Hormiga americana posee la
mandíbula más rápida del mundo

Se trata de la especie Odontomachus bauri, capaz de liberar tanta potencia que puede incluso lanzarse a sí misma por los aires como un resorte. Es capaz de cerrar sus mandíbulas a una velocidad de entre 124 y 232 kilómetros por hora. Son los movimientos animales más rápidos que se conocen.

 

 

Les gusta la tierra y ahí construyen sus "casas", en túneles y cuevas. Una de sus características más notables es su comportamiento social. Viven en "colonias", compuestas por la Reina, los machos y las obreras. Su defensa más utilizada es la mordedura y el lanzamiento de chorros de ácido fórmico, el cual produce urticaria. Nos visitan entre marzo y noviembre, época en la que están en actividad y salen por alimento. El resto del año lo pasan cumpliendo ciclos reproductivos y biológicos.

Descendientes de avispas, han desarrollado lo que algunos científicos llaman "altruísmo egoísta”, en el que comparten el alimento, renuncian a su propia reproducción en beneficio de la de su madre e incluso pueden sacrificar su vida por el bien de la comunidad.

Las hormigas son insectos de pequeño tamaño, que se distribuyen por casi todos los ambientes y que comen casi de todo: carne, plantas, hongos, néctar y especialmente, todo lo dulce.

En el mundo se han descrito casi 10 mil especies de hormigas y se estima que hay otras diez mil... y cada una tiene un estilo de vida distinto.

Pero entre todas ellas existe una muy especial: la hormiga Odontomachus bauri, oriunda de América Central y del Sur, la cual... lee bien... abre y cierra sus mandíbulas a una velocidad de entre ¡124 y 232 kilómetros por hora!.

Como te podrás imaginar, éstos son los movimientos más rápidos que se conocen de un animal, según un estudio publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciencies (PNAS).

Mandíbulas de terror

Fue un equipo de investigadores, encabezado por Sheila Patek, profesora de biología de la Universidad de California en Berkeley, quien registró el tiempo de la mordida de estas hormigas, que cifró en 0,13 milisegundos, lo que es ¡2.300 veces más rápido que el parpadeo del ojo!.

Las mandíbulas que estas hormigas usan para capturar su presa y para defenderse, generan fuerzas que exceden 300 veces el peso del insecto, y que pueden incluso lanzarlo por los aires como un resorte. Esto, tomando en cuenta que las hormigas estudiadas tenían masas de cuerpo que iban de 12,1 a 14,9 miligramos.

Se podría pensar que lo más importante es la velocidad con que se cierran las mandíbulas, pero lo que realmente impresiona es la aceleración, enorme en relación a la pequeña masa de las mandíbulas. Esas mandíbulas operan en el límite máximo en biología en términos de lo que se conoce de velocidad y aceleración.

En lo que respecta a la aceleración, los halcones pueden precipitarse desde las alturas a casi 480 kilómetros por hora, pero esas aves deben partir desde grandes alturas y cuentan con la ayuda de la fuerza de gravedad para su aceleración.

En cambio, animales como las hormigas y el camarón mantis - a quien hasta ahora se había atribuido el récord mundial por velocidad de ataque - usan energía almacenada en sus propios cuerpos.

Las mandíbulas de las hormigas de este estudio se mueven gracias a un par de enormes músculos contráctiles que se encuentran en la cabeza del insecto. Esos músculos actúan cuando se sueltan sus "trabas" ubicadas, cada una, en una placa como un escudo, llamada clípeo.

Para entender: la existencia de un sistema de trabas es crítica para la obtención de velocidades explosivas. En general, los músculos no son buenos para la generación de movimientos veloces. Si uno trata de disparar una flecha no llegará muy lejos. Pero cuando se usa una ballesta, la energía elástica está almacenada en el arco, y el movimiento de una traba suelta esa energía de manera casi instantánea. Como resultado la flecha va mucho más rápido y más lejos. Y eso es, exactamente, lo que hacen los organismos veloces.

Las Odontomachu bauri pueden lanzarse a sí mismas por el aire con un simple chasquido de sus mandíbulas, y llegan a alturas de hasta 8,3 centímetros y distancias horizontales de hasta 39,6 centímetros. En un humano de 1,68 metros de altura esto significaría un salto a 13,5 metros de altura o un salto largo de 40 metros.

La trayectoria del salto de las hormigas depende del propósito del chasquido de sus mandíbulas. Cuando las hormigas, solas o en grupo, se aproximan y atacan a un intruso más grande, al mismo tiempo rebotan, alejándose del intruso, al que dejan lastimado. En estas maniobras de "defensa por rebote" las hormigas Odontomachu bauri saltan en promedio unos 22,3 centímetros horizontalmente, pero apenas 0,8 a 5,7 centímetros de altura.

Las mandíbulas están protegidas contra el choque entre sí cuando la presa no es atrapada: desaceleran durante el último tercio de su trayectoria.

Dado que no existe ningún músculo que realice contracciones a velocidades tan altas, las Odontomachus han desarrollado un mecanismo tipo catapulta que incluye mecanismos que traban la mandíbula y tres músculos, uno abductor, para abrirlas; uno aductor, para cerrarlas y un pequeño músculo gatillo o disparador, el cual inicia el golpe de mandíbula.

Pero cuando la hormiga necesita escaparse rápidamente de un intruso, golpea la mandíbula contra el suelo y salta a alturas que llegan de 6,1 a 8,3 centímetros, aunque la distancia horizontal cubierta es de apenas 3,1 centímetros. En otras palabras, estas hormigas han convertido un aparato dedicado a la alimentación en algo que les permite huir del peligro.

Los especialistas utilizaron videos de alta velocidad para grabar el ataque de la hormiga y calcular la velocidad de sus mandíbulas.

¿Cuánto sabes sobre las hormigas?

De acuerdo a los expertos, las hormigas son especies que evolucionan desde hace miles de años. Por lo mismo, muchos individuos de esta especie, por ejemplo, no mueren con los insecticidas, ya que la acción repetitiva de la misma molécula química sobre ellos, provoca la resistencia.

Hay hormigas que se habitúan a estos productos, ya que se modifica su genética y se hacen resistentes a ellos.

Las hormigas viven en sociedades organizadas, formadas por una sola hembra fértil - la reina -, y otros ejemplares con diversas formas y funciones: los machos y las obreras.

El cuerpo de la hormiga se compone de cabeza, tórax y abdomen, con un corazón alargado en forma de tubo, un cordón nervioso que termina en el cerebro, y un sistema digestivo con un estómago particular y otro social.

Las reinas son más grandes y, al igual que los machos, nacen con alas. Al aparearse, los machos mueren, mientras que las hembras pierden sus órganos y se dedican a poner huevos muy pequeños - amarillentos o blancos - de los cuales nacen las larvas luego de dos a seis semanas.

Mientras tanto, las obreras se dedican a recolectar alimento, cuidan a los ejemplares jóvenes y defienden la colonia. Excavan huecos y galerías, y sitúan en un lugar apropiado a la reina que pondrá los huevos. También preparan el espacio para los almacenes de comida.

Para cuidar a sus crías, las hormigas construyen un complicado nido debajo de piedras, troncos, en el suelo, o en montículos de tierra o materia vegetal. Son los llamados hormigueros.

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