





¡Cómo quisiera estar ahí!:
La difícil tarea de conciliar familia y trabajo
Un porcentaje alto de chilenos decimos que la familia es nuestra primera prioridad. Pero ¿vivimos como si lo fuera? Quizá está en el primer lugar en nuestros corazones, pero claramente no en nuestro tiempo.
Por Mónica Larraín G., sicóloga U.C.
Son las 21:00 horas. Alfonso va saliendo de su oficina. Le esperan 20 o 30
minutos más de camino a casa.
- A lo mejor de nuevo me encontraré con todos acostados, piensa. Quizás cuando
sean más grandes será diferente. ¿Cómo le habrá ido a la Valentina en el doctor?
No alcanzó a llamarla, ahora quizás ya no vale la pena, ya está por llegar.
Su mujer a veces no entiende, dice que es pesado tirar la carreta sola, que
su autoridad está desgastada, que no se la puede con Gabriel, que es muy inquieto.
- ¿Qué se puede hacer? Son tiempos duros, ahora que soy más joven puedo trabajar
más. Bueno, el fin de semana voy a poder estar con ellos, las vacaciones las
voy a aprovechar bien, al fin y al cabo trabajo para ellos...
Un porcentaje alto de chilenos decimos que la familia es nuestra primera prioridad.
Pero ¿vivimos como si lo fuera? Quizá está en el primer lugar en nuestros corazones,
pero claramente no en nuestro tiempo.
Así, las buenas intenciones se diluyen en el día a día. ¿Cuánto tiempo necesita
un hijo a su padre? ¿Qué necesita un hijo de su padre? ¿Es posible equilibrar
trabajo y familia? ¿Somos indispensables?
Un padre enfocado en la familia...
Los estudios muestran que, mientras más interesado es un padre en su familia,
más "tironeado" se siente por el trabajo. Lo que agrega una nueva fuente de
preocupaciones: ¿les estaré faltando a mis hijos?
Sin embargo, las investigaciones también muestran que esa persona obtiene en
el mediano plazo más satisfacciones de la vida familiar. Y curiosamente tambien
suele hacer carreras laborales más estables y exitosas.
Revisión del propio mapa:
¿Desde dónde partimos nuestro viaje hacia la paternidad? Desde un padre cariñoso,
pero distante; desde un padre autoritario y divertido; desde un padre muy cariñoso
pero muerto tempranamente, desde un padre entrañable...
Las investigaciones muestran que los padres que hacen una revisión de su propia
infancia y de la relación con su padre suelen partir con un rumbo mucho más
claro. Buscando compensar sus carencias, repetir lo valioso o buscar otras opciones.
Los que por el contrario no realizan una revisión de la propia historia suelen
andar sin rumbo.
Existir en el momento...
Todo lo que existe tiene tiempo y lugar. Las relaciones humanas también. Muchas
veces, dice Linda Eyre, fantaseamos con las vacaciones, con el fin de semana,
cuando se acabe este "peak" de pega.... ahí tendremos tiempo.
Y pasa el fin de semana ¡y hubo tanto compromiso familiar! y pasa el "peak"
y viene otro.
Frente a esa trampa, se nos propone revalorizar el momento.
- Si los vas a dejar al colegio todos
los días, ése es el momento.
- Si los tuviste que pasar a buscar a la psicopedagoga, ése es el momento.
- Si te pidió permiso para el paseo de curso, ése es el momento.
- Si te mostró sus rodillas peladas, ése es el momento.
- Si están sentados frente a la televisión, ése es el momento.
Si no, muchas veces nos quedamos sin el rato y sin el momento.
¿Cómo hacer que estos momentos sucedan?
¿Que aspectos de la relación son los más valorados por los hijos?
En una entrevista a 300 ejecutivos se les preguntó qué cambiarían en la relación
con sus padres. La mayoría dijo que les hubiera gustado que hubieran expresado
más sus sentimientos.
Curiosamente, de aproximadamente 200 mujeres entrevistadas, una gran mayoría
dijo hacerse sentido muy queridas por sus padres.
Puede que el papá los quiera, pero los niños son concretos. Y la cercanía física
es de las sensaciones más percibidas como amor.
Comunicación más efectiva...
La mejor manera de obtener un "nada" por respuesta es preguntar: ¿qué pasó hoy
día?.
La mejor manera de obtener un "bien" por respuesta es preguntar: ¿cómo te fue
hoy día en el colegio?.
La comunicación más efectiva debe ser claramente más específica, y es más efectiva
porque no es un preguntar en general, sino que revela claro interés.
- ¿Qué tal estuvo la clase de fútbol?
- ¿Cómo te sentiste del resfrío?
- ¿Qué tal en el examen de historia que te tenía preocupado?
Planifique un momento con su hijo:
Vivimos un poco con el mito de que, en las relaciones humanas, todo debe ser
espontáneo. Y entonces llega el momento para estar juntos y muchas veces no
sabemos qué hacer. O sólo tendemos a hacer lo mismo, siempre chacota o siempre
conversar del colegio.
Un mínimo de planificación agrega variedad a nuestro encuentro. Si nos proponemos
leerle un cuento, armar una torre muy grande, salir a dar una vuelta en bicicleta,
compartir las noticias y comentarlas o simplemente estar en cercanía.
La pequeña gran tradición...
Pero, por otro lado, las tradiciones también son maravillosas porque son algo
que aprendemos a esperar... Planificar una tradición que sea un encuentro personal
con esa hija, con ese hijo, es una buena manera de permitir que la relación
suceda.
- Ir a comprar el pan caliente los sábados por la mañana,
- Salir a comer solos una vez al mes,
- Salir a trotar con ella,
- Tomar desayuno con él, el día del cumpleaños.
Las tradiciones pueden responder a diferentes objetivos: tener un rato de comunicación,
pasarlo bien juntos, celebrar algo, pero finalmente el objetivo más importante
será que la relación personal exista.
Un día un médico muy ocupado, padre de 7 hijos, me preguntó si creía en la relación
como grupo.
- Sólo existe la relación de uno a uno, tuve que responderle. Creo que aún debe
lamentar la respuesta. O quizás no.
Mostrar el propio mundo:
Si parte importante de nuestra vida es el trabajo, una buena manera de mantenernos
conectados es permitir que nuestros hijos conozcan lo que hacemos. Llevarlos
a conocer la oficina les permitirá saber qué hacemos cuando estamos lejos de
ellos.
Trabajamos por ellos y para ellos. Que no los perdamos a ellos en el camino
es un buen propósito.