hombre que donó el esperma para su fertilización.

La joven, nacida en California, decidió conocer a su padre biológico para aclarar las dudas que la asaltan desde hace mucho tiempo sobre su identidad y su origen. "Siento que tengo lazos con mi padre biológico. Siempre he sentido eso", afirmó la joven.

El caso de Claire es privilegiado, pues la mayoría de personas concebidas por inseminación artificial nunca conocen a sus progenitores porque éstos fueron donantes anónimos. Según varios expertos, el drama de las personas inseminadas en un laboratorio es muy duro y son frecuentes los problemas psicológicos, de inseguridad e identidad.

Claire podrá conocer a su padre porque fue concebida después que el Banco de Esperma de California se convirtiera en 1983 en el primero en Estados Unidos en preguntar a los donantes si estarían dispuestos a ser contactados por sus hijos biológicos cuando éstos llegaran a la edad adulta. (7)

Hasta antes de que se permitiera conocer al padre donante de espermios, el anonimato estaba protegido legalmente por lo que el drama de estos hijos es aún mayor. (8) Uno de estos casos que se conoce es el de Melissa, quien se enteró a los 32 años de que había sido concebida gracias a una donación de esperma. Ahora quiere encontrar a aquel que es realmente su padre.

Otro caso es el de Christine, con 46 años, quien se enteró sólo hace una década de que su padre verdadero era otro. La madre de Christine le descubrió el secreto pero rechazó darle más detalles, hasta hace cinco años. Una vez que Christine supo que era el resultado de un programa de inseminación con semen anónimo, ella y su madre no se volvieron a hablar.

Su madre murió hace seis meses. La inseminación de donantes "me ha robado la mitad de mi historial genético, y a mis hijos y nietos también", afirma Christine.

Este tipo de problemas está aumentando. Casi 18.000 niños han nacido gracias a donaciones de esperma y óvulos en el Reino Unido desde que ésta se reguló en 1991 con la Human Fertilization and Embryology Authority.

El asunto del anonimato de los donantes también existe en Australia. Una mujer de 19 años de edad de Brisbane ha llegado incluso a la Corte Suprema británica para tratar de obligar a la Harley Street Clinic, donde fue concebida, a que le permita acceder al archivo de su padre biológico. En Sydney, los hijos de donantes de esperma han formado el Donor Conception Support Group. Afirman que quieren saber quiénes fueron sus padres.(9)

En Australia, los donantes de esperma han sido padres de entre 10.000 y 15.000 niños. Estos hombres, que hicieron su donación de manera anónima, afirman que ellos no tienen responsabilidades legales o emocionales hacia ningún niño y que su confidencialidad debe mantenerse.

No sólo sufren los hijos y las mujeres. Hay que tener en cuenta además los problemas legales. En enero, un tribunal sueco confirmaba una sentencia precedente, según la cual un hombre de 35 años, que había donado privadamente esperma a una pareja de lesbianas, es el padre legal de tres niños y debe sostenerlos económicamente.

Anna Bjurling, la madre de los niños, pidió a Igor Lehnberg que pagase el sostenimiento de sus hijos, después de que la relación con su pareja terminase el año anterior. En diciembre, un tribunal administrativo provincial sentenció a su favor y ordenó a Lehnberg que pagar una pensión de 280 dólares al mes.(10)

Finalmente, otra área no exenta de problemas éticos y legales es el negocio que se da tras las llamadas madres de alquiler o mujeres que están dispuestas a arrendar su útero para que se les implante un embrión fecundado por los padres de ese niño.

Conclusión

Durante tantos años se ha pretendido contraponer maternidad y trabajo que hoy se pagan los costos de este dilema creado artificialmente, supuestamente pensando en el bien de la mujer. Tanto es así que las mismas feministas que denostaron la maternidad y la paternidad hoy se preguntan: "¿Se han mejorado las vidas de las mujeres y se ha elevado su status cuando el nacimiento de un niño, y el niño en sí mismo, se convierten simplemente en un producto que se puede comprar en un banco de genes?" (11).

Tanto se insistió en los costos de la maternidad que la tasa de fecundidad en muchos países desarrollados no alcanza a ser suficiente como para tener un mínimo de nacimientos que lleguen a lo que se conoce como tasa de reposición de la población, que es de 2,1% promedio por mujer.

Más aún, en marzo de este año se realizó una reunión de la ONU para analizar este verdadero problema que enfrentan las sociedades más modernas: muchos adultos y ancianos, muchos recursos y pocos niños.


1 www.ASRM.org.
2 Fundación Mujer Nueva, noviembre de 2001.
3 ¿ Debería tener su bebé ahora?, Revista Newsweek en Español, 29 de agosto 2001.
4 Mitos y Verdades de ser madre a los 40, El Mercurio, 13 de marzo de 2002.
5 ACI Prensa, 6 de febrero de 2002.
6 Periódico New York Times, 1 de enero de 2002.
7 ACI prensa, 6 de febrero de 2002.
8 Zenit.org, citando al periódico Observer, de Londres, 20 de enero de 2002.
9 Zenit.org, citando al periódico The Sydney Morning Herald, 29 de noviembre 2001.
10 Associated Press, 31 de enero de 2002.
11 Declaración de la feminista Naomi Wolf, Sunday Times de Londres, 28 de octubre de 2001.