Para que las piscinas no sean fuente de lamentos

Verano, tiempo de vacaciones y de esparcimiento, muchas veces junto a una refrescante piscina. Pero, para que la diversión sea ideal, es indispensable tomar precauciones.

La asfixia por inmersión es la causa de muerte de más de doscientos menores cada año en Chile, más de la mitad son niños entre uno y cuatro años.

Fuente: Padres OK

Estas dramáticas situaciones ocupan el segundo lugar en la lista de accidentes graves de la infancia, después de los automovilísticos. Pero durante los meses estivales, el “ranking” se invierte y las tragedias en el agua pasan al primero.

Mientras en los sectores acomodados los niños caen a las piscinas de sus casas, en los rurales lo hacen a tranques y ríos. Sin embargo, también sucede de formas menos pensadas: basta un balde con agua para que un pequeño caiga de cabeza y se ahogue en cosa de minutos.

El tema lo conoce de sobra la modelo Ana María Cummins, quien dirige actualmente la Fundación Alter Ego, dedicada a ayudar a niños con parálisis cerebral. Ahí llegó hace algunos años por una tragedia.

Su hijo Sebastián tenía apenas dos años cuando cayó a la piscina de su casa. Recuerda que aquel día había bastante gente cerca y la piscina estaba aislada con una reja de un metro, lo que no fue suficiente para impedir que el niño la saltara.

Si bien él había aprendido a mantenerse a flote, no bastó. “Estuvimos luchando dos semanas..., luchando para que viviera”, dice. Finalmente, el pequeño Sebastián logró sobrevivir, aunque con una parálisis cerebral bastante severa.

Casos como éste demuestran que siempre es mejor prevenir. La primera regla es estar siempre atento, no descuidar la vigilancia, a lo que se suma poner protecciones de por lo menos un metro y medio en las piscinas; no dejar que los menores se bañen sin compañía de un adulto que sepa nadar y enseñarles desde pequeños los riesgos. Probablemente la mayoría de la población ha escuchado alguna vez las recomendaciones, pero a juzgar por las cifras, pocos las llevan a la práctica.

El doctor Héctor Aranibar, pediatra de Clínica Alemana y experto en accidentes de este tipo, señala que cuando una persona cae al agua, hay cinco minutos que son decisivos. En ese lapso deja de llegar oxígeno al cerebro y eso produce un daño neurológico irreversible o eventualmente la muerte.

“No importa que la piscina sea baja. Los adultos tienden a pensar que en ella los niños se pueden parar, pero para que se ahogue basta que al caerse el agua le tape la nariz y la boca”, afirma.

Un niño distinto

Las estadísticas de los centros de urgencia indican que casi el setenta por ciento de los casos tiene un desenlace fatal, mientras que una buena parte de los que logran sobrevivir jamás vuelve a ser lo de antes: parálisis y daño neurológico suman y siguen entre las secuelas.

Un drama en el que la víctima no es sólo el niño, ya que sin querer arrastra a todo el grupo familiar. “Es la pérdida de un hijo y el nacimiento de otro. El hecho de que esté vivo es una alegría, pero por otra parte trae muchas tristezas verlo así. La rehabilitación es algo que compromete a toda la familia y sus actividades, porque requiere el ciento por ciento de dedicación”, señala Ana María Cummins.

La parálisis cerebral es el cuadro que se ve con más frecuencia en estos tipos de accidentes, según indica el doctor Aranibar. “En esos casos, el menor queda con un desarrollo intelectual casi nulo, similar al de un niño de meses. Además, presenta problemas para mover sus extremidades y para tragar”.

Sin embargo, el pronóstico cambia sustancialmente si hay una reacción oportuna. Cuando el accidentado es encontrado a tiempo y se le practica una reanimación, mejoran sus expectativas de vida y la posibilidad de quedar sin ninguna o con muy pocas secuelas.

Si bien gran parte de las emergencias ocurre en domicilios particulares, en las piscinas públicas el panorama no es mucho más alentador. Ahí son frecuentes los golpes en la cabeza producto de los piqueros y de los juegos bruscos. Si el niño queda inconsciente se va al fondo y entre el tumulto es posible que nadie lo vea hasta que es demasiado tarde.

Más vale reanimación mal hecha que ninguna

Son escasas las personas que están preparadas para hacer una reanimación y muchos de los que tienen nociones acerca del procedimiento se bloquean ante el impacto de la emergencia. Pero cualquier reacción siempre es útil.

Lo primero que hay que hacer es sacar al niño de la piscina lo más rápido e iniciar de inmediato una reanimación, señala el experto. “Es un error pensar que hay que sacarle el agua al niño apretándolo. Lo que hay que hacer es darle ventilación boca a boca y si no tiene pulso, hacer conjuntamente un masaje cardiaco por lo menos por un minuto y después ir por ayuda”.

Lamentablemente los padres o personas al cuidado de los niños no reaccionan a tiempo, a veces ni siquiera sacan al pequeño del agua. De hecho, un estudio realizado por la Clínica Las Condes reveló hace poco tiempo que de veintisiete niños que llegaron ahogados a la unidad de urgencias, menos de la mitad había recibido alguna clase de reanimación básica.

“Está claramente demostrado que es mejor hacer cualquier cosa que no hacer nada, por último moverle los brazos, pero no dejarlo tirado mientras se va a llamar por teléfono para conseguir ayuda, porque empiezan a correr los minutos y el niño no respira”, enfatiza el doctor Aranibar.

En Chile hay diversas instituciones que se dedican a capacitar a la comunidad en técnicas de primeros auxilios y reanimación, entre ellas, la Clínica Alemana de Santiago, donde se puede obtener información llamando al 2101085. También, en la Cruz Roja Chilena, fono 7771448.

Tome precauciones

Para construir una piscina en casa basta con un permiso municipal y para los recintos recreacionales hay condiciones mínimas que datan de 1977, supervisadas por el Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente (Sesma) y que tienen que ver más con la sanidad e higiene que con la seguridad y los niños. Sólo establecen la obligación de disponer de un equipo de primeros auxilios y contar con la presencia permanente de un salvavidas por cada 120 bañistas.

Por eso, si está pensando en construir una refrescante piscina en su casa o ya tiene una, tome en cuenta antes estas recomendaciones, tenga o no niños. No faltarán los que lleguen de visita.

- La mayoría de los niños se accidenta jugando alrededor de la piscina y no cuando se están bañando en ella.

- El recinto donde se ubica la piscina debe rodearse completamente con una reja que tenga una altura mínima de 1 metro 50 centímetros, con una puerta de acceso segura, idealmente con un cerrojo y llave fuera del alcance de los niños.

- Es conveniente advertir a los pequeños acerca de los riesgos en el agua y explicarles que nunca deben entrar a ella sin la compañía de una adulto. Tampoco deben permitirse piqueros y juegos bruscos en el agua.

- Enseñar a nadar a los menores puede ser conveniente, pero se convierte en un arma de doble filo si los padres o el mismo niño se confían demasiado en ello. Jamás descuide la vigilancia.

- Cuando los niños estén en la piscina es conveniente que lleven puesto un chaleco salvavidas, de esos que se venden en las tiendas de deportes.