






"Generación del pulgar"
La de las manos diferentes
"La necesidad crea el órgano", dice la sabiduría popular. Una frase que se puede aplicar muy bien por estos días. En estudios recientes se descubrió que los niños que crecieron manipulando teléfonos celulares o consolas de juego cambiaron la forma clásica de uso de los dedos: de los índices pasaron a los pulgares para enviar e-mail, marcar teclas, utilizar joysticks, tocar el timbre y señalar cosas.
¿Eres de aquellos que para enviar mensajes de texto utiliza ambos pulgares simultáneamente, sin necesidad de ver las teclas del teléfono celular?... ¡Entonces perteneces a la llamada generación del pulgar!...Presta mucha atención.
Los jóvenes que rondan los catorce años tienen una característica que los diferencia de las generaciones que les preceden: usan el pulgar en tareas donde las generaciones anteriores utilizan el ínidice.
De los índices pasaron a los pulgares para enviar e-mails, marcar teclas, utilizar joysticks, tocar el tiembre y señalar cosas, aunque se trata de algo que ocurre particularmente en el envío de mensajes de texto.
De acuerdo a estudios recientes realizados por la doctora Sadie Plant, directora de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética de la Universidad de Warwick, en Canadá, esta costumbre es consecuenciencia del "entrenamiento" que sufren las manos de los jóvenes con el uso de los aparatos electrónicos.
Los niños que han crecido manipulando teléfonos celulares o controles de juego, han modificado el uso habitual de los dedos y la habilidad en su manejo, desplazando la habilidad del dedo índice al pulgar.
La experta analizó durante seis meses los hábitos de jóvenes en nueve grandes ciudades del mundo, en quienes comprobó una capacidad particular para escribir una gran cantidad de palabras por minuto haciendo los movimientos mínimos, mientras que aquellos menos acostumbrados a los celulares utilizaban uno o más dedos para acceder al teclado.
Algo
bastante curioso, ya que la habilidad que se le asigna al pulgar se le resta
al índice, mejor entrenado en generaciones anteriores con el manejo del
lápiz y la escritura manual. Por otra parte, al utilizar ambas manos
para escribir en el celular, hace que los jóvenes tengan más habilidad
en ambas manos, en contraposición de la destreza centrada en una única
mano de los mayores.
De acuerdo a las observaciones de Plant, quien analizó, entre otras ciudades, la situación en Londres, Pekín, Chicago y Tokio, los pulgares de estos jóvenes son más musculosos, fuertes, vigorosos y hábiles, y los utilizan instintivamente en forma ambidiestra, para realizar actividades en las que sus padres, por ejemplo, usan el índice.
Existen incluso compañías en Japón, país particularmente sensible al uso de la tecnología celular, que han comenzado a observar la transformación de las manos para adaptar sus nuevos productos.
La científica considera que esta transformación será común en todos los países en un lapso no mayor a diez años, ya que la relación entre la tecnología y sus usuarios es mutua.
El cambio no es sólo físico: existe también una dependencia hacia el aparato telefónico:en ciertos casos la tecnología se ha convertido en una segunda naturaleza, una segunda piel. Ésta es la primera vez que tenemos una tecnología que puede ser fácilmente transportada con nosotros. Es por esto que las personas se sienten completamente perdidas, desestabilizadas, cuando pierden su teléfono (celular). Sienten como si hubieran perdido una parte de sí mismas (Sadie Plant, La Flecha).
Factor neuronal
Pero lo que más llama la atención es que hasta ahora se opinaba que un cambio de esta naturaleza precisaba del paso de generaciones, ya que se suponía que para adquirir estas destrezas se requería de adaptaciones genéticas.
Científicamente hablando, el hecho constatado demuestra que el cerebro infantil tiene una plasticidad superior a la calculada, lo que permite adaptarlo a los cambios, creando los sinapsismos neuronales necesarios para utilizar en el control de sus pulgares áreas cerebrales que en las antiguas condiciones se hubieran destinado al control de otros órganos.
De
acuerdo al doctor Alejandro de Marinis, neurólogo de la Clínica
Alemana, esto se debe a una característica propia del cerebro humano
que nos permite adaptarnos al entorno y, en definitiva, sobrevivir:
La plasticidad del cerebro se expresa en tres niveles: la sinapsis - conexión entre neuronas - se hace más rápida, y los niños muevan sus pulgares con destreza y rapidez; la capacidad de establecer nuevas conexiones, lo que ayuda a realizar mejor una tarea; y el uso de zonas del cerebro para otras actividades según los requerimientos.
A pesar de lo gráfico que parece el caso de la Generación del Pulgar, el doctor de Marinis afirma que nuestra evolución no está basada en estos cambios, ya que el desarrollo del lenguaje implicó un cambio importantísimo para el hombre, al igual que la necesidad de potenciar las capacidades visuo-espaciales para cazar animales y defenderse.
En estos casos, desarrollar estas habilidades se transformó en una ventaja selectiva, es decir, aquellos que las poseían tenían mayores probabilidades de reproducirse y a la larga toda la especie pasó a tener estas características.