





Elogio al trabajo doméstico
Cualquiera que haya disfrutado de un hogar sabe que ni el más
eficiente orfanato ni el mejor dotado hospital puede reeemplazar el cariño de
unos padres abnegados.
Extraído de IPP (Información Para Padres) del CEDEF
Fuente: Edufam
Con razón se lamenta a menudo que el trabajo doméstico no se estima como merece.
Para despertar a la opinión pública y a los gobiernos, a veces se hace notar que,
sin esa labor no remunerada que realizan los padres, el bienestar y la riqueza
de cualquier país serían muy inferiores.
Pero como las tareas domésticas no entran en el cálculo del Producto Bruto Interno
(PBI), no se tiene en cuenta la contribución de las familias a la prosperidad
de todos.
Se trata de un argumento repetido últimamente por diversas asociaciones familiares,
que nos descubren cómo engordaría el PBI si se contaran las labores domésticas.
La manera de saberlo es calcular cuánto habría que pagar a personal ajeno a la
familia para que hiciera el trabajo que los padres, gratis y por amor, cargan
sobre sus hombros.
Así lo ha hecho recientemente, en Canadá, el grupo Mothers Are Women, que ha publicado
un informe titulado When Women Count (Cuando las Mujeres Cuentan), donde explica
cómo quedaría la contabilidad nacional si se incluyera el esfuerzo callado de
las madres.
Con los estudios disponibles, afirma que el PBI canadiense subiría entre un 36%
y un 43%.
Por tanto, aunque pocos se percatan, el país vive en buena medida del "PBI oculto"
generado por las amas de casa.
El “precio” de amamantar
Pensemos, por ejemplo, en el costo de los alimentos infantiles no consumidos por
los niños que toman el pecho materno; entonces, dice el informe, "la lactancia
equivale a una importante industria alimentaria, que sin embargo no se valora
ni se mide".
Amamantar a un hijo, al igual que cuidar de enfermos o ancianos en el seno de
la familia, es "trabajo no remunerado", y habría que reconocerlo oficialmente
como tal.
Sí, es necesario que las tareas domésticas se valoren como merecen. Mas, para
eso, lo que nunca deberíamos hacer es ponerles precio. Eso supone hacer el juego
al enemigo, ceder a la misma mentalidad que desconoce la inmensa aportación de
las familias a la sociedad porque sólo sabe estimar lo que se paga.
Así, equiparar la lactancia a la industria alimentaria me parece una grosería.
Dar el pecho a un hijo no es "trabajo no remunerado", sino algo más noble que
cualquier actividad laboral: tan noble, que no se puede retribuir.
Nadie ignora que las labores domésticas de los padres reportan beneficios económicos
generales. Pero su valor no consiste en ellos, sino en que son actividades sin
"producto", sin transacción: amor que no pide sueldo, cuidados no mercenarios,
desvelo sin vacaciones. Y esto es válido aun para el personal de servicio doméstico.
Se puede pagar el trabajo de quien limpia la casa, pero no la dedicación personal,
la fina delicadeza de quien ayuda a hacerla un hogar.
No veo sentido a medir lo que vale el trabajo doméstico suponiendo que la familia
no lo hiciera, porque la familia no tiene recambio. Un ama de casa, es cierto,
incurre en unos costos de oportunidades, y su renuncia a rendimientos profesionales
permite al marido incrementar los propios. Pero de eso no se habla hasta el proceso
de divorcio.
Mientras la familia existe, "produce" ingentes rendimientos intangibles en forma
de crecimiento de las personas. Cuando se ha roto, que discutamos de dinero es
señal de que se nos ha esfumado lo más valioso.
Un eficiente orfanato
Si con vistas a que se valoren justamente las labores del hogar, las traducimos
en PBI, la batalla está perdida. La estrategia necesaria no es hacer apología
de las tareas domésticas en los términos que la sociedad materialista entiende,
sino lograr que la sociedad aprenda otro lenguaje.
En vez de calcular cuánto costaría pagarlas, ¿por qué no emplear otra hipótesis
más adecuada? Quien haya disfrutado de un hogar, quien haya recibido las finezas
de unas manos maternas, puede preguntarse qué sería de él si de niño hubiese sido
acogido en un eficiente orfanato o ahora tuviese que pasar las gripes en una pulcra
residencia.
Con muchas personas sin familia, habría más empleo, pero menos humanidad. Para
hacer el merecido elogio del trabajo doméstico, mostremos que su gran aportación
no es al PBI, sino a la dignidad de la vida. No lo midamos en dinero: eso es degradarlo.