Hijo agresivo, ¿Qué hacer si tu niño es agresivo?

Hijo agresivo, ¿Qué hacer si tu niño es agresivo?

¿Es tu niño un hijo agresivo? Cuando aún no han aprendido a hablar, es común que los bebés recurran a la fuerza para expresar disgusto o molestia. ¿Cómo debemos actuar?

A veces, para los niños pequeños que aún no son capaces de expresarse con palabras, pegar es la forma más eficaz que conocen para demostrar enfado o frustración. Por ejemplo, si sienten que otros les quitan sus juguetes, intentarán defenderse como puedan: algunos lo harán pegando, otros arañando, mordiendo o tirando del pelo.

Estas muestras de agresividad no deben ser motivo de alarma para los padres, pues, a medida que los niños adquieran el dominio del lenguaje, irán disminuyendo. Sin embargo, tampoco deben ser ignoradas y deberían ser manejadas, interviniendo para poner control sobre las agresiones.

Frases como No hagas eso, Pegar está mal, Hace daño, son frases muy sencillas que un niño de un año debería poder entender. Y aunque no sea capaz de captar su significado como adulto y demore meses en saber qué es lo que estamos pidiendo de ellos, el bebé entenderá lo suficiente como para darse cuenta que sus padres no aceptan ese comportamiento agresivo, por lo que no puede hacer todo lo que quiere.

Cada vez que agreda a otro niño, hay que repetirle estas palabras con cariño, pero también con firmeza.

La importancia de ser un buen ejemplo

Si le dices a tu hijo que no debe agredir a otros niños y, al mismo tiempo, le golpeas en la mano por haber roto algo o haber tomado algo que no debía tomar, el bebé está recibiendo dos mensajes que son contradictorios y que lo único que harán es que se confunda.

Todos los niños aprenden imitando otras conductas y necesitan tener un modelo que les enseñe a relacionarse con los demás niños de una forma socialmente aceptable. Lo que debes transmitir a tus hijos es que los conflictos siempre se pueden solucionar de una forma pacífica, mediante el uso de palabras y que no hay espacio para las agresiones.

En casos más extremos, cuando un niño crece en un hogar en que predomina el maltrato físico, a futuro puede desarrollar un comportamiento violento con sus hermanos o con animales.

Enseñarle a decir “no”

En cuanto tu bebé comienza a balbucear los primeros vocablos, se le puede enseñar a decir “no” para impedir, por ejemplo, que otros niños tomen sus juguetes o para evitar ser agredido. Esto le ayudará a expresar su disconformidad sin tener la necesidad de pasar a la acción. Más adelante, podrás completar el vocabulario con expresiones como “Es mío”, “Dámelo”, “No quiero” o “Déjame”. Desde luego, también hay que enseñarle a pedir las cosas en vez de sólo quitarlas.

Cuando un niño ha golpeado a otro, basta con que los padres le hagan saber (de forma rápida y clara) que no aprueban sus agresiones. Lo que nunca se debe hacer es decirle cosas como “Eres muy malo” o “Ya no te queremos”. Esto porque tu bebé necesita tener la seguridad de que el amor de sus padres es incondicional: “Te quiero, pero no me gusta que pegues”. También, si el bebé se siente avergonzado, es más probable que aumente su enfado y no quiera colaborar.

Su comportamiento tampoco debe ser motivo para prohibirle jugar o interactuar con otros niños. En realidad, lo esperable en un niño tan pequeño es que aún no esté preparado para jugar en grupo ni sepa compartir sus cosas con los demás. Por esto, es un error pretender lo contrario. Sin embargo, el niño necesita la presencia de sus semejantes y, sólo puede aprender a comportarse en grupo y a respetar a los demás si tiene la posibilidad de estar en compañía de otros niños.

Más autonomía

Es bueno conceder a los niños la oportunidad de que puedan resolver sus disputas por sí solos, pero siempre bajo la mirada de un adulto que pueda actuar inmediatamente si fuese necesario. Tu hijo está aprendiendo a ser independiente y a separarse de ti. Por lo mismo, debe aprender a elaborar una rivalidad que es natural en el ser humano. Cuando dos niños se transan en un conflicto, si su integridad física no corre peligro, es preferible que cuentes hasta diez antes de intervenir.

Distraer la atención

Una manera muy eficaz y efectiva de frenar a un niño agresivo sin tener que separarlo del grupo es animarle a cambiar de actividad. De esta forma, lo más probable es que olvide enseguida el motivo de la pelea y se concentre feliz y entusiasmado en el nuevo juego. Además, cada vez que se junten dos o más niños de esta edad, lo más inteligente es asegurarse que haya suficientes juguetes para todos. Una medida tan simple puede evitar más de un conflicto innecesario. A menudo, la supervisión de los padres también sirve para persuadir al agresor.

Destacar sus logros

Al igual que un pequeño recibe una llamada de atención cuando ha agredido a otro, debe escuchar un elogio o aplauso cuando se está portando bien. En esos momentos, es importante resaltar sus cualidades y dejarle claro que sus padres se sienten orgullosos y satisfechos con su comportamiento. Los elogios no solamente sirven de estímulo, sino que también le ayudan a diferenciar lo que está bien de lo que está mal.

Rodearle de afecto

Un entorno que esté lleno de amor y comprensión es el mejor antídoto contra la agresividad infantil. Esto no tiene nada que ver con permitir que los hijos hagan todo lo que se les antoje. Una educación excesivamente complaciente y permisiva resulta tan perjudicial como un ambiente demasiado rígido y autoritario que frustra constantemente las expectativas del niño.

Ser comprensivos y pacientes

Lo normal es que el niño aprenda poco a poco a controlarse, dominando sus impulsos agresivos y demostrando su hostilidad de maneras menos violentas. Pero esto sólo podrá lograrlo si los padres están de su parte, acompañándole y apoyando en todo momento. EL pequeño tiene todo el derecho del mundo a enfadarse y es normal que a su edad lo manifieste de forma anárquica y desorganizada.

Si, a pesar de todo, el niño continúa invariablemente con sus ataques, se vuelven más frecuentes o comienza a pegar a los padres sin motivo aparente, será necesario reflexionar sobre el origen de sus acciones. Pueden ser problemas en la familia, celos, tensiones en el hogar, etc. Lo importante es averiguar qué es lo que le hace sentirse inseguro o infeliz.

Jugar para canalizar las emociones

Algunas corrientes psicológicas y filosóficas sostienen que en todos nosotros existe un potencial de agresividad que siempre se manifiesta en edades tempranas ante situaciones hostiles. Pero este sentimiento es neutralizado por el amor que el niño recibe de su entorno, en especial de sus padres.

La educación también influye y, en ese sentido, tan negativo es imponer a los niños unas restricciones muy severas, como ser demasiado indulgentes. Cuando si hay que dejarles expresar libremente sus sentimientos es durante el juego. Si están alegres, abrazan, acarician y dan besitos a sus muñecos. Si están malhumorados, los golpean o muerden. Es una forma normal de canalizar sus impulsos agresivos que los padres deben permitir.

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