






300.000 focas bebés morirán frente a las costas de Canadá
¿Matanza cruel o supervivencia económica?
Las autoridades canadienses argumentan que la matanza anual de focas es la forma en que los pueblos costeros se ganan la vida, generando ingresos de más de 13 millones de euros. Que, además, la pesca en la zona ha decaído, en parte por la sobrepoblación de focas. Que se trata de una tradición que data desde hace 3.000 años y que, por último, estos animales son una plaga, ya que su población se ha triplicado desde los años 70.
Pero las organizaciones ecologistas no estan de acuerdo. Creen que es extremadamente cruel ver cómo las pequeñas focas, que tienen menos de tres semanas de nacidas, caen muertas a tiros o palos en su cabeza, para luego ser despellejadas y convertidas en abrigos de piel, sólo para dar en el gusto a algun amante del lujo.
El sábado 25 de marzo, alrededor de 12 mil cazadores canadienses comenzaron un rito que, a ojos occidentales, parece definitivamente cruel: dar muerte a las pequeñas focas arpas que viven frente a las costas de ese país. Una "matanza" que durará diez días y terminará con un total de 300.000 animalitos bebés muertos. Año a año, esta tradición única en el mundo enfrenta al gobierno canadiense con los activistas defensores de los animales.
El Ejecutivo canadiense defiende su postura argumentando razones económicas. El año pasado, la zona recibió 13,7 millones de euros, dinero que se destinó a mantener a las familias que viven en ese remoto lugar de Canadá, que en los últimos años han visto decaer su tradicional negocio de pesca. En parte, culpan al aumento de las poblaciones de focas el colapso del bacalao en Terranova, desde principios de los años 90. Y las comunidades de pescadores de Quebec y Newfoundland ganaron unos US$14.5 millones por la venta de carne y piel de focas.
Es "una cosecha anual basada en razones económicas... Se trata de recoger animales de una manera sustentable", argumentó a la BBC Roger Simone, del Departamento de Pesca y Océanos.
El gobierno canadiense dice a su favor que la población de focas se ha triplicado desde los años 70 y que llegan a casi 6 millones. Y que la matanza es necesaria para mantener bajo control el número de focas.
Mark
Small, presidente de los cazadores de la costa noreste, expuso sus razones a
la agencia de noticias Associated Press: "Creo que los canadienses se dan
cuenta que somos gente de la costa que vive del mar y que depende de la caza
para sobrevivir en pequeñas comunidades donde no quedan peces".
"Las comunidades costeras tienen que vivir también", precisó.
Los ecologistas en acción
Pero a los ecologistas les parece que estos argumentos no se sustentan. Desde Greenpeace hasta famosos "verdes" se están movilizando para terminar con este cruel negocio. Paul Mc Cartney y su esposa grabaron un video llamando a oponerse y la ex sex symbol Brigitte Bardot pidió que se prohiba esta matanza.
La ONG preparó un fundamentado informe, donde dice que es irresponsable y científicamente injustificable que el gobierno canadiense permita la matanza de casi un millón de focas (en el período 2003-2005) cuando sus propios científicos son incapaces de determinar los tamaños de las manadas, el número preciso de focas cazadas o los impactos de factores externos, como el cambio climático en la salud de las poblaciones de esta especie.
Mhari Dunlop, de Greenpeace Internacional, aseguró en el sitio web de la organización que "el gobierno de Canadá tiene una larga historia de mal manejo de los ecosistemas marinos, lo que ha ocasionado depredación de la biodiversidad marina y que las industrias pesqueras y de la cacería de focas sólo tengan rendimientos en el corto plazo".
"La cacería canadiense de focas: sin plan y sin manejo" se llama el estudio de Greenpeace, que acusa que:
- Las cuotas de caza carecen de justificación científica. La cifra autorizada para 2003-2005 es de 975 mil focas bebé, pero este número no considera un volumen no contabilizado de focas cazadas ilegalmente, o que son matadas y desechadas debido a que tienen algún daño en la piel, así como las que son cazadas por sus órganos y que no son incluidas en el conteo de pieles.
- Las proyecciones de las poblaciones de focas se basan en el supuesto de que los factores ecológicos y biológicos se mantendrán sin cambios en el corto y largo plazo.
- Debido a que la cacería de focas se dirige a los cachorros (95 por ciento de las focas cazadas tienen más de 14 días de nacidas pero menos de un año de edad) que no alcanzarán la edad reproductiva, los impactos en la manada pueden tardar hasta diez años en hacerse evidentes, por lo que las tendencias no pueden ser determinadas sino hasta 15 años después. El gobierno canadiense se ha basado en lapsos de 5 años, lo cual no es aplicable a la matanza de focas.
Un jugoso negocio
Pero sucede que la piel de las focas arpas bebés es muy apreciada en el mercado internacional. Tanto, que el arma preferida de los cazadores es un palo con garfio en el extremo, ya que con él golpean a la foca en la cabeza. La muerte del animalito es más dolorosa, pero así no se daña la piel de su cuerpo.
La
piel de las focas es muy apreciada en Rusia y en otros países del Este
de Europa, o en Noruega y Asia. Cada piel se vende por más de 35 euros,
el doble que en 2001, tomando en cuenta, incluso, que la piel que se caza actualmente
no es tan apreciada como la recubierta por el pelo blanco. La
grasa y la carne de algunas focas también se aprovecha, aunque en menor
medida que las pieles.
Según una encuesta financiada por el mismo gobierno de Canadá en febrero del año pasado, el 60% de los canadienses apoya la práctica de la caza anual de focas que se remonta, según el gobierno, a 3.000 años.
¿Un pueblo bárbaro y primitivo?
El problema de este año es que el hielo está cubriendo menos superficie de lo normal debido al invierno "benigno" que está terminando en el norte de Canadá.
Y la falta de hielo dificulta la caza. El hielo facilita la tarea a los cazadores, que pueden caminar sobre él para ir en busca de sus presas. Pero también son flotadores vitales para las focas. Las crías, cuando nacen, pasan sus primeros días de vida sobre los témpanos, porque no saben nadar. Si caen al agua, mueren, y eso es lo que ocurre en temporadas como ésta.
Es decir, las focas enfrentan una doble amenzada: por un lado un invierno liviano, impacto del cambio climático, y por otro la caza comercial. Es en esta época cuando las focas acuden a las costas heladas del golfo de San Lorenzo a alumbrar a sus crías. Y cuando los cazadores las matan, las crías aún no saben nadar y están indefensas.
El gobierno de Canadá argumenta que las focas son una "plaga" en su territorio y hace oídos sordos a las protestas de ecologistas. Además, critica a los ecologistas por lo que considera una "campaña de difamación", ya que según la autoridad, siempre se muestra a las focas de pelo blanco, pero la caza de estos ejemplares, que tienen menos de 12 días, está prohibida desde 1987.
Dicen que hay una campaña mundial contra los hábitos y costumbres de un pueblo que aparece a los ojos del mundo como bárbaro y primitivo.
Por su parte, los ecologistas afirman que estos argumentos son verdades a medias, ya que es cierto que la población de focas ha crecido, pero lo que no dice el gobierno es que en los años 70 se llegó al mínimo histórico en la población de focas, y tampoco que las grandes matanzas de los últimos años están mermando la población.
A
esto agregan que aunque ya no se cazan focas de pelo blanco, el 90 % de los
animales cazados tienen menos de tres semanas, y que la realidad de esta matanza
de focas de semanas, por ende, se hace para poder vender la piel, que es un
producto que nadie necesita. Es sólo un lujo más.
Según los defensores de los animales, los cazadores abaten a las focas, las despellejan aún moribundas y las dejan sobre el hielo... El gobierno desmiente diciendo que esta descripción es sólo un mito y que a veces las focas pueden parecer que se mueven incluso después de muertas.
Y es que muchas cosas han cambiado desde que Brian Davies, creador del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), Paul Watson y Bob Hunter (ambos fundadores de Greenpeace), empezaron a protestar contra la caza de focas a finales de los años 60.
Atrás quedaron las tácticas de colocarse sobre el hielo delante de los barcos de los pescadores para bloquear su paso o marcar con pintura las pieles blancas de los cachorros para hacerlas inservibles para su uso comercial.
Esas campañas sensibilizaron a la opinión pública europea hasta el punto de que en 1983 el Parlamento Europeo estableció la prohibición de importar productos derivados de cachorros de foca, lo que en la práctica acabó hasta 1996 con la caza comercial de estos mamíferos marinos.
Pero la desaparición de los caladeros de bacalao en las costas del Atlántico canadiense y el nombramiento como ministro de Pesca de Brian Tobin, supuso la revitalización del sector. Hoy, Estados Unidos y la Unión Europea tienen prohibida la importación de productos obtenidos de estas focas. Y la conciencia creciente en el mundo de que no se puede matar animales sólo para hacerse un lindo abrigo ha aumentado crecientemente desde los años 60.
Las organizaciones como la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos (HSUS) o IFAW sólo pueden observar la caza y documentar las actividades de los pescadores, en algunos casos, para presentar denuncias por el trato inhumano que dan a los animales.
Pero mientras quede una persona dispuesta a pagar un carísimo abrigo de piel de foca, habrá interesados en matar a los pequeños mamíferos.
| Fuentes:
El Progreso - Canal
Sur - El País
- El Economista
- La Crónica de Hoy - ABC - 20 minutos Fotos: Greenpeace - Ifaw 30/03/2006 |