





El método que utilizan para la búsqueda de alimento les asegura un suministro inagotable de insectos y pequeños reptiles. Deben esforzarse tanto para satisfacerlo, que la mayoría de ellas duermen siesta al mediodía a la sombra de un árbol. Algunas incluso excavan un poco para extraer arena fresca sobre la cual acostarse.
Son muy rápidas atacando, no dan ninguna señal de aviso, se hacen las desprevenidas y atrapan a sus presas sin realizar ningún signo de amenaza. Así, son capaces de cazar pequeños vertebrados como serpientes, lagartos, aves y ratones. Son, además, muy resistentes a los venenos de serpientes o alacranes, lo que amplia aún más su dieta.
A esto se une una magnífica vista, binocular y en color, que les permite localizar muy bien a sus mayores depredadores: las aves rapaces. Son capaces de detectar hasta un pequeño pájaro a una distancia que las personas ni siquiera veríamos, entonces dan un aviso y se esconden.
Son muy cooperativas unas con otras. Esto es especialmente evidente en su modo de cuidar de la camada. Los recién nacidos son el centro de atención durante sus dos primeras semanas de vida. Tanto ellas como la madre son visitados constantemente por el resto del grupo. Y cuando la madre por fin los saca de la madriguera por primera vez, se les da una afectuosa bienvenida: toda la colonia acude dando chillidos de regocijo.
Por
algunas semanas, todo el grupo colabora en la crianza. Muchas suricatas se turnan
para quedarse con las crías mientras las demás van de caza. Imagínate
que algunas hembras producen leche de manera espontánea para amamantarlas.
Y cuando
la crías están lo suficientemente grandes como para abandonar la
madriguera y unirse a la cacería diaria, los adultos se turnan para enseñarles
con paciencia el arte de la caza, aunque eso signifique pasar hambre ese día.
Cada comunidad cuenta con una jerarquía social perfectamente establecida y organizada. Son como matriarcados, ya que las hembras son las que mandan. Dentro de una comunidad de suricatas, normalmente sólo hay una o dos parejas reproductoras y el resto del grupo les ayudan a cuidar a los hijos.
La época del cortejo se extiende durante la estación lluviosa, y es fácil reconocer la situación porque el macho y la hembra pelean entre sí. Unas discusiones que inician, generalmente, las propias hembras mordiendo las mejillas del macho.
Dentro de su comunidad, un miembro especialmente curioso es el vigía. A éste se le ve en los sitios más altos del territorio, sobre las rocas o en una de las ramas, adoptando la postura típica de la suricata: en posición erguida sobre sus dos patas traseras con la cola en el suelo, haciendo la llamada cola de trípode y, normalmente, con su pelaje erizado dando así la impresión de ser más grande.
Los avisos es otro aspecto llamativo de esta simpática especie. Los suricatas tienen un "repertorio" de sonidos muy amplio: ladridos, chillidos, gemidos... y cada uno tiene un significado: unos son de aviso, otros de placer y otros de defensa.
| Fuentes:
EMOL - Yahoo
- Wikipedia
- El
Mundo - Esmas - Cali
es Cali Fotos: Lionking.org - Wikipedia 26/10/2006 |