





Nutrición
en el embarazo: Lo justo y necesario
Durante el embarazo,
tanto la madre como el feto, necesitan de una cantidad específica de proteínas,
vitaminas y minerales que les permitan enfrentar cada etapa de su desarrollo de
la mejor manera.
Estos nutrientes se obtienen de los alimentos, por lo que es muy importante llevar una dieta adecuada, que evite el consumo excesivo de grasas y azúcares, que sólo aportan kilos extras y privilegiar aquellos ricos en fibra, calcio, fierro y ácidos grasos esenciales, entre otros, que fomentan un crecimiento equilibrado.
Fuente: Padres OK
El aumento de peso de la embarazada debe estar dentro de ciertos parámetros. Según Mónica Jiménez, nutricionista del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, si antes de embarazarse la mujer se encuentra con un peso normal, puede subir entre 10 y 12 kilos. Si está con sobrepeso u obesidad, el alza no debería superar los 6 ó 7 kilos. Y si presenta un peso bajo lo normal, su aumento debería superar los 15 kilos.
En todos los casos, el incremento mayor debe registrarse a partir del séptimo mes, principalmente por el crecimiento del feto, la placenta, el útero, el líquido amniótico y las mamas que se preparan para la lactancia. Sin embargo, el peso no vuelve a la normalidad inmediatamente después del parto. En promedio, seis meses después, sin necesidad de hacer una dieta estricta, el cuerpo irá recuperando su estructura y cerca de los nueve meses se puede decir que vuelve a ser la de antes.
Es aconsejable evitar el consumo de alcohol y tabaco durante el periodo de gestación y, en lo posible, realizar algún tipo de actividad física a partir del segundo trimestre para adaptar mejor el cuerpo al nuevo estado. En el caso de mujeres que antes de embarazarse hayan llevado alguna dieta o estilo alimentario en especial, como las vegetarianas, es imprescindible que recurran a un especialista en nutrición para evitar posibles riesgos de alimentación deficiente en el feto y el debilitamiento de la madre.
Lo que debe incluir su dieta
Toda mujer tiene un rango de necesidades diarias que debe consumir para el buen funcionamiento de su organismo, las que se ven incrementadas durante el período de gestación y de lactancia.
Proteínas: Su función es el buen desarrollo de los tejidos corporales. Se encuentran principalmente en carnes, pescados, mariscos, pollos, huevos y leguminosas secas. Su consumo habitual debe bordear los 45 gramos por día. Durante el embarazo, esta cifra aumenta en 15 gramos aproximadamente, llegando a 60 gramos diarios y 65 en la lactancia. Se recomienda no consumir carnes rojas en exceso, porque aporta grasas que no son saludables ni para la madre ni para el feto.
Calorías: Son las encargadas de dar energía a la mamá, para favorecer el crecimiento del bebé, la placenta, el útero y las mamas. La mayor parte de las calorías están en los cereales, el pan, las papas y las leguminosas frescas (habas, arvejas, porotos granados). Para una mujer adulta el consumo diario es de 2000 calorías. Durante el primer trimestre de embarazo, esta cifra debe mantenerse, pero al comenzar el segundo, debe aumentar a 2300 calorías hasta el final del tercer trimestre, y una vez comenzada la lactancia, el incremento debe llegar hasta las 2500.
Calcio: Constituye un elemento fundamental en el fortalecimiento de los huesos del bebé. El principal aporte de calcio se obtiene a través de los lácteos y algunos pescados. Toda mujer debe consumir alrededor de 800 mg diarios, como medida contra la osteoporosis. Durante el período de embarazo y lactancia, el consumo debe alcanzar los 1200 mg al día.
Hierro: Es importante para evitar anemia o el posible riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro o nacimiento de bajo peso. También se encuentra en la carne y sus derivados, yemas de huevo, mariscos, vegetales verdes, nueces y legumbres. La ingesta diaria de una mujer debe ser de 15 mg y en el embarazo, se debe duplicar a 30 mg. Cuando comienza el periodo de lactancia, debe volver a 15 mg.
Líquido: Es esencial para el buen funcionamiento renal y digestivo. La cantidad mínima diaria debe ser de 3,5 litros. Durante la lactancia, se recomienda beber por lo menos 5 litros de agua, leche, sopa o cualquier tipo de bebida, evitando las alcohólicas o las preparadas en base a cafeína.
Fibra: Es muy importante el consumo de fibra para evitar o disminuir el estreñimiento. Se encuentra en las leguminosas (porotos, garbanzos, lentejas) y en las frutas y verduras en general. En este punto no hay una cantidad específica para cada etapa, pero se recomienda un consumo abundante.
Ácido Fólico: Evita afecciones en el cerebro y la médula espinal del bebé. Generalmente, el médico le recetará un suplemento con fármacos, aunque es posible encontrarlo en forma natural en el jugo de naranja y cítricos en general, en vegetales de hojas verdes, las leguminosas, el maní, etc.
Ácidos grasos esenciales: Hay ciertas grasas que son vitales para el buen funcionamiento del organismo, y que éste no produce por sus propios medios, por lo que deben ser adquiridas únicamente a través de la alimentación. Los aceites vegetales, las paltas, las aceitunas y algunos productos marinos son necesarios para la correcta formación del tejido cerebral y la visión del bebé.
Sodio: se debe evitar el consumo excesivo de alimentos preparados, en conserva, fiambrería y quesos ya que contienen mucha sal, lo que fomenta la retención de líquidos tan natural en las embarazadas. Además, un consumo excesivo de sodio, podría generar problemas de hipertensión arterial.
Por
ello, Mónica Jiménez, recomienda tender a una alimentación
sana, con productos naturales y frescos, o bien, preferir los deshidratados o
congelados antes que los ahumados, embutidos o cualquier otro producto que necesite
de preservantes. A la vez, se debe evitar toda clase de comida chatarra
o aquella que lleve muchos colorantes, ya que éstos afectan al sistema
nervioso del bebé y podrían provocarle alergias