




El comienzo de la historia
El archipiélago fue descubierto por el navegante español Juan Fernández, el 22 de noviembre de 1574. Hasta 1749, cuando se estableció en él un presidio, sólo presenció un intento colonizador realizado por los jesuitas en la primera mitad del siglo XVII.
Sucede que su ubicación geográfica y la carencia de población hicieron de él un punto seguro de recalada para todo tipo de navegantes. Así, en los siglos XVII y XVIII fue refugio de conocidos corsarios, hasta que las autoridades españolas decidieran desolarlo, en 1689, mediante la tala de las especies vegetales y la introducción de perros que mermaron la población caprina del lugar.
En 1704, Alejandro Selkirk formaba parte de la expedición corsaria del capitán Dampier. Eran hombres bravos y aventureros, que surcaban los mares apoderándose de navíos cargados de riquezas. Fracasado el intento por apoderarse de una nave española que se suponía estaba en camino a Buenos Aires, las naves de Dampier se dirigieron a Juan Fernández y desde allí a El Callao, donde no pudieron capturar ningún barco.
Entonces, decidieron regresar a Juan Fernández para recoger a unos marineros que allí habían dejado. Sin embargo, la falta de "logros" provocó una gran frustración entre los corsarios, sobre todo en Alejandro Selkirk, quien prefirió quedarse allí con un fusil, una Biblia, un hacha, sus ropas, algo de pólvora y algunos utensilios.
Y
así comenzó la historia. Si bien los detalles de su permanencia
en el Archipiélago son prácticamente desconocidos debido al silencio
que Selkirk guardó respecto de su experiencia, es posible decir que muchas
de las situaciones que Daniel Defoe describió en su Robinson Crusoe,
deben haber sido muy parecidas a las situaciones que el corsario debió
enfrentar, aunque otras son evidentemente ficticias.
De lo que no existe duda es que su historia está totalmente inspirada en aquel marinero.
El libro Robinson Crusoe, escrito por Daniel Defoe, fue publicado en 1719 y se considera la novela inglesa más popular de todos los tiempos. Narra la historia de un naufrago que sobrevive en una isla y hace cien años llevaba ya más de 700 ediciones y traducciones en decenas de idiomas.
Excavando en busca de vestigios
El escocés Alejandro Selkirk vivió en Juan Fernández cinco años, hasta enero de 1709, año en el que llegó a la isla la expedición del Capitán Woodes Rogers y lo encontró. En 1712 volvió a su hogar. Lo entretenido de todo esto es que a pesar de los siglos que han pasado, este personaje no se olvida.
Prueba de ello es que un grupo de científicos de Escocia, Japón y Chile, financiado por la National Geographic de Washington, en enero del año 2005 se trasladó hasta el Archipiélago de Juan Fernández con un sólo objetivo: comprobar cientítificamente que allí vivió el navegante escocés Alejandro Selkirk, el mismo que inspiró la novela de Daniel Defoe.
Para la investigación se cercó un área de 400 metros, donde se levantan ruinas de piedra que forman una casa rectangular pequeña, cercana a suministros de agua. La investigación tuvo un costo de $ 20 millones. La National Geographic Society evaluó el proyecto y lo acogió con el objetivo de promover la conservación natural arqueológica de la isla y enriquecer su valor patrimonial histórico.
En julio, al parecer, el objetivo se había cumplido. Sucede que la misión encontró utensilios y restos de fogatas que datan de entre 1700 y 1710 - específicamente restos del carbón que Selkirk encendió para calentarse -, lo que coincide con los antecedentes del marinero escocés, quien se habría quedado en la isla en septiembre de 1704.
Durante los primeros meses los científicos encontraron piezas de cerámica, restos líticos y óseos, pero luego hallaron varios utensilios ligados específicamente a Selkirk. Estos vestigios se encontraron en el sector de Aguas Buenas, cerca del pueblo.
Todos estos hallazgos - que se encontraron luego de varias excavaciones del terreno, a 50 centímetros de profundidad - fueron trasladados hasta laboratorios de Chile, EE.UU. y Gran Bretaña.
También se estudió el camino hacia el denominado Mirador Alejandro Selkirk, un punto en altura hasta donde el inspirador de la novela habría trepado diariamente para avistar la llegada de barcos que pudiesen rescatarlo.
Y eso no es todo. Se hallaron agujeros simétricos perforados en las paredes de la pirca (pared de piedra en seco), que revelan la existencia de vigas y una techumbre. Esto es muy importante si se toma en cuenta que la historia dice que Selkirk construyó con palos, ramas y cuero animal una especie de choza, con la cual se cobijaba del frío y el viento.
Finalmente, un hallazgo inesperado: un polvorín español sobre la casa de Selkirk, olvidado, y del cual nunca existió un registro que precisara su ubicación. Recorriendo documentos históricos se halló su existencia en el libro Juan Fernández: Historia Verdadera de la Isla Robinson Crusoe (1883), de Benjamín Vicuña Mackenna. Según su hipótesis, los españoles habrían descubierto la choza, la cual aprovecharon para dejar todos los materiales de las baterías y fuertes españoles.
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| Fuentes:
Sernatur - GoChile
- PaseosenChile Foto: Sernatur 23/02/2007 |