Enuresis: ¿Pañales XXL?

La enuresis es una alteración que hoy en día tiene solución. Sin embargo, la efectividad del tratamiento depende en gran medida del apoyo familiar y de la voluntad del niño para poner fin a su problema

Fuente: Padres OK

 

Es normal que a los tres, cuatro o incluso hasta los cinco años los niños tengan, de vez en cuando, algún 'accidente' mientras duermen. Pero si al superar esa edad siguen orinándose involuntariamente y en repetidas ocasiones, los especialistas suelen hablar de enuresis.

El doctor Eduardo Wolff, nefrólogo infantil de Clínica Las Condes, explica que la enuresis puede ser primaria en el caso de niños que nunca han controlado esfínteres, y secundaria en aquellos que luego de haber aprendido a hacerlo, de pronto -luego de meses o incluso años- comienzan a orinarse nuevamente.

De acuerdo a este pediatra, a cargo del Programa de Incontinencia Urinaria en Niños de esta clínica, la enuresis afecta a un porcentaje alto de menores, aproximadamente un 15%, aunque esa cifra puede variar, pues -afirma- muchas veces los padres no consultan o lo hacen tardíamente.

Las causas de enuresis pueden ser variadas y van desde un retraso en la maduración del sistema nervioso central del niño -que suele darse en conjunto con otros cuadros, como problemas conductuales, déficit atencional e hiperactividad- inmadurez de la vejiga y factores ambientales, emocionales o malos hábitos, entre otros.

Eduardo Wolff aclara que no es una enfermedad. "Es algo que siempre le recalcamos a los padres; es una alteración del desarrollo. Tal como pueden haber otros retrasos en el desarrollo normal de un niño, la enuresis es uno más y se refiere al control de la función de la vejiga". Sin embargo, eso no impide que más adelante el pequeño adquiera esta capacidad.

Explica además que el término enuresis se aplica sólo a aquellos niños que se orinan de noche, porque cuando sucede de día, o mientras están despiertos, se habla de incontinencia.

"La enuresis puede ser un síntoma más de la inmadurez general del niño, pero nosotros la entendemos más bien como una inmadurez del funcionamiento vesical, en que la vejiga -que es la que debería controlar el pipí- no es capaz de hacerlo", dice.

A su juicio, la enuresis secundaria suele ser más compleja, "pues puede deberse a otra cosa que esté causando este problema, por ejemplo, un trastorno psicológico, que tiene que ser abordado por varios especialistas, no sólo por un nefrólogo". Dentro de esta categoría, también caben problemas como las infecciones urinarias, que podrían provocar que el niño vuelva a orinarse. En cambio en la primaria -aquellos que nunca se han controlado- por lo general, "es simplemente por un problema de madurez vesical".

“Es importante que el niño tenga interés en mejorar”

Siempre es conveniente que el pediatra del niño esté informado de este problema, principalmente para descartar enfermedades o anomalías. Sin embargo, Wolff señala que, más que la edad del pequeño, lo que debe motivar la consulta de los padres es que el niño sea afectado por las consecuencias de la enuresis o ésta le provoque algún tipo de complicación en su vida.

"Es importante que el niño tenga interés en mejorar, ya sea por problemas de relaciones con sus amigos o de autoestima en el colegio. No sacamos nada con tratar a un niño que es inmaduro o que hasta le da lo mismo hacerse pipí. En ese caso le pido a los papás que esperemos hasta que se enfrente a algún tipo de problema para comenzar ahí el tratamiento".

Muchas veces, como señala el especialista, es la voluntad del niño la que determina la efectividad del tratamiento. En cuanto a la actitud de los padres, indica que una conducta demasiado estricta puede tener efectos contrapuestos. "Padres que han sido muy ansiosos en obligar a sus hijos a controlar esfínter precozmente, suelen aumentar el problema, entonces el niño capta que para ellos es muy importante que él no se haga pipí y comienzan a usar esto en su propio beneficio, para manejar a sus padres".

Y aunque reconoce que la enuresis es una condición más frecuente en hijos de padres que fueron enuréticos en su infancia, asegura que no es una condición obligatoriamente heredada.

Cómo controlar la enuresis

El doctor Wolff explica que el tratamiento de la enuresis está condicionado por varios elementos. "Uno es la modificación de ciertos elementos ambientales, por ejemplo, hacerlos vaciar la vejiga antes de acostarse, limitar la ingesta de líquidos desde cierta hora de la tarde para disminuir la producción de orina en la noche y establecer un método de control de parte del niño respecto de qué ocurre cada noche".

En un calendario, precisa el especialista, el pequeño debe ir registrando cuáles son las noches enuréticas y cuáles las secas. "Esto con el propósito de ir premiando, ir produciendo un estímulo positivo cuando hay noches secas y haciéndole ver por qué algunas noches se hizo pipí, pero no en el sentido negativo, de castigarlo, sino de alcanzar logros", acota.

A la par de estos cuidados, y dependiendo de lo que haya establecido el especialista a cargo, se suelen recetar medicamentos que ayudan a controlar o mejorar la función de los esfínteres. "Hoy en día existen exámenes que permiten evaluar el funcionamiento vesical y se ha descubierto que hay niños cuyas vejigas tienen hiperactividad, es decir, que se están contrayendo constantemente, incluso cuando no están llenas, y hay medicamentos que están destinados a disminuir esa actividad".

Actualmente también se utilizan sistemas de alarma, que se conectan a la ropa interior del niño mientras éste duerme. "Cuando la alarma capta la emisión de una primera gota de orina, suena y el chico inmediatamente se despierta, entonces se establece una especie de reflejo condicionado, porque el niño evita que la alarma suene, no haciéndose", explica Wolff, precisando que en Estados Unidos este sistema ha dado buenos resultados, aunque en Chile aún no son contundentes.

Respecto a la duración del tratamiento, el nefrólogo infantil asegura que es relativa. "Nunca se sabe la fecha de término, pero habitualmente es de tres meses. Si no se ven progresos, se modifican los medicamentos o simplemente se deduce que no hay madurez de parte del niño, y se pospone el tratamiento".

En cualquier caso, el apoyo de la familia -padres y hermanos- es fundamental. Cada integrante debe sentirse comprometido en colaborar con la superación del problema y ser muy comprensivo con el afectado. En opinión de Wolff, hoy se sabe que el tratamiento debe estar orientado hacia el premio, hacia los logros. "Es importante la paciencia, compresión y una actitud de estímulo de parte de todos los miembros de la familia, y lo mismo del niño".