





Nicanor Parra
Directo, espontáneo e irónico... ¡todo un antipoeta!
Cuando dio con su fórmula antipoética, pasó a ocupar un lugar importantísimo en la literatura chilena e hispana, a la cual influenció notablemente a partir de la década de los 50. Nada de métrica y ninguna metáfora en sus poesías. Más bien crítica al lenguaje lírico, el cual caricaturiza y rodea de humor, con un ritmo que se adapta a las circunstancias.
Acaba de cumplir 91 años y su obra ha sido traducida a más de 30 idiomas. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura, el Premio Reina Sofía de España y el Premio Internacional Juan Rulfo, y ha sido nominado tres veces al Nobel de Literatura por su gran aporte a la renovación de la poesía.
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Considerad,
muchachos, (Fragmento de "Autorretrato", en Poemas y Antipoemas) |
De
estatura mediana, ("Epitafio", en Poemas y Antipoemas) |
La descripción que hace de sí mismo es un perfecto ejemplo de la llamada "anti-poesía" de Nicanor Parra, poeta chileno que siempre se ha caracterizado por el uso de un lenguaje trivial, directo, espontáneo, muchas veces cargado de ironías y con un ritmo que se adapta a las circunstancias. Nada de métrica, nada de metáforas. Más bien hay una crítica al lenguaje lírico, el cual caricaturiza y rodea de humor.
Con su particular estilo, y pese a lo difícil que puede resultar brillar entre figuras como Pablo Neruda y Gabriela Mistral, Nicanor Parra logró "con creces" desarrollar y mostrar su gran talento, y obtener un lugar destacado en las letras hispanas.
Su obra ha sido traducida a más de 30 idiomas y sus "recitales" se han multiplicado a través de los años tanto en América como en Europa. Forma parte de los planes de estudios de diferentes planteles universitarios alrededor del mundo: Inglaterra, Holanda, Rumania, Rusia, Finlandia, Cuba, Suiza, Estados Unidos, Italia, Suecia, España, Argentina, etc.
Obtuvo el Premio Nacional de Literatua, el Premio Reina Sofía de España y el Premio Internacional Juan Rulfo (del cual fue el primer ganador, ya que era la primera vez que se entregaba), y ha sido nominado tres veces al Nobel de Literatura por su gran aporte a la renovación de la poesía. El forma parte de una familia de artistas de origen popular. Su hermana Violeta Parra se destacó como folclorista de calles y carpas y creó la famosísima "Gracias a la vida". Su hermano Roberto Parra ha sido intérprete de las armoniosas cuecas criollas "choras" y su historia es relatada en la popular "Negra Ester".
Roberto, el más estudioso de los hermanos, siempre se ha desempeñado entre dos mundos: el de los números y el de las letras. Pero su principal campo de acción es la poesía, aunque prefiere llamarla "antipoesía". Aunque realizó cursos de matemática y física, y fue catedrático en ambas especialidades, nunca ha abandonado su trabajo literario.
Tras largas estadías en Inglaterra y Estados Unidos, posee una gran devoción por el idioma inglés, el cual se acentuó cuando se convirtió en idólatra de William Shakespeare y su estilo isabelino. De hecho, el año pasado lanzó una singular traducción de King Lear, Lear Rey &Mendigo, que había permanecido inédita por doce años. Además, siempre ha sido gran admirador de la música y el baile "folk" y del movimiento hippie.
La antipoesía de Parra ha ocupado desde la década del 50 un lugar importantísimo en la literatura chilena, y él ha sido uno de sus protagonistas centrales.
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Sobre la lección de la antipoesía...
2. Los antipoemas deben leerse en el mismo orden en que fueron escritos. 3. Hemos de leer con el mismo gusto los poemas que los anti-poemas. 4. La poesía pasa, la antipoesía también. 5. El poeta nos habla a todos sin hacer diferencia de nada. 6. Nuestra curiosidad nos impide muchas veces gozar plenamente la antipoesía por tratar de entender y discutir aquello que no se debe. 7. Si quieres aprovechar, lee de buena fe y no te complazcas jamás en el nombre del literato. 8. Pregunta con buena voluntad y oye sin replicar la palabra de los poetas; no te disgusten las sentencias de los viejos pues no las profieren al acaso. |
"Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa. Con estas palabras Nicanor Parra ha reconocido el impacto que su poesía ha causado en la literatura nacional. Y aún hoy, después de cumplir los 91 años, sigue jugando.
Curioso y "explorador"
Nicanor
nació en San Fabián de Alico, cerca de Chillán, en 1914,
exactamente el 5 de septiembre. Su familia era campesina. Su padre era improvisador
de versos, profesor primario y músico. Su madre era tejedora, y también
tenía aficiones musicales y solía cantar canciones del folclore.
Junto a sus numerosos hermanos constituían una familia de clase media provinciana, sometida a la precaridad económica y a los continuos cambios de residencia causados por los traslados, cesantías y la personalidad desaprensiva y errática del padre.
En 1927 es matriculado en el Liceo
de Hombres de Chillán, donde cursa hasta el Quinto Año de Humanidades.
Su paso por el liceo le significó tener la experiencia de leer a poetas
chilenos, como Manuel Magallanes Moure, resultando evidente que sus primeros
versos los escribió en esta época de liceano. El propio poeta
recuerda que en aquella época escribía versos pomposos y sentimentales,
llenos de retórica y muy floridos, conforme al estilo que se usaba en
la provincia.
Vivió cortos períodos en Ancud y Lautaro. En el año 1932 se trasladó a Santiago para concluir los estudios secundarios en el Internado Barros Arana. En este lugar conoció y se hizo amigo de Jorge Millas y Luis Oyarzún, que serían con el tiempo notables escritores, y Carlos Pedraza, quien se convirtió en un importante pintor. Con ellos compartió nuevas búsquedas literarias y artísticas.
De todos los hermanos Parra, Nicanor es el único que cursó estudios más allá de los primarios.
En 1933 ingresó al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile para comenzar las carreras de matemáticas y física. No obstante, el vinculo con el internado no se interrumpió, porque tanto él, como Millas y Pedraza, financiaron sus estudios universitarios con un cargo de inspector en el Internado. En 1935 comienzan a publicar la Revista Nueva, de circulación entre inspectores, profesores y alumnos del mismo establecimiento.
Su personalidad inquisitiva y curiosa lo llevó a explorar todo el horizonte literario y cultural que lo rodeaba, descubriendo diferentes estilos, lenguajes y formas de arte contemporáneo. Este proceso traspasó toda su producción poética y lo llevó a profundizar su propia estética. En su primer libro publicado, Cancionero sin nombre (1935), incorporó la figura métrica del romance, el desarrollo narrativo de los poemas y el hablante poético como personaje de los versos.