El polen, tras las huellas del asesino

El polen no es sólo sinónimo de alergias. Sucede que un sinnúmero de forenses alrededor del mundo lo están utilizando para descifrar crímenes, determinando el lugar de los hechos, quién es el culpable y quién la víctima.

 

 

Digno de una novela de Agatha Christie. Pero es la pura verdad. Miles de granos de polen - que de hecho no pueden verse cuando están dispersos en el aire - se están utilizando en la disciplina forense para intentar resolver crímenes.

Investigadores de Inglaterra, Nueva Zelanda, Austria y de muchísimas otras partes del mundo están utilizando actualmente el polen de las flores para descifrar crímenes.

Parece una locura. Pero sucede que rastros microscópicos de polen sirven a la policía de todo el mundo para localizar tanto a víctimas como agresores.

¿La premisa?... Que el polen lo encontramos en todas partes, y éste no logra viajar grandes distancias desde su punto de origen.

La huella invisible

El polen de cada especie no sólo es único, sino que también puede ser identificado mediante análisis, lo que permite a los investigadores asociar a las víctimas o sus vehículos con locaciones específicas.

Además, es posible identificar especies de plantas específicas a partir del polen.

Incluso no es necesario tener signos visibles de polen, como el contenido en el barro o salpicado en la ropa o vehículos. Hoy se puede obtener polen del cabello o las fosas nasales, incluso de una polera que a simple vista puede parecer completamente limpia.

¿Cómo comenzó todo?... Durante unas vacaciones en Europa por el río Danubio en Viena, capital de Austria, un hombre desapareció y su cuerpo no se podía encontrar. La policía no tenía ninguna evidencia para conectar al hombre sospechoso con el delito.

Sin embargo, la policía entró al cuarto del posible asesino y encontró un par de botas con barro todavía pegado a la suela. El barro fue examinado y contenía polen de abeto y sauce.

Con esa evidencia del polen, la policía identificó la única área donde el sospechoso había caminado. Y es que sólo un sitio pequeño, a 20 kilómetros al norte de Viena, por el valle del Danubio, tenía el suelo que contenía la mezcla precisa del polen en el barro.

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