Así se habla en Chilito

Desde siempre, los chilenos hemos tenido nuestro propio idioma -poco entendible para los extranjeros- el que vamos modificando de generación en generación. Algunas palabras y frases se incorporaron para siempre a nuestro léxico. Otras quedaron en el olvido.

Aquí está la dura...

 

 

No somos callados, somos piolas
No nos apuramos, apretamos cachete
No somos esforzados, somos aperrados
No trasnochamos, pasamos de largo
No tenemos amigos, tenemos compadres
No tenemos problemas, tenemos ataos
No somos buenos, somos secos
No mentimos, vendemos la pomá
No decimos la verdad, contamos la dura

El año pasado la publicidad de una cerveza dio cuenta de un verdadero "diccionario chileno"... y dio en el clavo. Así somos, así nos gusta, dicen los spots. Y aunque las palabras "chilenas" van cambiando de generación en generación, hay muchos conceptos que se mantienen inalterables con el correr de los años.

Me dejaste como "chaleco de mono"
¡Por la chupalla!
¿Estás enfermo del chape que me emborrachas tanto la perdiz?
Esto me huele a chirimoyo, vamos a tener que estar ojo al charqui
¡No le pidas peras al olmo!
Dijo zamba y canuta, y le puso harto pino...

No es fácil para los extranjeros entender el "chileno". Nuestro idioma incorpora una serie de "chilenismos" que requieren traducción para quienes no han nacido o vivido en nuestra ancha y angosta faja de tierra.

Lo mismo pasa en todos los países de América que hablan el español y donde lo mejor es chévere (Venezuela), se quejan de la falta de laburo y guita (Argentina), o te prometen el trabajo para "ahoritira" o "luego, luego" (México). Cada idioma tiene vida propia y el español no es la excepción.

No significa que todos usen estas palabras, pero siempre nos estaremos topando con ellas, sobre todo si pensamos que han sido tomadas de elementos que encontramos en nuestro folclore y cultura popular.

Chilenismos en orden alfabético

Aguaitar: Esperar.
Barsa: Fresco, sinvergüenza, ganso.
Bacán: fantástico, top
Caerse el casette: Cuando alguien cuenta un secreto o una confidencia que le han confiado a otra persona.
Doblado: Muy borracho, drogado, inconsciente.
Emplumárselas: irse, retirarse.
Fiambre: calificativo para hediondo, podrido.
Gil: Tonto, leso.
Hachazo: malestar matinal producido por el exceso de alcohol del día anterior.
Irse al chancho: Excederse, sobrepasarse, abusar.
Julero: mentiroso.
Kilterry: Perro sin raza determinada, producto de una mezcla poco fina. Calificativo para quiltro, "perro de la calle".
Ladrillo: Calificativo para alguien que no es simpático.
Mula: Mentira, algo decepcionante, frustrante.
N: Mucho, harto, bastante.
Pegar en la nuca: Engañar a alguno de los esposos, abusar.
Quedao: Alguien que no es muy activo, con poca iniciativa.
Rajarse: Correr con los gastos de una invitación.
Sacarse el pillo: Justificarse, argumentar una situación, librarse de culpas.
Tete: Problema, conflicto, asunto.
Último: Lo peor, malo, pésimo.
Vale callampa: Sin valor, sin importancia.
Wendy: Algo bueno. A veces se usa en forma irónica.
Yunta: Mejor amigo, partner, compañero, compadre
Zombi: dormido, con sueño, medio inconsciente.
Echar la foca: enojarse con alguien.

Grabados en nuestra lengua

Muchos de nuestros dichos populares también son conocidos como proverbios o refranes. Son afirmaciones breves, de uso popular, que por lo general expresan las creencias y las ideas propias de alguna comunidad, nación o país.

La mayoría de estos dichos se han arraigado en el folclore nacional y han sido transmitidos por vía oral.

Tras algunas modificaciones, quedan grabados en la lengua, lo que les permite estar en textos escritos de tipo histórico o didáctico, e incluso en obras muy conocidas; en otras palabras, en la "lengua culta".

Los proverbios y dichos populares son una parte tan importante de nuestro folclore, que desde sus orígenes han constituido uno de los objetivos primordiales de las investigaciones folclóricas, tanto entre los humanistas como entre los sociólogos y antropólogos.

Y mucho ojo: son parte "espiritual" del folclore chileno, no material. Son anónimos, populares, tradicionales, se transmiten en forma oral de generación en generación, y han sido adoptados por la comunidad. Por lo mismo, se enmarcan en la categoría de folclore.

Dejar a una persona como “chaleco de mono” es hacerle pasar una vergüenza, desacreditarla y menospreciarla.

El dicho "por la chupalla" es una expresión burlesca, que manifiesta sorpresa y asombro ante alguna situación.

En la vida cotidiana, el término "emborrachar la perdiz" se utiliza cuando alguien habla demasiado y logra "marear" a la otra persona, y la expresión “está enfermo del chape” se usa cuando alguien tiene ideas raras y un poco locas, o cuando alguien definitivamente presenta alteraciones mentales.

Cuando se dice que un cheque “huele a chirimoyo” significa que se duda de la existencia de fondos para cobrarlo, y la expresión “ojo al Charqui” tiene relación a cuando uno debe estar atento y poner cuidado frente a alguna situación de peligro o amenaza.

"Pedirle peras al olmo" se usa para designar peticiones que son imposibles de cumplir o realizar. Hacer algo con mucho esfuerzo, sacrificio y hartas ganas es sinónimo de “ponerle pino”. Y el término "zamba y canuta" significa decir verdades, por muy fuerte que éstas sean.

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