





Pese
a la oposición mundial, Islandia
comienza
de nuevo a cazar ballenas
El
pasado 22 de octubre, Islandia rompió con veinte años de moratoria,
apresando el primero de los treinta rorcuales comunes que piensa capturar
hasta agosto de 2007.
Ante esto, 25 países de todo el mundo - entre los que se incluye Chile - presentaron, con el apoyo de la Comisión Europea, una protesta formal ante el Ministerio islandés de Asuntos Exteriores, para que este gobierno ponga fin a la caza de cetáceos con fines comerciales.
En
1982, después de siglos de sobreexplotación, muchas poblaciones
de ballenas se encontraban cerca de la extinción. Ante tal situación,
la Comisión Ballenera Internacional (CBI) estuvo de acuerdo
en prohibir la captura comercial de ballenas. La
CBI se había formado en 1946, luego de la firma de un tratado para regular
la captura comercial de ballenas y su conservación -
Esta moratoria entró en vigor en 1986. Sin embargo, no ha sido una medida de conservación muy exitosa. Y es que si bien es cierto que algunas de las poblaciones de ballenas se están recuperando lentamente, hay países - especialmente Japón y Noruega - que se las arreglan para seguir cazando cetáceos e insisten en que hay suficientes ballenas en los océanos como para poder volver a cazar sin restricciones.
Según la organización argentina Celthus, dedicada a la conservación de las ballenas, Japón se escuda en la fórmula "capturas para la investigación científica" para justificar sus continuas cacerías de cetáceos. Famosa se hizo la frase con que, en 2001, el director de la Agencia de Pesca de Japón, Maseyuku Komatsu, justificó la caza de ballenas Minke: "son las cucarachas de los mares porque son demasiado numerosas". Noruega, por su parte, defiende su derecho a explotar los recursos marinos de manera sostenida.
A estos dos países de suma ahora Islandia, que luego de 20 años de moratoria retomó la caza de ballenas el pasado 22 de octubre, apresando el primero de los treinta rorcuales comunes que piensa capturar hasta agosto de 2007. Islandia, un país escandinavo de apenas 290 mil habitantes, conocido mundialmente por ubicarse cerca del Círculo Polar Artico y ser la patria de la cantante Bjork, vive de la pesca, además del turismo, el aluminio y la energía geotérmica.
De esta manera, Islandia se suma a la escuesta lista de países que cazan cetáceos con ánimo de lucro, haciendo caso omiso a la moratoria mundial que entró en vigor en 1986 y a las voces que, desde distintos sectores, pedían una marcha atrás.
El
ministro de Industria de ese país, Einar Kristinn Gudfinnsson, dijo que
su ministerio emitiría las licencias oportunas para permitir la matanza
de nueve ballenas de aleta grande y de otros 30 ejemplares de ballenas Minke,
de las que se estima que existen un número cercano a las 43.000.
Ante
los ojos del mundo, esto no pasó desapercibido. 25 países - incluido
Chile - presentaron, con el apoyo de la Comisión Europea, una protesta
formal ante el Ministerio islandés de Asuntos Exteriores para que el gobierno
ponga fin a la caza de cetáceos con fines comerciales.
El documento cuenta con el respaldo de - además de Chile - Australia, Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, República Checa, Finlandia, Francia, Alemania, Irlanda, Israel, Italia, Luxemburgo, México, Mónaco, Países Bajos, Nueva Zelandia, Portugal, Eslovaquia, España, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos.
Los islandeses han estado cazando ballenas desde los días de los vikingos, pero la caza con fines comerciales se detuvo en 1985 - la caza con finalidad científica lo hizo en 1989 - bajo la moratoria internacional de cazas comerciales. La caza de ballenas con pretensiones científicas se retomó en 2003. Su reciente decisión la justifican aduciendo que las ballenas son numerosas en la franja norte del Océano Atlántico y que los rorcuales no corren peligro.
Japón, Islandia, Noruega y otras naciones favorables a la caza de ballenas han estado presionando a la Comisión Internacional para la Caza de Ballenas en los últimos años para revocar la prohibición que data de 1986.
Las regulaciones internacionales no prohíben que Islandia exporte carne de ballena, ya que tiene una exención formal bajo el tratado ballenero. Pero casi todos los otros países del mundo tienen prohibido importar ese producto. No obstante, a largo plazo tanto Islandia como Noruega desearían exportar la carne de ballena a Japón, el mayor consumidor del mundo.
De mal en peor
En la reunión de la Comisión Ballenera Internacional del año pasado Japón sumó a su causa a naciones pobres que, en conjunto, podrían convertirse en mayoría, con el objetivo de reabrir la cacería comercial de ballenas. Ingresaron a la CBI aliados de Japón como Camerún, Gambia, Nauru, Senegal y Togo.
Y
dio resultado.... Sucede que este año, en la reunión anual de la
Comisión Ballenera Internacional, la adhesión de países en
desarrollo promovida por el país nipón a cambio de programas de
financiamiento pesquero, ayudó a que Japón obtuviera mayoría
en la votación al interior de la Comisión Ballenera Internacional.
Los esfuerzos de
Japón rindieron frutos cuando Senegal y Togo decidieran asistir a la reunión,
ya que se encontraban ausentes. Por 33 a favor contra 32 votos y 1 abstención
apoyaron el texto que declara la intención de retomar la caza comercial
en el futuro.
Sin embargo, países que se oponen a la caza comercial
de ballenas anunciaron que impugnarán la legalidad de la decisión,
ya que las declaraciones de esa naturaleza deben ser adoptadas por consenso y
no pueden ser legalmente votadas .
Si
bien la declaración no afecta el trabajo de la CBI o la moratoria a la
caza comercial, coloca en evidencia el creciente éxito de Japón
de atraer votos para su bloque ballenero a costa de programas de ayuda financiera.
Brasil, apoyado por Argentina y Sudáfrica, presentó la propuesta de creación de un Santuario Ballenero del Atlántico Sur. La propuesta, endosada por el Comité de Conservación de la CBI, no se presentó a votación ya que requería de 3/4 de los votos. Brasil consideró el mantener el tema de Santuarios en la Agenda una victoria política, ya que evidencia el interés regional de mantener prohibida la caza en la cuenca oceánica.
Por su parte, Japón intentó abolir el Santuario Ballenero Austral pero, con 28 votos contra 33, no logró ni siquiera simple mayoría. El año pasado la propuesta específica de Japón fue establecer un nuevo Sistema Revisado de Manejo de Caza, para abolir los santuarios existentes y terminar con la moratoria a la caza comercial, poniendo en práctica un sistema global de caza sin supervisión ni control internacional.
Durante
los últimos 30 años, las flotas balleneras de todo el mundo han
capturado más de 430 mil ballenas, 24 mil de ellas durante la moratoria.
Algunas estimaciones realizadas por Greenpeace y por la Sociedad para la
Conservación de Ballenas y Delfines revelan que la población de
ballenas en el Hemisferio Sur, donde van a reproducirse, está en torno
a 1.200.000 ejemplares, siendo la ballena gris, la legendaria ballena azul y la
ballena franca las especies con mayor peligro.
Como ejemplo de hasta qué punto se han diezmado las poblaciones de estos cetáceos, basta decir que se calcula que quedan en torno a 290.000 cachalotes, cifra sólo un poco superior a los aproximadamente 165.000 que han muerto por culpa de los arpones en las últimas tres décadas.
Japón "como si nada"
Si las cifras anteriores son terribles, lo peor es el lugar donde Japón caza estas ballenas: el Santuario Ballenero Antártico, designado como tal en el año 1994 para ayudar a las ballenas a recuperarse después de un siglo de persecución, lo que provocó el agotamiento de sus poblaciones.
Descaradas, por decir lo menos, han sido las acciones de este país, cuyo objetivo es incluir en su programa de caza a otras dos especies: 50 ejemplares de rorcual común y otros tantos como la ballena yubarta en los próximos años (además de los rorcuales aliblancos), especies consideradas como amenazadas.
Y es que Japón, según denuncian los grupos ecologistas, encubre bajo la investigación científica lo que no deja de ser caza comercial. Greenpeace asegura tajantemente que "el único motivo es comercial".
En cuanto al aumento de la cuota y la extensión a dos nuevas especies que serán blanco de sus arpones, Greenpeace acusa que lo intentarán disfrazar con que así tienen una muestra más representativa de la población y datos de nuevas especies. Algo absurdo, porque ya hay series de datos de décadas sobre la alimentación de las ballenas y además hay métodos genéticos para hacer esos estudios.
Lo cierto es que Japón continúa amparándose en que de esta manera estudian la interacción entre la pesca y las ballenas ya que, a su juicio, éstas son las culpables de la crisis de los stocks de las pesquerías japonesas.
Cada año, después de que los científicos han medido y pesado las ballenas, estás son despiezadas y embaladas para su venta. La Agencia Pesquera Japonesa, responsable del programa, ha afirmado que "de acuerdo a los valores culturales japoneses, las ballenas son un alimento". Sin embargo, un sondeo de opinión encargado en el año 2002 por el diario japonés Asahi mostraba algo muy diferente: sólo el 4 por ciento de la población come carne de ballena de forma habitual, el 9% raramente, el 53 por ciento no la había probado desde la infancia, y el 33 % nunca la había probado, según los datos facilitados por Greenpeace.