







Encantadores
de serpientes,
una "profesión" en peligro de extinción
Los legendarios encantadores de serpientes de la India están en pie de guerra ante una ley que prohíbe tener como mascotas a estos reptiles, que constituyen el sustento de unas 300.000 personas en el país asiático.
Aunque la restricción
de cazar o tener serpientes como "animales de compañía"
se remonta a una ley de 1972, no fue hasta unos pocos años atrás
que las autoridades empezaron a ser exigentes con su cumplimiento, y en los últimos
meses el gobierno empezó a aplicarla con más rigor en diversas regiones.
Desde hace muchísimos años que la serpiente ocupa un lugar privilegiado en la mitología, la literatura y la religión de muchos pueblos de nuestro planeta. Los egipcios, por ejemplo, las adoraban 800 años antes de Jesucristo. Y para qué hablar de los hindúes, para quienes este reptil ha sido, junto con la vaca, uno de los animales más venerados. Tanto, que habría que ir a buscar entre los antiguos brahmanes o sacerdotes el origen de los actuales encantadores de serpientes.
No obstante, lo que antes constituía un auténtico rito religioso, poco a poco se ha convertido en un espectáculo rutinario, cuyo éxito depende siempre de la habilidad de los que lo dirigen... flauta en mano.
Pero ya no es fácil ver a las grandes víboras danzar al ritmo de las notas hipnóticas de una flauta tocada por hombres vestidos con un colorido turbante, aunque los viajeros curiosos todavía pueden encontrar alguna... si tienen suerte.
En localidades turísticas de la India, como Jaipur o Rishikesh, uno se puede tropezar en la calle con un hombre o una mujer acompañado de un enorme cesto o un saco de lona que esconde a un perezoso reptil.
Pero los encantadores de serpientes ya no están visibles frente a los impresionantes monumentos - ofreciendo su espectáculo a los turistas curiosos - sino más bien en sitios un poco escondidos, donde la policía no les pueda molestar. Porque saben que están violando la ley.
Sucede
que una normativa india aprobada en 1972 prohíbe tener serpientes como
"animales domésticos". De ahí la rápida desaparición
de los encantadores, llamados "saperas".
Eso sí, no fue hasta unos pocos años atrás que las autoridades empezaron a ser exigentes con su cumplimiento. Y en los últimos meses, el gobierno empezó a aplicar la norma con más rigor en diversas regiones. Por lo mismo, los legendarios encantadores de serpientes están en pie de guerra.
La más reciente campaña ha sido la de las autoridades del estado de Orissa (noreste), donde se han incautado miles de serpientes que eran utilizadas por los encantadores, lo cual ha obligado al "gremio" a movilizarse para reclamar un medio de vida.
Gran parte de los afectados reclama compensaciones económicas a cambio de devolver sus serpientes, alegando que lo que ganan con el espectáculo es su único modo de vida.
Ellos no poseen tierras, por lo que no tienen la opción de dedicarse a la agricultura. El gobierno tampoco les da ninguna alternativa, ante lo cual han pedido que, como última instancia, se les eduque para otros oficios, y recién ahí dejarán de "encantar" serpientes.
Para la organización medioambiental Wildlife Trust of India (WTI), la aplicación de la ley que protege a los reptiles debe ir acompañada de medidas que garanticen el futuro de estos especialistas, que tienen conocimientos tradicionales muy útiles para otros ámbitos.
Plantean que es necesario proteger a las serpientes, pero al mismo tiempo poner en marcha programas de rehabilitación, y usar los encantadores para crear, por ejemplo, centros de rescate de serpientes.
Sin ir más lejos, muchos granjeros y agricultores contratan a los saperas para limpiar sus campos de víboras, cobras y demás reptiles, pero cuando éstos las cazan les quitan los colmillos y el veneno, por lo que los animales no pueden sobrevivir en libertad.
Otra de las facetas que los encantadores de serpientes pueden aprovechar para labrarse un futuro es la musical, ya que las melodías que tocan con sus flautas es muy rica.
De todas formas, nadie puede pasar por alto los servicios de estos personajes, muy populares en la India, que han sido requeridos para más de una ocasión "oficial", como cuando el presidente de Estados Unidos, George Bush, visitó Nueva Delhi en marzo de este año.
Bush tenía previsto ofrecer un discurso al aire libre en una explanada en el entorno del monumental Fuerte Rojo y, para evitar que entre los invitados se colaran víboras y otras serpientes que normalmente campean a sus anchas en el área, se contrató a estos profesionales para que limpiaran la zona.
En la India hay cerca de 300.000 encantadores, que para sus espectáculos utilizan unas siete serpientes al año, una cifra que todavía está muy por debajo de las que se emplean para fines comerciales, usando por ejemplo su piel para elaborar bolsos o el veneno para productos farmacéuticos.
¡Comienza el espectáculo!
Los
encantadores de serpientes viajan por pueblos, aldeas y ciudades con la misma
naturalidad con que viajan las ferias ambulantes, que aprovechan los días
de fiesta de algún santo patrón y se ponen afuera de las iglesias.
Los encantadores de serpientes llevan pocas cosas con ellos, generalmente sólo sus útiles de trabajo: una o dos serpientes venenosas metidas en la cesta que les sirve de prisión, una flauta de bambú y un morral con unas cuantas ratas muertas y varios huevos, dependiendo de como acostumbren alimentar a su reptil.
Cuando
ofrecen su espectáculo a una población, el encantador de serpientes
se sienta en el suelo y espera a que los curiosos formen un círculo a su
alrededor. Sólo cuando éstos hayan arrojado una cantidad suficiente
de monedas comienza el espectáculo.
El sonido de la flauta llamada "tumarit" despierta a la cobra de su letargo, haciendo que surja de la cesta y que comience a extenderse por el suelo ante los murmullos de los espectadores.
Según se dice, la flauta es el único instrumento musical que agrada a la cobra macho (ejemplar preferido por los encantadores), porque su sonido es semejante al que emite la hembra.
Al no encontrar a su pareja, el reptil se yergue majestuosamente y se vuelve hacia su domador, meciéndose con lentitud al compás de la música y de los movimientos del tumarit. A veces, el encantador permite que la serpiente se le enrosque en el cuello e, incluso, le ofrece su mano para que el reptil clave en ella los colmillos.
Supuestamente, sólo los farsantes le quitan los dientes que inoculan el veneno. Los auténticos, en cambio, muestran al público los agudos colmillos de las cobras que utilizan. Luego, el encantador busca en su morral comida y se los da a su acompañante, que la devora ansiosamente... ahí termina la actuación.
¿Cómo consiguen los encantadores de serpientes que sus "mascotas" no los muerdan? Nadie lo sabe en verdad. Pero hay varias teorías, que te explicamos a continuación.