¿Su hijo tartamudea?

Justo cuando los padres esperan que sus hijos se comuniquen fluidamente, algunos de ellos trastabillan, repiten sílabas y vacilan al hablar. En ocasiones, comienzan las correcciones para evitar que el niño hable así.

Fuente: Padres OK


Frente a esta situación, frecuentemente los padres sobrerreaccionan y surgen espontáneamente indicaciones como: "respire tranquilo y repítame lo que dijo", con lo que se "informa al niño que su forma de hablar no es del todo buena. En otras palabras, es el entorno el que le hace notar que es 'poco fluente'", señala el fonoaudiólogo y profesor de la Universidad de Chile, Luis Romero.

Y agrega: "Una vez que el niño toma conciencia de su problema, cada vez que hable va a hacerlo sabiendo que no se expresa bien. Es ahí cuando la tartamudez comienza a 'fijarse' en el habla del niño".

Pasar de esa situación a que el pequeño sea estigmatizado como “el tartamudo” entre los amigos, los compañeros de curso y hasta por sus hermanos, hay un solo paso. Por eso, conviene conocer cómo enfrentar este problema, muchas veces, pasajero.

El especialista explica que los padres deben tener en cuenta que en la primera infancia los niños piensan más rápido de lo que pueden expresarse, se apresuran y repiten sílabas. También deben tener claro que los pequeños no notan sus errores al hablar.

Se estima que el cuatro por ciento de los menores es tartamudo entre los cinco y los diez años. Y afecta cuatro veces más a niños que a niñas, según el fonoaudiólogo. En todo caso, los especialistas insisten en que no hay que alarmarse, pues en la mayoría de los casos no persiste. "Que se mantenga o no depende de una conducta relajada y respetuosa de los padres y del entorno".

Romero recomienda que los padres que noten que su hijo no se expresa bien, esperen por lo menos seis meses. Para ayudarlo deben hablarle lenta y claramente, y en ningún caso hacerle notar sus errores, ni presionarlo o completar sus frases.

Mitos y verdades de la tartamudez

Si bien durante años se estimó que el problema era una respuesta psicológica ante un trauma, hoy también se sostiene que es una disfunción de carácter orgánico. Según esta probada teoría, quienes tartamudean presentan zonas cerebrales con menos actividad metabólica cuando están hablando o leyendo. Es decir, presentan una disminución porcentual del diámetro de las arterias cerebrales y por eso el cerebro recibiría menos oxígeno y nutrientes.

No obstante, algunas de esas personas no desarrollan la tartamudez, o espasmofemia, por lo que se sostiene que, en esos casos, se desencadena ante un problema con el medio externo.

Para descartar la causa fisiológica es necesario acudir a un neurólogo o a un fonoaudiólogo, quienes además determinarán el tipo de tartamudez. La clónica es la más leve. El menor repite segmentos de sílabas o palabras, como por ejemplo, yo- yo-yo. La tónica, en cambio, es más grave, ya que el pequeño realiza un esfuerzo muscular mayor por unos segundos antes de hablar.

El fonoaudiólogo Luis Romero afirma que la tartamudez es más severa cuando el espasmo es más largo y compromete a diversos órganos. Y se trasforma en una patología si no se trata en forma adecuada.

Constancia: clave para una mejoría real

Según Romero, el 80 por ciento de quienes terminan el tratamiento obtienen buenos resultados.

Una vez establecido el origen del problema, el fonoaudiólogo trabaja en disminuir la ansiedad, erradicar los espasmos que el niño utiliza para que lo entiendan y hacer que se exprese más lentamente por medio de juegos y exagerando el modo de hablar.

No es fácil, asegura el profesional, quien agrega que para tener éxito es necesario no abandonar el tratamiento a medio camino. Sobre todo las niñas, a quienes les es más difícil superar la tartamudez, junto a los adolescentes y adultos.

Mientras más pequeño, mejor responde su sistema nervioso al aprendizaje de una forma distinta de hablar, proceso que no se desarrolla solamente en la consulta del especialista, sino también en la familia y el colegio.

Finalmente, el especialista recomienda que tanto los padres como los profesores hablen pausadamente y con buena modulación, ya que de esta forma se convierten en un modelo a imitar por los menores.