¿Ayuda económica para los hijos casados?

¿Será natural seguir recibiendo ayuda económica de los padres, una vez que los hijos ya formaron un nuevo hogar?

 
Por: Oliveros F. Otero y José Altarejos "Los abuelos jóvenes", editorial Palabra, Madrid, 1999.
Fuente: Edufam

 
 Algunos jóvenes cuyas familias de origen tienen un buen nivel, al casarse consideran que seguir recibiendo ayuda económica de los padres es de lo más natural.

 Se empezó, por ejemplo, con la compra del departamento y del ajuar para la joven pareja; se continuó con mantenerles los soportes económicos para que el joven terminara su carrera, o la joven esposa siguiese teniendo el auto, la ropa y el tren de vida a que estaba acostumbrada.
 
Y se llegó a un habitual estado, en que el matrimonio joven no ve en todo esto ninguna prerrogativa, sino una cosa de lo más natural, como antes decíamos.
 
Son esas parejas que juegan a inventarse razones de peso para sacar ayudas extras de los viejos, y, por cierto, son también las que más suelen emplear el término "los viejos", al referirse a los padres en la intimidad.
 
Y las que, de modo más o menos consciente, utilizarán al hijo que les venga... como un nuevo canal de ingresos, siempre conectado con el caudal de los abuelos.
 
-Mira qué regalo le han hecho los abuelos a Pepito. ¡Están locos por él!
 
No entraremos en matizar el porqué de estas situaciones -muchas veces suelen provenir de una educación inadecuada- ni el entrever, con un justificado optimismo, cómo y cuándo se resuelven -suelen ser situaciones duraderas-.

Querríamos reseñar, solamente, una más entre las distintas formas que tienen los matrimonios jóvenes de ver a los abuelos.
 
Existen, en fin, muchos matrimonios jóvenes que contemplan a sus padres -próximos abuelos o ya abuelos- con una visión diferente, positiva.
 
Son aquellos que, ya independientes, acentúan el respeto que de siempre tuvieron por sus padres, sin demérito del cariño.
 
Son, en fin, aquellos que han tenido de siempre motivos de admiración hacia sus padres, y se apuntan -más por los hechos que por la reflexión- a la continuidad de la vida familiar conjunta, bien que sin dependencias que pudieran dificultar la suya propia.
 
Obviamente, una joven pareja está compuesta de dos personas. Hay detrás, pues, dos familias de origen. La vida anterior, incluso la manera de ser de cada uno, puede diferir, al punto de que no haya inicialmente una coincidencia en el hacer, de cara a las dos familias.
 
Lo probable en estos casos es que prosperen los mejores criterios y que si hay una realidad de valía en el ser de los padres de uno, el otro se acople, y hasta se recree en el trato con los suegros.
 
El modo de hacer respecto de los padres en matrimonios jóvenes influye, a su vez, en los hermanos y hermanas no casados. De modo que pueden:
 
-reforzar la buena relación con los padres; y
 
-fomentar la consulta y la confidencia con los recién casados.