





La Capa
de Ozono se recuperará
más lento de lo esperado
De acuerdo a un nuevo informe, el "manto protector" del planeta se recupera más lentamente de lo que esperaban inicialmente los científicos. De hecho, tardará en regenerarse entre 5 y 15 años más de lo previsto, según la zona geográfica.
El ozono
es un compuesto inestable de tres átomos de oxígeno y se encuentra
fundamentalmente en la estratósfera, entre 10 y 50 kilómetros
sobre la superficie terrestre. Su importancia radica en que protege del peligro
de los rayos ultravioletas, lo que permite la existencia de vida en todo el
planeta.
Monitorear cómo evoluciona el "manto protector" del planeta - conocido como Capa de Ozono - es fundamental. Esto, debido a que actúa como un poderoso filtro solar, que permite la existencia de vida en todo el planeta. Sin embargo, cada vez que se entregan los resultados de los monitoreos nos encontramos con malas noticias.
La última: la capa protectora se recupera más lentamente de lo que esperaban inicialmente los científicos. Así lo informó la Organización Metereológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), quienes en colaboración con un total de 250 expertos, elaboraron un informe sobre el tema.
Así las cosas, el agujero
de ozono sobre extensiones moderadas - en las latitudes medias (entre los paralelos
30 y 60 en ambos hemisferios) - perdurará previsiblemente hasta 2049,
es decir, cinco años más tarde de lo previsto en la evaluación
anterior, realizada en 2002.
El agujero sobre la Antártida
permanecerá incluso hasta 2065, y con ello 15 años más.
Y debido a las condiciones especiales que predominan en el vórtice polar
(circulación ciclónica con vientos gélidos y violentos),
se prevé que el "agujero" de ozono en la Antártida vuelva
a aparecer periódicamente durante dos decenios más.
Los científicos de la OMM justificaron esta nueva estimación con los recientes resultados sobre los desarrollos que afectan a la capa, y señalaron que este aumento de plazos no tiene que ver con que no se haya cumplido con los acuerdos internacionales establecidos para su protección.
El
retraso previsto en la recuperación de la capa de ozono en las latitudes
medias es el principal resultado que arrojan las revisiones al alza de las cantidades
de CFC-11 y CFC-12 que contienen los refrigeradores actuales y otros aparatos,
gran parte de los cuales llegará a la atmósfera, así como
de los futuros niveles de producción de HFCF-22, producidos para sustituir
a los CFC (compuestos que contienen carbono, flúor y cloro) que, si bien
son menos nocivos, destruyen la capa de ozono.
Por su parte, la demora en la reconstitución de la capa de ozono sobre la Antártida se debe esencialmente a que las masas de aire presentes en esa región no se renuevan. Es decir, las concentraciones de sustancias nocivas para la capa de ozono tardarán más tiempo en volver a los niveles que se registraron antes de 1980, factor que se ha tenido en cuenta en la nueva evaluación.
Si bien el retraso en la recuperación de la capa de ozono es motivo de decepción, el informe también destaca que después de haber alcanzado un máximo entre 1992 y 1994 en la tropósfera y a finales de los años noventa en la estratósfera, las concentraciones de sustancias que destruyen la capa de ozono siguen disminuyendo. Además, debido al cambio climático mundial las condiciones atmosféricas actuales son distintas de las que existían antes de la formación del agujero de la capa de ozono, lo cual puede tener una incidencia en la reconstitución de la misma.
Por lo mismo, es indispensable mantener y mejorar las capacidades de observación y de evaluación, por un lado, para disociar los efectos debidos al cambio climático de los que resultan de la evolución de las concentraciones de sustancias que agotan la capa de ozono y, por otro, para comprobar la eficacia de las medidas adoptadas en el marco del Convenio de Viena (1985), así como del Protocolo de Montreal (1987) y de sus enmiendas.
Actualmente los satélites de la Agencia Espacial Europea (ESA), y específicamente el espectrómetro Sciamachy del satélite de medio ambiente europeo Envisat, mide la abundancia de algunos componentes atmosféricos en la tropósfera y la estratósfera, permite el seguimiento regular de los niveles de ozono a escala planetaria, y elabora una base de datos que se acumula desde mediados de los años 90.
Este instrumento estudia el agujero de la capa de ozono en los criterios de tamaño y duración, con el objetivo de sentar las bases de un sistema de previsión, en el contexto de un protocolo de vigilancia conocido como Promote, que agrupa a 30 asociados de 11 países.
El servicio Promote estipula que los resultados obtenidos por el satélite se combinan con los datos meteorológicos y simulaciones de vientos, y son utilizados por la Organización Mundial de Meteorología para actualizar su boletín Ozono de la Antártida.
¿Cuál es la importancia del ozono?
La estratósfera se extiende desde 9 a 48 kilómetros sobre la superficie terrestre y contiene altas concentraciones de ozono. El ozono es un compuesto inestable de tres átomos de oxígeno y entre sus funciones está proteger el planeta.
Su importancia radica en que protege la vida terrestre del peligro de los rayos ultravioletas, lo que permite la existencia de vida en todo el planeta. Hasta donde se sabe, es exclusivo de nuestro planeta. Si desapareciera, la luz ultravioleta del sol esterilizaría la superficie del globo y aniquilaría toda la vida terrestre.
Sin embargo, desde la década del '70, los científicos han observado un agujero temporal abierto sobre la Antártida durante varios meses en el invierno y la primavera en el hemisferio sur. A principios de los 90 este agujero fue descubierto también sobre el Polo Norte.

De acuerdo a las investigaciones
de los científicos, la capa de ozono está amenazada por la presencia
de algunas sustancias químicas en la atmósfera, como el cloro,
y los contaminantes resultantes de la actividad humana, como los clorofluorocarbonos,
compuestos que contienen carbono, flúor y cloro, también llamados
CFC.
Rechazados por el protocolo de Montreal en 1987, los CFC eran muy utilizados anteriormente en los aerosoles y los refrigeradores. Son productos inertes, pero los rayos ultravioletas en altitud de la atmósfera los descomponen.
Luego de que los investigadores corroboraron la existencia de este agujero a finales de los años 70, a mediados de los 80 los países ya habían suscrito la Convención de Viena para la protección de la Capa de Ozono, y en 1987 se propuso a todas las naciones suscribir el Protocolo de Montreal.
Este protocolo impulsa la reducción en las emisiones de los gases clorofluorocarbonos, que provocan reacciones dañinas para la capa de ozono. Esos gases están presentes en la vida diaria. Sirven, por ejemplo, para bajar las temperaturas en los refrigeradores, de los aires acondicionados o para fabricar aerosoles.
No obstante, los países que firmaron en primera instancia el Protocolo de Montreal, hace 17 años, no previeron que los países que utilizaban CFC buscarían resolver su problema con una alternativa de menor costo.
Sucede que las sustancias que reemplazaron el CFC son menos dañinas para la capa de ozono, pero no evitan el calentamiento global. Estos productos - llamados HFCF-22- también actúan como una capa reflectora en la atmósfera que atrapa el calor del mismo modo que lo hace un invernadero.