





Protagonista,
el padre
Llega
la adolescencia y con ella la madre debe pasar a un segundo plano, pues el joven
la asocia a la infancia. Es la hora del padre.
Por:
Ignacio Iturbe.
Fuente: Edufam
Con la adolescencia se produce un trueque en los papeles del padre y de la madre. Ahora es papá quien ha de tomar una postura más activa, especialmente con los hijos varones.
De todas maneras, seguirá siendo necesaria mucha complicidad entre ambos cónyuges para que la educación en la adolescencia siga siendo tan eficaz como siempre.
Adiós mamá
Mamá, hasta ahora, era la preferida de su "pequeño"; a ella le contaba todas las cosas; ella le exigía pero a la vez le mimaba... Corten.
Las cosas han cambiado y los hijos pierden gradualmente la gran necesidad de la presencia y la influencia de la madre.
Al contrario, parece que rechazan por sistema sus consejos, sus detalles... Que no se les ocurra intentar arreglar el peinado de los chicos u opinar sobre la forma de vestir de las chicas.
¿Por qué ocurre esto? Los complejos cambios de la adolescencia sumen a chicos y chicas en un período de desconcierto y de rebeldía.
Estas características, propias de la edad y de las hormonas, les llevan (sobre todo a los varones) a distanciarse de lo femenino que representa la madre y a acercarse a lo masculino del padre, sobre todo a unos rasgos que identifican más con él: seguridad, autoridad, apoyos firmes.
Tras la adolescencia, con las hormonas otra vez en su sitio, los papeles vuelven a equipararse, y la influencia del padre y de la madre se igualan.
¿He hecho algo mal?
De hecho, de una aceptación total de las ayudas de la madre en la infancia, pasan a no desearlas, rechazándolas en muchas ocasiones, e incluso ridiculizándolas. Es su manera de dejar claro que ya no son unos niños.
Los consejos de la madre, sólo por provenir de ella, han de ser criticados, tachados de antiguos y desfasados de la realidad.
Esto no significa que la madre haya hecho algo mal. Como todas las madres con hijos adolescentes saben, en realidad siguen siendo protagonistas en su casa, pero de otro modo.
Ella sigue siendo el marco de unión de la familia, quien puede aliviar las tensiones propias de esta etapa, ella tiene mucha mano izquierda para conciliar.
Es el momento de ir, más que nunca, junto al marido y de dejarle que se encargue él de ciertos asuntos.
La adolescencia rebosa temas conflictivos que exigen muchas vueltas, mucho hablar entre los cónyuges y mucho actuar en la misma línea los dos.
Ojo con papá
La influencia del padre se verá incrementada en la adolescencia. Ahora queda como más patente. El contenido de "no llegues más tarde de las..." cambia sensiblemente si es pronunciado por la madre o por el padre. Los adolescentes le tienen mucho respeto.
Ante el mundo que se les tambalea necesitan algo de tierra firme: la autoridad del padre. A los ojos adolescentes, existe la necesidad de un padre que dé seguridad a su entorno.
La idea de autoridad ha de saber moverse con delicadeza. Lo importante es mantenerse firme en pocas cosas, lo esencial, y saber ceder en lo accidental.
Por el contrario, tanto si se intenta mantener un estado policial en casa para proteger a los adolescentes, como si se prefiere no interferir y dejar que el tiempo arregle todo... los hijos habrán sido abandonados a su suerte.
Todo ello exige del padre, una atención y una dedicación especial.., lo mismo que la madre. Que hagan menos caso de los consejos femeninos no significa que no cuenten para nada.
Eso sí, el padre se convierte en un protagonista con un papel difícil: sus apoyos serán fundamentales en todo el proceso, convirtiéndose en asidero fundamental. La madre será quien lo facilite todo, sembrando cariño por doquier.
¡Atención, padres!