Los abuelos hoy

Todos los abuelos, sin importar la edad, juegan un papel muy importante en la vida de sus nietos. Tienen responsabilidades, tienen cariño y mucha experiencia que entregar a sus descendientes.

Por: Francisco González Sánchez
Fuente: Edufam.net

Al hablar de los abuelos, hay que distinguir entre abuelos mayores y abuelos jóvenes. Estos son las personas que empiezan a tener nietos sin edad para ser abuelas o abuelos.

Aquellos son los que pasan de 70 años (aunque la edad no lo dice todo, la juventud es una virtud).

Por eso, cuando afirmamos que los abuelos tienen, hoy, un importantísimo papel que jugar, ¿a quiénes nos referimos?, ¿a los jóvenes o a los mayores?.

Entendemos que a todos, pero los papeles son diferentes, porque las circunstancias son distintas.

Dice Deutsch: "Las empresas niponas ven con desagrado que en América el vocablo "viejo" no sea sinónimo de "sabio"".

A esto mismo se refiere Juan Pablo II cuando afirma que "hay culturas que manifiestan una singular veneración y un gran amor por el anciano; lejos de ser apartado de la familia o de ser soportado como un peso inútil, el anciano permanece inserto en la vida familiar, sigue tomando parte activa y responsable -aun debiendo respetar la autonomía de la nueva familia- y sobre todo desarrolla la preciosa misión de ser testigo del pasado e inspirador de sabiduría para jóvenes y para el futuro".

Una pequeña observación: el Papa habla de ancianos y no de viejos. En esta tierra, más bien es el hombre de fuerzas agotadas, pero con juventud acumulada en su experiencia y en su corazón, si ha sabido aprovechar el tiempo para crecer como persona.

En esta tierra, "ser anciano implica haber vivido una prolongada existencia, encontrarse al final de un largo viaje, quizá demasiado cansado.

La ancianidad es también tiempo de despedidas, las cosas y los afanes lo van dejando a uno".

El anciano es lo vacío y lo inútil para una civilización saturada de materialismo hedonista. Por eso cuando se escribe acerca de ellos hay que decir, con fuerza, "no es verdad que los ancianos sean inútiles o constituyan una carga difícil de soportar (...), nos dieron mucho cuando se encontraban en plena fuerza; nos lo dan ahora, en el ocaso de su vida, con su presencia venerable, con su sufrimiento silencioso, con su palabra acogedora.

Privar a la humanidad de los ancianos, sería tan bárbara como privarla de los niños".

Pero esta permisiva sociedad está dispuesta a privarse de los unos y de los otros. El anciano es testigo del pasado. Por tanto, de un valor incalculable para recuperar en cada familia, herencias espirituales perdidas.

Las herencias de las mejores biografías de otras generaciones de esa misma familia.

Es asombroso ver el poco interés que hay, en muchos hogares, por saber algo de los mejores antepasados. Los abuelos mayores podrían darnos alguna noticia de ellos, es decir, de sus abuelos. Y, así, además, ellos serían menos protagonistas y más testigos.

En realidad, "la vida de los ancianos ayuda a clarificar la escala de valores humanos; hace ver la continuidad de las generaciones y de manera maravillosa la interdependencia del pueblo de Dios.

Los ancianos tienen además el carisma de romper las barreras entre las generaciones antes de que se consoliden".

Desde la orientación familiar, se les puede ayudar a los abuelos mayores a "descubrir y valorar los cometidos de los ancianos en la sociedad civil y eclesial, y en particular en las familias" citando palabras de Juan Pablo II.

Por otra parte, son inspiradores de la sabiduría para jóvenes y para el futuro. Eso ocurre, realmente, cuando han sido capaces de superar las diferentes crisis que se dan, en la vida
humana, entre fase y fase, y han alcanzado la fase vital del hombre sabio, de aquel que sabe que tiene lo que es, superada la crisis de desasimiento.

Y además no han sido marginados de la vida familiar de sus descendientes.

Desde la orientación familiar, se puede hacer mucho a este aspecto, con los abuelos mayores, con sus hijos, con nueras y yernos, con sus nietos, para que ellos puedan unir dos tiempos, a veces bien lejanos: el pasado y el futuro, en el presente de su familia extensa.

Los abuelos jóvenes

Respecto a ellos podemos decir que estamos estrenando una nueva generación de abuelos: Los abuelos del siglo XXI.

Ya serán abuelos mayores: Hoy todavía son: activos, trabajadores, jóvenes de espíritu, con más tiempo libre quizá, con gran experiencia, con ilusión, capaces de seguir aprendiendo.

Capaces de aprender a ser abuelos. Y considerando este aprendizaje con una nueva ilusión, como un volver a empezar para seguir en la brecha en una sociedad que nos necesita a todos.

Ocurre, con cierta frecuencia, que las familias fundadas por sus hijos son diferentes a la suya:

-trabajan los dos fuera de casa;

-no tienen personas que les ayuden;

-suelen andar muy escasos de tiempo.

Pero también tienen hijos, a veces muchos hijos, y tienen derecho y deber de educarlos. Es verdad que deben vivir su propia vida familiar, sin interferencias, sin intromisiones, pero también es cierto que viven en una sociedad que debiera ayudarles. Y los abuelos forman parte de esa sociedad.

Todo lo que han llegado a ser estos abuelos jóvenes pueden canalizarlo en beneficio de otros: de su propia familia, de la sociedad en que viven.

A veces, se ocuparán de sus nietos, no tanto para una acción educativa como para una acción cultural, puesto que son los primeros responsables en la función familiar de conservar y transmitir valores del espíritu.

Con frecuencia, seguirán ocupándose de sus hijos, porque siguen siendo sus hijos, aunque estén casados, aunque sean padres, porque la responsabilidad paterna o materna no desaparece mientras los hijos vivan en la tierra.

Desde la orientación familiar, se les puede ayudar a los abuelos, jóvenes o mayores, a ver lo mucho que pueden hacer y lo poco que deben no hacer. Se les puede ayudar a ver que uno de sus objetivos consiste, sin duda, en ampliar la visión familiar de nuevas generaciones.

Se les ayudará a descubrir que:

-Ser abuelo joven es aprender a dar como abuelo, armonizando lo material y lo inmaterial de ese dar.

-Ser abuelo joven es también empezar a aprender a recibir como abuelo. Será sobre todo, un recibir inmaterial, más o menos esperado, para dar más.

Por todo ello, es un lástima que muchos abuelos jóvenes no busquen orientación o asesoramiento para empezar a serlo.

Es una pena que muchas culturas, "especialmente como consecuencia de un desordenado desarrollo industrial y urbanístico, hayan llevado y sigan llevando a los ancianos a formas inaceptables de marginación, que son fuente a la vez de agudos sufrimientos, para ellos mismos y de empobrecimiento espiritual para tantas familias".

Cómo lograr la armonía entre abuelos y nietos adolescentes

La relación entre abuelos y nietos adolescentes normalmente no plantea problemas especiales. Los "hijos chocan" mucho más con los padres que con los abuelos por diversos motivos.

Los padres suelen ejercer la autoridad con más energía y constancia que los abuelos; a los hijos les pesa mucho más la dependencia de los padres que la dependencia de los abuelos. Los abuelos suelen ser, además, mucho más comprensivos y tolerantes.

No suele hablarse de conflictos entre abuelos y nietos adolescentes. Pero la ausencia de conflictos no significa la existencia de armonía (incluyendo dentro de este término el entendimiento, la armonía y la colaboración).

Aún sin llegar al rechazo y al conflicto, a veces existe una cierta distancia entre abuelos y nietos. Esto ocurre por ejemplo, cuando los abuelos son considerados como personas incapaces de entender los problemas del mundo de hoy. Se les ve como seres que están fuera de la época en la que actualmente viven.

Ciertamente, esta imagen no siempre coincide con la realidad. No todos los abuelos cuentan "batallitas", y están anclados en el pasado.

Tampoco favorece la armonía entre abuelos y nietos adolescentes el que estos últimos vean a aquellos simplemente como seres bonachones: los abuelos son personas "simpáticas" y agradables, pero de las que no se espera nada importante. Al pasar de padres a abuelos han perdido mucha influencia en la familia.

Naturalmente, este problema aumenta si están jubilados y no llenan su tiempo con alguna actividad interesante.

Esta visión reducida del abuelo no engendra normalmente conflictos, pero dificulta el entendimiento y la colaboración con sus nietos adolescentes. Estos últimos pueden tratarle como a un niño o como a un ser ingenuo y despistado al que se le "saca" dinero o a quién se utiliza como "tapadera" frente a los padres.

Muchos abuelos aceptan dócilmente este papel de "comparsas" que les es asignado dentro de la familia. Pero otros se revelan frente a esta jubilación de responsabilidades familiares. En este caso, los abuelos, exigen, corrigen y aconsejan a los nietos, aprovechando el inapreciable caudal de su experiencia.

Cuando los abuelos adoptan esta última postura pueden producirse conflictos con sus nietos, pero nunca serán tan fuertes y duraderos como los que surgen entre los hijos y sus padres.

Los abuelos pueden superar los posibles conflictos apelando al cariño y respeto natural que los niños sienten hacia ellos. Tienen además la ventaja que disponen de mucho tiempo para hablar con sus nietos. Si aprovechan este tiempo para escuchar y comprender (y no para oírse a sí mismos) estarán favoreciendo la armonía con sus nietos adolescentes.

Los abuelos jóvenes deben preparase para ser abuelos del SIGLO XXI, ¡su tarea educadora no termina nunca!.