





Los
riesgos de los embarazos precoces y tardíos
La
llegada de un hijo al mundo es un acontecimiento mágico y lleno de emociones
para la madre y el padre. Sin embargo, hay situaciones que rodean la espera de
un bebé que son riesgosas y que pueden hacer sufrir a los padres y al niño
en gestación, como embarazarse muy joven o tardíamente. Estas deben
ser analizadas en pareja y en familia, ya que las consecuencias podrían
no ser las esperadas.
Fuente: Padres OK
Aunque cada edad trae consigo situaciones sociales y familiares distintas, el embarazo en edades extremas, es decir, en mujeres menores de 16 y mayores de 40 años, tiene un aspecto común: es más riesgoso y de cuidado que el embarazo de una mujer que tiene entre 17 y 39 años.
Y esto es simplemente porque la plenitud de la fertilidad se da entre este período, tanto en hombres como en mujeres, lo que significa que su madurez, salud y preparación psicológica se encuentra en su máximo esplendor entre esas edades.
Así lo explica el profesor de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso, doctor René Montaño, quien advierte que no sólo las primerizas en estas edades extremas son de cuidado, sino que también aquellas embarazadas que esperan su segundo, tercero o cuarto hijo. Lo óptimo es que una mujer se embarace sobre los 17 y antes de los 40 años, aunque lo ideal es que tenga sus hijos entre los 20 y 35 años, comenta el experto.
Antes de los 16
Según datos del ministerio de Salud, anualmente nacen 41 mil niños de madres menores de 19 años en Chile, lo que representa el 16% del total de nacidos vivos en el país.
Otro dato interesante, que se analiza en el curso de Salud y Desarrollo Adolescente de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica, es que la mitad de los embarazos adolescentes ocurre durante los 6 meses siguientes al inicio de la actividad sexual, y el 20% en el curso del primer mes posterior.
Según comenta el doctor René Montaño, la adolescente menor de 16 años aún no ha logrado su plena madurez mental ni tampoco ha completado su desarrollo biológico, por lo tanto, no está preparada física, mental ni económicamente para ser madre.
En cuanto a los riesgos para las niñas-madres, el doctor Montaño explica que existen varias patologías asociadas a la edad, siendo las más comunes los cuadros hipertensivos; desnutrición materna por falta de controles médicos y de ingesta de multivitamínicos y de otros complementos nutricionales, como también por una alimentación inadecuada; alteraciones en la glándula tiroides, debido al irregular control pre-natal y atención que se le brinda a este aspecto de la salud materna; anemia e infecciones vaginales.
En un porcentaje no despreciable, en las adolescentes embarazadas menores de 16 años se asocia la desnutrición materna, porque generalmente no se controlan en forma oportuna y en ocasiones esconden el embarazo hasta avanzada la gestación, indica el especialista.
El facultativo advierte que la posibilidad de aborto también constituye un riesgo para la salud de la niña, ya que existen adolescentes que ven en este procedimiento la solución al problema, sin considerar que someterse a intervenciones de este tipo puede acarrear no sólo infecciones vaginales, sino que también producir esterilidad definitiva, e incluso la muerte.
Otro de los inconvenientes que sufren las madres adolescentes es el ambiente social adverso. La gran mayoría de ellas no deseó quedar embarazada y muchas veces los progenitores son desconocidos o jóvenes irresponsables que optan por abandonarlas.
Todo esto conlleva conflictos familiares y la niña termina siendo rechazada, abandonada e incluso golpeada. Otro porcentaje tiene la suerte de ser acogida por sus familias, pero de todas maneras la futura mamá ve frustrado su desarrollo personal, reflexiona el doctor René Montaño. Agrega que dentro de los costos personales, se encuentra la casi certeza de que la niña tendrá que interrumpir sus estudios secundarios, ya que sea por la decisión de llevar un embarazo más tranquilo, o simplemente porque el establecimiento se lo exigió.
Sobre los bebés de las mamás adolescentes, es necesario advertir que también corren ciertos riesgos, siendo el principal el bajo peso al nacer. El facultativo detalla además que el feto de una madre adolescente se puede ver afectado no sólo por un retardo de crecimiento intrauterino, sino que también por malformaciones congénitas, incluyendo el Síndrome de Down, cuyo riesgo no sólo es privativo de las madres que superan los 40 años.
La mamá adolescente corre el riesgo de tener un bebé desnutrido, con todas las secuelas que eso significa; también la falta de ácido fólico durante el embarazo incide en otras patologías, como un aumento de malformaciones cardíacas y al tubo neural y otras asociadas con el labio leporino, explica el experto, quien recalca que la inmadurez del feto al nacer también conlleva problemas pulmonares, cerebrales, del hígado y otros órganos del cuerpo, como también el riesgo de sufrir hemorragias intracraneanas, entre otras.
Después de los 40
Y así como los tiempos han cambiado, las prioridades de las mujeres también lo han hecho, siendo la maternidad una de las decisiones que se han postergado con los años.
De hecho, según el último Censo, en Chile los partos de mujeres mayores de 40 años han aumentado en un 20% en el último decenio. Sin embargo, cifras de la Unidad de Reproducción Humana de la Universidad Católica de Chile especifican que los nacimientos de madres de 40 años o más representan el 2,4% de todos los alumbramientos promedio de un año (datos de 1995) y que, a la vez, ese grupo etáreo contribuyó con el 12,7% de las muertes maternales durante el parto ocurridas ese año.
Asimismo, la fundación Chile Unido observa que la posibilidad de desarrollar diabetes gestacional de una madre tardía aumenta del 2% al 8% en relación con las madres más jóvenes, y que más del 40% de los partos de mujeres de 40 años son cesáreas.
Hay
muchas mujeres que tienen su primer hijo a los 35 ó 38 años, pero
el mayor riesgo se nota a partir de los 40 años, advierte el doctor
Montaño.
Para la madre, los riesgos apuntan a los síndromes hipertensivos, la diabetes gestacional y la predisposición por los abortos espontáneos o pérdidas, mientras que los peligros para el bebé son sin duda las malformaciones congénitas, siendo la más frecuente el Síndrome de Down, cuya ocurrencia es de 1 caso cada 125 embarazos de madres de 40 años, y de 1 cada 30 mamás de 45 años.
En cuanto al ambiente social, el doctor Montaño opina que en este segmento las madres se ven sometidas a menos presiones psicológicas que las adolescentes, lo que hace más llevadero el embarazo en términos anímicos. Se supone, dice, que la mujer madura ya tiene estabilidad económica para recibir y educar adecuadamente a su bebé, y no sentirá el rechazo de la sociedad por ser madre soltera, si es el caso.
Lo más delicado, a juicio del catedrático, es la posibilidad de ser madre de un hijo con alguna malformación. Según el experto, este es un tema que debe ser analizado en conciencia por la pareja y por su médico, de manera que la decisión de ser padres después de los 40 sea tomada lo más informada posible.
El doctor Montaño considera de suma importancia que las madres tanto adolescentes como tardías lleven un acucioso control pre-natal, se hagan los exámenes preventivos en forma oportuna y se informen de todo lo que les está ocurriendo durante el embarazo. Sólo así estos momentos delicados serán superados de manera sana y feliz.