





El peligro
que
encierra una pila usada
En nuestro país se desechan aproximadamente 80 millones de pilas al año, gravísimo si se toma en cuenta que cada una de ellas posee una alta concentración de residuos peligrosos y altamente tóxicos, que contaminan las aguas subterráneas y el suelo, y se introducen en las cadenas alimentarias naturales.
Muy pocos lugares en el mundo poseen un sistema de reciclaje completo. En Chile, por ejemplo, no se reciclan pilas, y el tratamiento que existe de ellas sólo consiste en recolectarlas y encapsularlas en bloques de concreto con el fin de evitar que su contenido se derrame y dañe el medio ambiente, pero el compuesto tóxico sigue estando presente.
Linterna, CD, grabadora, reloj, pesa...¿Qué aparato de los que utilizamos en nuestra vida diaria no usa pilas?... ¡casi ninguno!. Y no es ninguna novedad que cuando las pilas se agotan, compramos nuevas... Así de simple... ¿Pero qué hacemos con las pilas viejas?... se van directamente a la basura. He ahí el problema, ya que las pilas son consideradas - por su contenido - residuos peligrosos y altamente contaminantes.
No todas las pilas son iguales ni tienen la misma peligrosidad. Cada una de ellas posee una alta concentración de metales y por lo mismo debe ser considerada como elemento de cuidado. Cada tipo de pila tiene por lo menos dos metales presentes en dos formas diferentes: como metales puros y como óxidos.
La pila contiene diferentes metales en su composición, como mercurio (la mayoría de las pilas alcalinas y de óxido de plata) o cadmio (pilas recargables), aunque también son preocupantes otros metales, como el manganeso, el níquel y el zinc.
No podemos negar que las pilas nos facilitan el día a día, pero una vez agotadas, normalmente terminan en basurales o rellenos sanitarios, donde quedan expuestas a incendios y a reacciones químicas incontroladas que afectan las napas de agua, el suelo y el aire.
¡Daños y más daños!
Con el paso del tiempo, cuando las pilas se acumulan en los vertederos, pierden la carcasa y se derrama su contenido metálico. Estos metales, infiltrados desde el vertedero, contaminan las aguas subterráneas y el suelo, y se introducen en las cadenas alimentarias naturales, las mismas de las que se nutre el ser humano.
Si las pilas son incineradas, las emanaciones resultantes dan lugar a elementos tóxicos volátiles, contaminando el aire. ¿Qué puede suceder - por ejemplo - con el mercurio presente en la composición de las pilas? Toma nota...
Esta sustancia (el mercurio) se oxida mezclada con la basura y se libera al ambiente. Este metal, y varios de sus compuestos, son bastante insolubles, por lo que podrían quedar relativamente inmovilizados en tierra o depositados en el fondo de ríos y lagos. Sin embargo, los microorganismos presentes en estos ecosistemas lo pueden transformar en metil-mercurio, de mayor toxicidad y movilidad ambiental.
Esta
sustancia orgánica, a diferencia del mercurio inorgánico, atraviesa
fácilmente las membranas celulares, debido a que es liposoluble y, por
lo tanto, una vez que ingresa en la cadena alimentaria, a través de los
herbívoros y peces, contamina rápidamente cada eslabón
y se va concentrando. ¿El resultado?... que cuando llega al hombre, tope
de la cadena alimentaria, puede haberse concentrado varias veces y resultar
letal, ya que se acumula sobre todo en la médula ósea y en el
cerebro, dañando a mediano y largo plazo los tejidos cerebrales y el
sistema nervioso central.
Además, el mercurio también tiene la posibilidad de pasar a una forma volátil y distribuirse ampliamente, aumentando los riesgos que ocasiona.
¿Qué habría que hacer para que esto no sucediera? Lo mejor de todo sería la "recogida selectiva" de las pilas usadas en contenedores específicos. Una vez recogidas, se llevan a una planta de reciclaje donde se segregan y se separan los metales peligrosos del resto de materiales que constituyen la pila. El proceso requiere la trituración de la pila, la cual se introduce en un destilador que se calienta hasta la temperatura adecuada.
La condensación posterior permite la obtención de metales con un grado de pureza superior al 96%. De la trituración de las pilas normales se obtiene escoria férrica y no férrica, papel, plástico y polvo de pila.
La mala noticia es que existen pocas plantas de reciclado de pilas en el mundo, ya que el proceso que se utiliza necesita un elevado consumo de energía y los tratamientos posteriores para recobrar el resto de los componentes exigen una importante inversión económica.
¿Qué
sucede en Chile?
En nuestro país no se reciclan pilas, y el tratamiento que existe de ellas sólo consiste en recolectarlas y encapsularlas en bloques de concreto con el fin de evitar que su contenido se derrame y contamine el medio ambiente. No existe un sistema especial para la disposición final de los pilas o de otros residuos domésticos peligrosos.
En otras palabras, lo único que se hace es aislar el elemento, pero el compuesto sigue estando presente, por lo cual se convierte en un "pasivo ambiental".
Y mucho ojo: quienes recolecten o junten pilas deben estar conscientes de que están manipulando residuos peligrosos y que el efecto potencial negativo se multiplica cuando se encuentran concentradas en grandes cantidades, por lo cual los expertos aconsejan no juntar pilas si no se sabe qué se hará con ellas después.
Según datos entregados por el Banco Central, a Chile ingresan aproximadamente cerca de ¡cien millones de pilas al año!, cifra que aumenta en un 10% con la comercialización de pilas desechadas en otros países, que son baratas y malas.
Si estos 100.000.000 se dividen por el número de habitantes de nuestro país (15.050.341, según el censo de 2002), nos da un consumo per capita de aproximadamente siete pilas por persona al año, número que varía de acuerdo al nivel socioeconómico.
A esto hay que sumarle que en la actualidad los chilenos desechamos alrededor de ¡80 millones de pilas al año!.