Verse gordo o flaco... ¿una ilusión óptica?

Científicos británicos aseguraron que el córtex parietal posterior, ubicado por encima de nuestras orejas, es el que nos da la "percepción" que tenemos de nuestro peso y tamaño. En un experimento, los investigadores descubrieron una gran actividad en aquella zona al aplicar vibraciones en los tendones de las muñecas de un grupo de personas sometidas al estudio, las cuales, además, se percibían más delgadas.

 

 

Horas frente al espejo, hundiendo la "panza", sacando pecho, mirándote de frente y costado, intentando con una y otra tenida.
¿Quien puede decir, con una mano en el corazón, que no ha gastado largos minutos -si no horas- buscando su mejor imagen?.

Y detrás de eso tambien fueron científicos británicos, que investigaron a un grupo de personas y trataron de entender cómo funcionan las percepciones frente al espejo.

Sucede que de acuerdo a un estudio publicado en la revista Public Library of Science Biology, el que uno se sienta y vea gordo o flaco tiene que ver directamente no necesariamente con la cruda realidad, sino ¡con una ilusión construida en nuestros cerebros!.

El trabajo, conducido por el University College London (UCL), utilizó la llamada "ilusión de Pinocho" para estudiar los cerebros de 17 individuos mientras experimentaban la sensación de que sus cinturas encogían.

El estudió reveló qué partes del cerebro están involucradas en la imagen corporal y arrojó algunas pistas sobre la anorexia y el desorden de dismorfofobia que padecen quienes se preocupan exageradamente por un defecto pequeño o imaginario de su cuerpo, y frecuentemente sobrestiman o subestiman su verdadero tamaño corporal.

¿Pero qué pasó con estos 17 voluntarios durante el experimento?... Cuando colocaban la mano sobre cualquier parte del cuerpo, un movimiento imaginario de la muñeca les hacía pensar que esa parte del cuerpo se estaba reduciendo o aumentando de tamaño.

Y esa es justamente la técnica que se conoce como ilusión de Pinocho, porque uno siente que la nariz se alarga cuando nos tocamos la punta de la nariz. Según los científicos es una forma de engañar al cerebro y manipular la imagen del cuerpo.

El experimento

El estudio fue guiado por el doctor Henrik Ehrsson, del Instituto de Neurología del UCL. Él utilizó la ilusión de Pinocho en combinación con la técnica de la resonancia magnética funcional para estudiar los cerebros de sus voluntarios.

Por medio de la resonancia magnética funcional, los científicos e investigadores pueden detectar e identificar áreas del cerebro durante su actividad, a diferencia de las imágenes tradicionales de resonancia magnética, que sólo aportan una visión anatómica del cerebro.

A cada uno de los voluntarios se les puso en su muñeca un dispositivo que vibraba en la cintura para estimular el tendón y crear la sensación de que la articulación se estaba flexionando. Cuando colocaban la mano sobre cualquier otra parte del cuerpo, ese movimiento imaginario de la muñeca les hacía pensar a los voluntarios que esa parte del cuerpo se estaba reduciendo o aumentando de tamaño.

Por ejemplo, con la mano en la cintura, los voluntarios sentían que ésta se inclinaba hacia su cuerpo, creando la ilusión de que se les estaba encogiendo. De hecho, durante el ejercicio del tendón, todos los participantes sintieron que su cintura se había encogido hasta un 28%.

Observando por medio de la resonancia magnética, los investigadores encontraron altos niveles de actividad en el córtex parietal posterior, justo encima de nuestras orejas, un área del cerebro que integra información sensorial de diferentes partes del cuerpo.

Los voluntarios que sintieron la mayor sensación de reducción, también mostraron la mayor actividad en esa región del cerebro, lo cual para los científicos apoyó aún más la idea de que nuestros cerebros computan el tamaño de nuestro cuerpo integrando señales de la piel, los músculos y las articulaciones, así como también otras pistas visuales.

De acuerdo a los científicos, cada día procesamos información acerca del tamaño de nuestro cuerpo, tales como el sentirnos delgados o gordos cuando nos ponemos la ropa o cuando pasamos por una puerta angosta.

Sin embargo, a diferencia de otros sentidos corporales más elementales, como el movimiento de los miembros, el tacto y el dolor, no hay receptores especializados en el cuerpo que envíen información al cerebro acerca del tamaño corporal.

En lugar de eso, el cerebro parece crear un mapa del cuerpo integrando las señales de las partes relevantes, como la piel o los músculos, junto con claves visuales. Otros estudios demostraron que cualquier daño a la corteza parietal puede hacer que la gente sienta que la forma de su cuerpo cambió.

Por ejemplo, la gente que sufre de migrañas con aura (aquellas que van seguidas de síntomas como visión borrosa, visión de manchas negras que se mueven e incluso hormigueo en manos o en comisuras labiales y lengua) puede experimentar a veces un fenómeno denominado síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, en el que sienten que varias partes de su cuerpo se achican. Esto también podría estar vinculado con la misma región del cerebro.

Por lo mismo, los científicos creen que una corteza parietal con poca o mucha actividad sería parcialmente responsable de estados como la anorexia y el trastorno dismórfico del cuerpo.

El equipo del profesor Ehrsson espera ahora repetir el experimento en personas con estas enfermedades, para establecer si la actividad en esa región cerebral difiere de las de las personas sanas.

También han pensado llevar a cabo otros experimentos estimulando esta región del cerebro en personas sanas, para observar y estudiar qué es lo que sienten las personas obesas y las delgadas, lo que podría desembocar posiblemente en algún nuevo tipo de tratamiento para trastornos como la anorexia.

 

Fuentes: Clarín - La Nacion online - 20 Minutos - 26 Noticias
Fotos:Familia.cl
05/12/2005