Pueblos fantasmas, en medio del Desierto de Atacama,

son declarados Patrimonio de la Humanidad

Las oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura - ubicadas en la I Región - fueron inscritas en la lista de la UNESCO. Este privilegio, que ahora comparten con Isla de Pascua, Valparaíso y las iglesias de Chiloé, supone la obligación de restaurar las dañadas instalaciones, afectadas por la acción humana y de la naturaleza.

La historia de las salitreras se remonta al año 1850, cuando adinerados ingleses - atraídos por el "oro blanco" - llegaron a invertir en la región de Tarapacá, creando verdaderas ciudades en torno al salitre. Hoy ya no queda nada de aquel esplendor, y esas auténticas ciudades sólo son pueblos fantasmas.

 

 

 

Durante el auge de la industria del salitre, las "oficinas salitreras" del Norte de Chile eran auténticas ciudades, con teatro, hotel, comedores, dormitorios, salas de recreación, bares, piscina, iglesia o capilla y pulperías. Nada les faltaba a las personas que vivían en ellas. Claro, sólo las clases sociales más altas disfrutaban de los privilegios, mientras que los obreros sufrían condiciones laborales bastante deplorables y estaban obligados a gastar su sueldo en las pulperías, de los mismos dueños de las salitreras.

Fueron principalmente familias inglesas adineradas las que invirtieron - desde 1850 - en las salitreras de la región de Tarapacá, aportando transformaciones técnicas que aumentaron su rentabilidad. Estas familias, atraídas por el "oro blanco" del salitre, se instalaron en el árido norte de nuestro país. ¡Sesenta mil personas! llegaron a vivir en el desierto, gracias a la verdadera "transformación" que se dio en este lugar gracias a los capitales ingleses.

Sin embargo, desde la Gran Depresión de 1929, todo cambió. Las compañías salitreras y el estado chileno formaron empresas con capitales mixtos en un intento de mantener la viabilidad de la producción de salitre natural frente a la amenaza del salitre sintético, mucho más barato. En este escenario, tanto Santa Laura como Humberstone, las dos principales salitreras, fueron adquiridas por la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta (COSATAN), manteniéndose activas hasta 1960, año en que cerraron definitivamente.

Hoy todo es diferente respecto de aquellos años de esplendor. Sólo queda el recuerdo de los años de oro que ya se fueron. Actualmente las salitreras son pueblos fantasmas. Muy poco queda de la riqueza de antaño: "murallas" construidas a partir de sacos de caliche (materia prima de donde se extrae el salitre) y algunas instalaciones industriales en Santa Laura; y el centro social, comercial y público de Humberstone, con su respectiva capilla, el hotel, el teatro, la gran piscina olímpica con graderías, la pulpería, la plaza, el sector residencial de obreros y empleados, y la Casa de Administración del establecimiento.

Poco queda también de la madera de pino oregón introducida por los ingleses, y a partir de la cual se llevaban a cabo las construcciones. Los "saqueos" de esta madera - que hoy se vende muy bien -, también le han hecho mucho daño a lo que queda de estas salitreras.

Las razones de la declaración

* Las ex salitreras son una muestra a nivel mundial de arqueología industrial.

* Se valoraron también los cambios y movimientos sociales surgidos al alero de la industria salitrera. Se desarrolló una comunidad urbana extensa, con su propio lenguaje, costumbres y expresiones culturales, además de un despliegue empresarial y tecnológico.

* El dominio del desierto por parte de los hombres que desarrollaron la actividad. Pequeñas ciudades se instalaron en un clima inhóspito, en el que vivieron cerca de 60 mil personas hasta la década del '50.

* También se reconoció la industria salitrera como una influencia fundamental para la modernización de la agricultura mundial y una de las primeras empresas multinacionales. Las salitreras del Norte de Chile fueron las mayores productoras de nitrato natural en el mundo.

-Humberstone y Santa Laura son la cuarta nominación que obtiene Chile. También son Patrimonio de la Humanidad Isla de Pascua (1195), las iglesias de Chiloé (2000) y Valparaíso (2003).

Pero ahora, todo debería cambiar. Y es que, por unanimidad, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a estas dos salitreras. Y eso no es todo, porque debido a los daños que han sufrido a lo largo de los años, tanto por la acción humana como de la naturaleza, los sitios fueron declarados también lugares en peligro, lo que implica un mayor control y más fiscalización por parte de este organismo internacional.

Rescatando el pasado

Esta designación rescata no sólo la arquitectura de las ex salitreras por su valor arqueológico industrial, sino también la forma de vida que imperó en pleno Desierto de Atacama, el lugar más seco del mundo (ver recuadro).

Los 21 países que integran el Comité de Patrimonio, reunidos en Durban, Sudáfrica, basaron su decisión en que esos sitios son una muestra de arqueología industrial. El salitre fue reconocido como una actividad de impacto internacional, por haber transformado la agricultura de Europa y Norteamérica. También se valoró titánico esfuerzo de adaptar la vida humana al desierto, donde llegaron a vivir 60 mil personas.

¿Qué viene ahora? Hay mucha tarea por delante. Chile debe restaurar y conservar los sitios, preservando la identidad original. Además, deberá abrirse a la cooperación para financiar la conservación. La idea es que gestione la obtención de los recursos económicos para realizar las labores de conservación, tanto a nivel de presupuesto estatal, de privados y de entidades internacionales.

De acuerdo a los cálculos realizados hasta ahora, la restauración global de las ex salitreras cuesta cerca de US$ 4 millones. La designación de la UNESCO obliga al Estado a destinar fondos para resguardar las áreas protegidas, los que se unirán a los dineros que otorgue la UNESCO para ello.

Estos recursos se destinarán a los trabajos que ya se encuentran contemplados en el Plan de Manejo de Santa Laura y Humberstone, que dura hasta el 2009. Además, existe un listado de 31 obras urgentes a realizar, que incluyen el refuerzo estructural, medidas de seguridad para el visitante, limpieza, y selección de materiales y obras nuevas de infraestructura. Sólo esta intervención cuesta US$ 573 mil.

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