Gatos negros

¿Mala suerte, buena suerte...
o ninguna de las anteriores?

Durante la Edad Media, nació la falsa creencia de considerar al gato negro como de mal agüero por pensar que cumplían mandatos de las brujas. Incluso se pensaba que los mininos eran brujas metamorfoseadas.

Pero los gatos se reivindicaron a partir del siglo XVII, debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de temibles y desoladoras plagas. Durante el siglo siguiente recuperaron su prestigio y, por su belleza, sirvieron como modelo para múltiples cuadros y esculturas.

 

No pasar bajo una escalera, porque implica un potencial riesgo de que algo caiga encima de uno; no derramar la sal, porque si eso ocurre nos persiguirá la mala suerte, y no romper un espejo, porque tendremos siete años de mala suerte, son algunas de las "supersticiones" que subsisten hasta el día de hoy.

La superstición es la creencia poco fundamentada, o asentada de forma irracional en el hombre, de que ciertas acciones voluntarias (como ensalmos, conjuros, hechizos, maldiciones u otros rituales), o involuntarias (como la caída de sal al suelo o la llegada de un martes 13), pueden alterar el destino o la suerte de una persona.

Pero existe una muy curiosa, que hace a muchos arrancar de los gatos negros... ¡y para qué decir cuando se nos cruza uno en el camino! ¿Qué han hecho ellos para merecer tan mala fama? ¿Cuál es el origen del temor a estos animalitos? ¿O por qué para algunos el gato negro es buena suerte y para otros mala suerte?

Todo viene del conocimiento colectivo, que ha sido traspasado a través de las culturas por medio de la forma más natural de comunicación: las palabras. De esta manera, siglo tras siglo, los pequeños "consejos" se trasformaron en grandes superticiones que, supuestamente, han permitido que la gente viva una vida más tranquila y segura.

Respecto al gato negro, éste da mala suerte según la cultura en que vivas. Por ejemplo, mientras que en la Inglaterra Victoriana se consideraba que si un gato negro se paseaba por delante de unos novios a punto de casarse representaba felicidad y fecundidad, en Sicilia el gato negro representaba el mal de ojo.

Otro ejemplo: los marinos aunque no podían pronunciar la palabra "gato", por temor a desgracias eternas, consideraban que la presencia de un gato a bordo traía buena suerte. Igualmente, las mujeres de los marineros solían tener un gato negro en casa para asegurarse que sus maridos volverían sanos y salvos después de la travesía.

¿De dónde viene la superstición del gato negro?

El gato, como tal, ha sido considerado desde el inicio de los tiempos como un animal mágico. Durante la Edad Media nació la falsa creencia de considerar al gato negro como de mal agüero por pensar que cumplían mandatos de las brujas. Es más, se decía que estos animalitos eran brujas metamorfoseadas.

Esto dio lugar a que en el siglo XII la Iglesia comenzara una persecución a los gatos. Los fanáticos sacrificaron a miles de felinos. Los gatos negros (y gatos en general) eran perseguidos, cazados, metidos en sacos y quemados en hogueras la noche de San Juan.

Debido a esto, la población de gatos diezmó haciendo así que la población de ratas en los pueblos se incrementara, motivo por el cual se propagaron rápida y frecuentemente las epidemias de peste.

Pero la existencia de los gatos se reivindicó a partir del XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de temibles y desoladoras plagas. Durante el siglo siguiente recuperó su prestigio y por su belleza sirvió como modelo para múltiples cuadros y esculturas.

Por lo mismo, no siempre fueron símbolo de mala suerte. En Egipto se les consideraba animales sagrados ya que estaban relacionados con el culto a la diosa Bastet. En esta cultura el gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. Los gatos también eran momificados y todo aquel que se atrevía a matar un gato era acreedor de la pena de muerte.

En otros continentes, como el africano, los brujos de las tribus zulúes preferían a los gatos de color cobrizo en lugar de los negros.

Según cuenta la leyenda, en el Arca de Noé los ratones se reproducían de una manera alarmante, haciendo peligrar las provisiones, por lo que Noé preocupado solicitó ayuda del Señor, quien le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y el león estornudó surgiendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.

La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considerara representante de la mala o la buena suerte, según la circunstancia o lugar en que nacieran.

Actualmente, se dice que un gato negro es realmente un vaticinio nefasto si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo.

Existen pueblos en que el encuentro de un gato negro camino de la iglesia el día de la boda da buena suerte, mientras que en otros es símbolo de desgracias conyugales.

Se cree que el gato negro trae buena suerte en los juegos de azar, sobre todo si se toca alguno antes de que empiece el juego.

También se cree que tener un gato negro en casa es símbolo de buena fortuna.

Otra superstición sostiene que encontrarse un gato (no importa el color, sino la dirección) viniendo de cara por el camino, trae buena suerte, mientras que verlo de espaldas trae mala suerte. Asimismo, es de buen augurio que un gato nos adelante en el camino.

Cuando un pescador sale de pesca, considera de buen augurio que un gato le preceda, pero muy malo si se le cruza en su camino.

La gente del mar suele estar muy atenta al comportamiento del gato a bordo. Es tradición popular que si el gato corre, juega o salta pronostica tormentas; si se arroja el gato por la borda o es ahogado en el mar, sucederán calamidades al navío y su tripulación.

Desde tiempos lejanos se dice también que las madres deben tener a los gatos alejados de los bebés porque "sorben el aliento" del niño como los vampiros. Si observamos a los gatos cuando los tenemos en el regazo tienden a acercarse a la boca y husmear. No es difícil imaginar que, dado el miedo a las fuerzas tenebrosas, este gesto parezca un intento de sorber (beber aspirando), lo que podría poner en peligro a un niño, pues el gato "le sorbería la vida".

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