Cólicos del lactante: nuevos tratamientos para curar y prevenir

Los gases y ‘flatitos’ del bebé eran hasta hace poco, los mayores responsables de provocar lo que se conoce como el Síndrome del Cólico del Lactante. Sin embargo, hoy se admite que bajo este nombre se han agrupado una serie de supuestas dolencias o malestares de origen desconocido, que afectan a un niño sano durante su primer trimestre de vida y cuya manifestación más evidente es el llanto excesivo, repentino y que no cede antes las atenciones o cuidados paternos.

Fuente: Padres OK

Y es que, en la gran mayoría de los casos, los exámenes clínicos efectuados a estos bebés no revelan ningún signo objetivo de alteración fisiológica, lo que dificulta un diagnóstico preciso. Frente a este panorama, el llanto parece ser la señal más patente.

El doctor Sergio Ceresa, pediatra de la Clínica Las Condes y especialista en gastroenterología infantil, afirma que las características del llanto -episodios de más de dos o tres horas diarias, que aparecen por lo general después de alimentarse, al final de la tarde o al comienzo de la noche, de manera abrupta y sin causa aparente- junto a otras señales típicas de este cuadro (el bebé se intranquiliza, aprieta las manos, flexiona las piernas y brazos y su guatita se endurece), llevan a los adultos a deducir que se trata de cólicos.

“Los adultos interpretamos ese llanto. Pero también podrían haber otras causas, como problemas con el pañal o un exceso de alimentación, por ejemplo”, precisa. Es que, aun cuando se han realizado muchas investigaciones, todavía no hay consenso respecto de las razones que lo provocan. Lo que sí se sabe es que no es un cuadro grave, no deja secuelas, no daña física ni psicólogicamente al bebé y que -con o sin tratamiento- pasa con el tiempo, a partir del cuarto mes de vida.

Temperamento "colicoso"

El pediatra Paul Harris, especialista en gastroenterología infantil, cuenta que por mucho tiempo se pensó que el cólico era un trastorno gastrointestinal, "debido a los comportamientos que se asociaban con estas crisis de llanto: abdomen distendido, expresión de dolor, levantar las piernas sobre el abdomen y eliminación de gases por el recto".

Sin embargo, estudios de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile han revelado que sólo un 5% de los bebés afectados presenta efectivamente alteraciones de este tipo. Por ello, en una de estas investigaciones se concluyó que "en la gran mayoría de los lactantes con cólicos, estos episodios de llanto se explican muy probablemente por diferencias individuales en los procesos de desarrollo y, por lo tanto, son un evento normal de la infancia, especialmente en los primeros tres meses de vida".

En otras palabras, el llanto y las expresiones de dolor asociadas comúnmente a los cólicos se deberían en gran parte a las características propias del niño -como su temperamento, tolerancia al dolor o a la frustración- y al proceso de adaptación con su medio.

El problema es que estos llantos provocan gran ansiedad y preocupación en los padres, sentimientos que muchas veces se transmiten al hijo. La situación se vuelve entonces un verdadero círculo vicioso: el niño llora, los padres se alteran, se agitan, lo mueven de un lado a otro, se culpan mutuamente, el bebé percibe esta inquietud y se pone más tenso, por ende se siente más incómodo y llora para expresarlo... y así sucesivamente.

"Las madres se imaginan que el niño está sufriendo un gran dolor y no siempre es así. Es normal que las guaguas lloren hasta dos horas al día y también lo es que hayan bebés más llorones que otros, pero eso no es necesariamente una enfermedad", acota Ceresa.

Por otro lado, las evidencias médicas no han logrado comprobar que los niños que padecen este cuadro tengan más aire o más gases en sus estómagos que los sanos. “A veces puede haber una exceso de flatitos, pero otras no, entonces el afán por hacer que los bebés los eliminen no siempre es la solución”, agrega el doctor Ceresa, aunque reconoce que “efectivamente hay niños que son más tensos y producen mayor acumulación de gases”.

Las otras razones

Pero así como el carácter del niño y la reacción de sus padres pueden influir en la aparición de cólicos, también existen otras razones para explicarlos.

Una mala técnica de alimentación -por ejemplo, que la madre amamante al niño acostada o lo alimente en exceso- podría ser la causante o agravante de este cuadro infantil. En esos casos se sugieren ciertas modificaciones, como dar pecho al niño en la posición "a caballito" (sentado en las piernas de su mamá y de frente a ella). Hay que estar atentos a no sobrealimentarlos, pues eso también les provoca incomodidad. Conviene hacerlo en un ambiente tranquilo y relajado, sin otros estímulos.

Investigaciones recientes señalan que los cólicos infantiles -o al menos una proporción importante de ellos- se producen por un problema común en los menores de entre uno y cuatro meses: la hipertonía del esfínter anal. Estos pequeños tendrían dificultad para coordinar el pujo que permite la evacuación y aún no sabrían relajar la musculatura necesaria para defecar. Incluso, se ha dicho que este llanto no es una expresión de dolor, sino más bien el mecanismo utilizado por el pequeño para intentar eliminar sus desechos.

En estos casos, el uso de supositorios blandos de glicerina ha dado buenos resultados, pero deben ser recetados por el pediatra, en la dosis y cantidad recomendada.

Asimismo, se ha descubierto que hay bebés que presentan cólicos por intolerancias o alergias alimentarias. En base a esta información, hoy en día algunos médicos optan por modificar la dieta del menor. Si consume leche de vaca, se la reemplaza por otra fórmula, por lo general, en base a leche de soya. Si es amamantado, a la madre se le pide que realice una dieta hipoalergénica (que suspenda alimentos como el maní, la clara de huevos, en algunas ocasiones los berries), o que elimine de su alimentación todos los productos que contengan leche.

Esta medida sólo se justifica si existen evidencias de que el régimen materno está afectando al bebé, ya que además de ser difícil de cumplir no siempre tiene los efectos esperados: sólo un 10 a 15% de los niños afectados por cólicos responden a estos cambios.

En todo caso, el doctor Ceresa recalca que no está comprobado que ciertos alimentos produzcan flatulencia en el lactante. A menos que la madre note una relación directa entre el consumo de un alimento y una mayor incidencia de cólicos en el bebé, es innecesario que restringa sus comidas.

Relajación y baños tibios

Si bien no existe una solución única y definitiva, hay ciertas medidas que, aplicadas caso a caso, permiten manejar el problema. Una vez descartada alguna enfermedad de importancia, el pediatra suele indagar sobre el tipo y técnicas de alimentación utilizadas, para corregirlas o modificarlas, si fuese necesario. En ciertas ocasiones, se recetan medicamentos, como los antiespasmódicos, para aliviar la hinchazón y ayudar a eliminar gases. Otros utilizan fármacos con sustancias tranquilizantes, como el fenobarbital, pero no hay consenso sobre su utilización, especialmente por sus posibles efectos secundarios.

Asimismo, se puede sugerir el uso de ciertos supositorios blandos. Los papás, en casa, también cuentan con métodos para aliviar y relajar al pequeño. Los masajes corporales (de forma circular en el vientre y en dirección ascendente en la espalda) son una excelente terapia para ésta y otras dolencias infantiles. Si sospechan que existe acumulación de gases, pueden ejercitar al bebé para que los elimine. Por ejemplo, colocándolo acostado de espaldas, tomar sus piernas -que deben estar separadas, en posición paralela- doblarlas y empujarlas suavemente en dirección al abdomen. Repetir varias veces.

Los baños de agua tibia por la tarde son de utilidad, siempre que sea en un momento agradable y sin prisas. Otros recomiendan colocar una botellita con agua tibia cerca de la guatita del bebé (a modo de guatero). Lo importante es ir probando distintas posibilidades y descubrir aquellas que lo hagan sentir mejor.

El psicólogo Lawrence Shapiro, autor del libro “El Lenguaje Secreto de los Niños”, sugiere una combinación de técnicas. Entre ellas, mecer al niño rítmicamente, darle un baño caliente, un paseo, acercarlo a olores agradables y a sonidos suaves y rítmicos, darles un masaje y no subestimar la propia capacidad para calmar a un hijo.

Actuar con calma

Otro estudio reciente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile probó la efectividad de distintos tratamientos; uso de fórmulas lácteas especiales, medicamentos y modificaciones en las conductas de los adultos que atendían a los lactantes. Los resultados demostraron que disminuir la estimulación de los bebés es una medida bastante útil. Al parecer, asumir una actitud serena y tolerar ciertas cuotas de llanto sin alterarse demasiado son conductas que contribuyen a calmarlo.

“Hay papás que si ven a sus hijos llorar, los toman en brazos, los mueven de aquí para allá, los pasean de un lado para otro, cuando tal vez deberían dejarlos tranquilos y pensar que, si el bebé tiene todas sus necesidades cubiertas y no está sobrealimentado, es normal que llore”, apunta Ceresa. En este sentido, hay que recordar que un niño con un temperamento difícil es más proclive a presentar este síndrome. De ahí que los especialistas sugieran, en primer lugar, actuar con calma y mucha paciencia.

Ceresa recomienda además mantener la confianza y no sentirse culpables. “Es un problema que se quita, no es grave y hoy existen medidas generales que permiten manejarlo”.