






Irónico, claro y sutil
C.S Lewis nació el 29 de noviembre de 1898 en Belfast, y ya en 1925 enseñaba filosofía y literatura. Sus obras más famosas son la "Trilogía de Ransom", formada por las novelas de ciencia-ficción Más allá del Planeta Silencioso, Perelandra y Esa Fuerza maligna; y Las Crónicas de Narnia.
En la mayoría de sus novelas de ficción incluyó numerosos elementos religiosos, y también escribió varias obras sobre el cristianismo. Siempre, dominando el arte de argumentar, con una dialéctica irónica y sutil.
C.S Lewis era ateo, y tenía su razón para ello. Desde la temprana muerte de su madre sentía el universo como un espacio terriblemente frío y vacío, donde la historia humana era gran parte una secuencia de crímenes, guerras, enfermedades y dolor. "Si me piden que crea que todo esto es obra de un espíritu omnipotente y misericordioso, me veré obligado a responder que todos los testimonios apuntan en dirección contraria".
| Su
bibliografía Ficción -The
Pilgrim's Regress Otras obras -
The Allegory of Love (1936)
|
"La solidez y facilidad de mis argumentos planteaban un problema: ¿Cómo es posible que un universo tan malo haya sido atribuido constantemente por los seres humanos a la actividad de un sabio y poderoso creador? Tal vez los hombres sean necios, pero es difícil que su estupidez llegue hasta el extremo de inferir directamente lo blanco de lo negro".
"Para
un cobarde como yo, el universo del materialista tenía el enorme atractivo
de que te ofrecía una responsabilidad limitada. Ningún desastre
estrictamente infinito podía atraparte, pues la muerte terminaba con todo
(...). El horror del universo cristiano era que no tenía una puerta con
el cartel de 'Salida'".
En 1927 C.S. Lewis se incorporó al frente francés de la Primera Guerra Mundial. Un año más tarde cae enfermo y es enviado al hospital de Le Tréport, donde estuvo tres semanas.
En
ese lugar leyó por primera vez un ensayo de Gilbert Keith Chesterton. Nunca
había oído hablar de él, ni tampoco sabía qué
pretendía. No obstante, lo conquistó inmediatamente, pese a que
su pesimismo, ateísmo y miedo hacia el sentimentalismo lo deberían
haber transformado en un autor totalmente lejos de sus gustos. Y es que Chesterton
fue un católico militante, aunque no del todo ortodoxo, y abordó
en sus escritos la defensa de su fe.
Cuando terminó la guerra entró a estudiar en Oxford filosofía y literatura inglesa. Fueron años de intensa formación intelectual y de innumerables lecturas. No obstante, sus libros y autores preferidos no compartían para nada su visión de la vida: estaban cargados de cristianismo. Eso le pasó con Chesterton, George MacDonald, Johnson, Spencer, Milton, Platón, Esquilo y Virgilio.
Al contrario, Shaw, Wells, Mill, Gibbon y Voltaire, autores con los que su afinidad debería haber sido total, no lograron convencerlo. Sólo le parecían entretenidos; pero poco profundos, simples y sin dramatismo para enfrentar la vida.
Terminó sus estudios con las máximas calificaciones y pasó a formar parte del equipo de profesores del Magdalen College, donde enseñó filosofía. Allí, nuevos amigos provocaron "la caída de sus viejos prejuicios", especialmente Tolkien, quien era filólogo y papista.
A estas alturas el ateísmo de Lewis estaba quedando atrás. Volvió a leer a Chesterton, específicamente el Everlasting Man, donde por primera vez vio toda la concepción cristiana de la historia, expuesta de una forma que para él ahora parecía tener sentido. Pero le ocurrió otra cosa: "A principios de 1926, el más convencido de todos los ateos que conocía se sentó en mi habitación al otro lado de la chimenea y comentó que las pruebas de la historicidad de los Evangelios eran sorprendentemente buenas. 'Es extraño', continuó, 'esas majaderías de Frazer sobre el Dios que muere. Extraño. Casi parece como si realmente hubiera sucedido alguna vez'. Para comprender el fuerte impacto que me supuso tendrías que conocer a aquel hombre (que nunca ha demostrado ningún interés por el cristianismo). Si él, el cínico de los cínicos, el más duro de los duros, no estaba a salvo, ¿a dónde podría volverme yo? ¿Es que no había escapatoria?".
Lewis
sentía que el mundo y todas las cosas se habían unido en su contra
y que su Dios filosófico empezaba a agitarse y a levantarse. Así,
hacia la festividad de la Trinidad, en 1929, cedió y admitió que
Dios era Dios y rezó de rodillas. Hasta ese momento, Lewis pensaba que
el centro del universo era un lugar, no obstante, se encontró con que era
una "Persona".
Años después de su conversión, en 1940, Lewis escribe por encargo The problem of pain (El problema del dolor), donde reconoce que es muy difícil imaginar un mundo en el que Dios corrigiera los continuos abusos cometidos por el libre albedrío de sus criaturas. Un mundo donde el bate de béisbol se convirtiera en papel al emplearlo como arma, o donde el aire se negara a obedecer cuando intentáramos emitir ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos.
El dolor, la injusticia y el error - decía - son tres tipos de males con una curiosa diferencia: la injusticia y el error pueden ser ignorados por el que vive dentro de ellos, mientras que el dolor, en cambio, no puede ser ignorado, es un mal desenmascarado, inequívoco: toda persona sabe que algo anda mal cuando ella sufre. Y es que Dios, afirmaba Lewis, nos habla por medio de la conciencia, y nos grita por medio de nuestros dolores.
C.S. Lewis murió en Oxford el 22 de noviembre de 1963.
| Fuentes:
Wikipedia -
Aciprensa - Interrogantes.net
- El Poder
de la Palabra - ACI Digital
- Ocio Joven - La Higuera -Tematika - Cyara - Yahoo Movies - Entretenimiento - El Mañana Digital Citas C.S. Lewis: Interrogantes.net Fotos: CSLEWIS.ORG - Amazon 19/03/2007 |