






No obstante, la biorremediación también presenta algunos inconvenientes. Si bien resulta eficaz para ciertos vertidos, como el petróleo o incluso el uranio, no puede hacer nada contra muchos tipos de vertidos.
Metales pesados como el cadmio o el plomo no son absorbidos o lo son muy dificultosamente; el mercurio es bioacumulado, lo que supone un grave riesgo para la cadena alimenticia; los pesticidas artificiales llevan moléculas que no son reconocidas como nutriente por los microorganismos. Por ello, algunos expertos recomiendan el desarrollo de productos químicos biodegradables.
Asimismo, estos sistemas necesitan bastante tiempo para que actúen, y se requiere conocer al detalle las características del vertido así como las condiciones ambientales, lo que puede suponer que un proceso que funciona en laboratorio falle en la naturaleza.
En
este sentido, algunos científicos proponen un planteamiento que combine
el campo de la ingeniería con el de la ecología, asumiendo la
complejidad del medio ambiente. Además de hongos o bacterias, la utilización
de plantas ("fitorremediación") se presenta también
como un campo prometedor.
Por su parte, los expertos en ingeniería genética creen que la utilización de organismos modificados genéticamente traerá un mayor desarrollo de la biorremediación.
Los ejemplos son muy variados: la introducción de un gen en el organismo específico para el vertido; el desarrollo de cepas biosensoras luminiscentes, que permitirían monitorizar el proceso de degradación, o la creación de plantas transgénicas para limpiar suelos contaminados.
En todo caso, aunque la biorremediación puede ser muy efectiva para procesos de descontaminación, no hay que olvidar que se trata de una técnica paliativa, por lo que hay que apostar por una política preventiva que minimice los riesgos de contaminación. Es más sencillo prevenir.... que curar.
Contra las mareas negras
Los científicos llevan años desarrollando diversos sistemas de biorremediación, especialmente para combatir los efectos de las "mareas negras", donde se han mostrado más eficaces. En definitiva, el petróleo es una fuente de carbono, un nutriente para las bacterias.
En 1978, tras el vertido del petrolero Amoco Cádiz en las costas francesas, la empresa Elf Aquitaine desarrolló un producto, el Inipo EAP 22, compuesto de urea, laurilfosfato y ácido oleico. Estas sustancias reforzaron las poblaciones de microorganismos degradadores de hidrocarburos, que contribuyeron a la limpieza del vertido. El éxito de este producto llevó, en 1989, a utilizarlo nuevamente para la limpieza de otra marea negra famosa: la del buque Exon Valdez, frente a las costas de Alaska.
Más recientemente, las labores de descontaminación del Prestige también han contado con este sistema, dado que buena parte del hidrocarburo aún está en los tanques, a una profundidad de 3.800 metros.
Por su parte, expertos de las universidades
de Granada y Texas, del Instituto de Oceanografía de Marsella y de Repsol
YPF idearon un producto biorremediador, denominado NPK, compuesto por una mezcla
de nitrógeno, potasio y fósforo, con cantidades menores de hierro
y sulfatos.
| Fuentes:
Portal
del Medioambiente - El
País - Rebelión
- Biorremediacion.org
- Wikipedia
- Explora
- Monografías
Fotos: Biorremediacion.org - OEI.org 19/10/2006 |