





La
fiebre en los niños
La
fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino que un síntoma que
nos alerta acerca de otros problemas que están ocurriendo en el organismo.
Fuente: Padres OK
La edad, la actividad física, el ambiente e incluso la hora del día pueden modificar la temperatura corporal de los niños. Sin embargo, cuando el termómetro marca 38 grados hay que empezar a preocuparse.
La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino que un síntoma que nos alerta acerca de otros problemas que están ocurriendo en el organismo.
En los niños es bastante frecuente que se desarrollen cuadros febriles por los más diversos motivos como gripe, infecciones virales o bacterianas e insolación, entre otros.
A pesar de ser bastante molesta, la fiebre es en realidad un mecanismo de defensa, ya que el cuerpo eleva su temperatura para disminuir las consecuencias de una enfermedad o lesión.
Sin embargo, hay que combatirla, ya que su permanencia tiene otros efectos no deseados, como convulsiones, delirios o incluso compromiso de conciencia. En estos casos hay que actuar como en una emergencia, pidiendo ayuda médica mientras se aplican métodos para bajarla.
Aunque por regla general los 38 grados son sinónimo de fiebre, en rigor esta medida sólo es exacta para la temperatura axilar, ya que la rectal es 0,5 grados mayor, es decir, se considera que hay fiebre cuando el termómetro marca 38,5.
Un niño afiebrado por lo general está decaído. En ocasiones la fiebre se presenta con escalofríos mientras en otras el menor duerme más de lo acostumbrado.
En los menores de un año se recomienda tomar la temperatura rectal por espacio de dos minutos, utilizando algún lubricante, como vaselina, para introducir el termómetro. Cuando son lo suficientemente maduros como para quedarse quietos, se puede tomar la temperatuar axilar por tres minutos.
Actualmente el mercado ofrece una gran variedad de termómetros. Los hay digitales que son más fáciles de leer; están los incorporados al chupete, especiales para niños pequeños e inquietos, y también los dispositivos para colocar en la frente. Otra alternativa es el thermoscan que se coloca en el oído y mediante sensores infrarrojos marca la temperatura en sólo un segundo.
No obstante, algunos pediatras siguen recomendando el clásico termómetro de mercurio, por la confiabilidad que ofrece.
¿Qué hacer cuando tiene fiebre?
Si el niño tiene menos de un mes de vida y presenta fiebre hay que consultar inmediatamente al pediatra mientras se lo desabriga. Más aún si está decaído o rechaza la alimentación, porque podría tratarse de una enfermedad seria.
En todo caso, en términos generales la primera medida frente a un niño con fiebre es liberarlo de sus ropas dejándolo sólo en pañales o con una prenda ligera. El ambiente también debe estar fresco, sin llegar a ser frío.
Hay que ofrecerle, además, abundante líquido. En el caso de los bebés se les puede dar agua gota a gota.
Ahora si es mayor de un mes, la fiebre es de más de 38,5 grados y existen otros síntomas como tos, dificultad para respirar o vómitos, es igualmente necesario consultar al médico a la brevedad.
Paños humedecidos en agua tibia ayudan a enfriar su cuerpo, y si la fiebre es demasiado alta puede ser necesario darle un baño de agua fría. Se recomienda llenar la bañera con agua tibia, a una temperatura agradable al niño, y una vez que esta ambientado dentro de ella, comenzar a introducir el agua fría paulatinamente sin que llegue a estar demasiado helada.
Si el niño afiebrado es mayor podrá administrársele un antipirético recetado anteriormente por su pediatra. En todo caso, lo importante es determinar qué provocó el aumento de la temperatura, pues la evolución de la fiebre está ligada al tratamiento de la enfermedad que la desató.