La casa de los abuelos

Es el ámbito natural de encuentro de las diferentes culturas que nacen en cada nuevo hogar, en cada familia fundada por los hijos y las nueras, las hijas y los yernos.



Por: Oliveros F. Otero y José Altarejos, "Los abuelos jóvenes"
Fuente: Edufam


Recientemente, tuvimos ocasión de participar en una de estas comidas y tertulias familiares. Es una familia muy numerosa. No estaban todos. Cuando lo están, rebasan fácilmente las treinta personas. Quienes pueden, acuden cada domingo. Incluso cuando los abuelos están de viaje. Entonces, la mayor de las hijas solteras asume la responsabilidad de anfitriona.

Estos abuelos comprenden que es un procedimiento que supone un fuerte complemento de presupuesto familiar. Pero les compensa gastar parte de la posible herencia material, que pudieran esperar sus hijos, en mantener abierto un punto de inserción cultural para la transmisión de herencias espirituales.

Tienen veinte nietos y siguen siendo abuelos jóvenes. La abuela sigue participando en programas de formación de orientadores familiares, tiene la costumbre de escribir cartas, o llamar por teléfono, a sus nietos -a cada nieto- en los grandes eventos de la vida de cada uno de ellos. Sabe que es un tiempo bien gastado. Quizá un día las complemente con un libro titulado "Cartas a mis nietos".

La casa de los abuelos es un lugar de encuentro de quienes quieren encontrarse

Un lugar

-donde se toma un aperitivo;

-donde se puede comer (avisando previamente, se entiende);

-donde se puede conversar, en un aparte de dos, en un grupo pequeño, en una gran tertulia;

-donde se puede revisar una biblioteca familiar;

-donde se pueden contemplar recuerdos de familia o del último viaje de los abuelos, etc.

Nadie se siente obligado a permanecer más tiempo de lo que desea o del que dispone. Cada familia, o algunos de sus miembros, van y vuelven según sus gustos y sus posibilidades.

Ello supone un alto nivel de madurez personal, de disponibilidad, de desprendimiento, de hospitalidad etc., en los abuelos, y en cierto modo en sus hijos que todavía no son independientes.

También supone haber previsto con tiempo esta posibilidad de convivencia familiar. Y mediante esta previsión, llegar a disponer del espacio humano necesario.

Bien es verdad que en muchos casos la falta de medios económicos no lo ha permitido, pese a la actitud previsora.

Pero en otros, sólo ha faltado previsión, desde mucho antes del nacimiento del primer nieto.

Otras veces, no ha faltado casa, sino espíritu. No conviene olvidar que "la cultura es la vida del espíritu" (según Juan Pablo II). En este sentido, unas familias se distinguen de otras no tanto por la cuantía de los medios materiales de que disponen, cuanto por haber sabido ponerlos, o no, al servicio del espíritu y de un estilo personal y familiar de vida.

La casa de los abuelos, como un punto de inserción de una cultura decantada a lo largo de generaciones de una familia;

-con aportes literarios y artísticos, convertidos en patrimonio cultural;

-enriquecidos por las convicciones religiosas de quienes los legaron;

-incluso cuando ha sido iniciado por los actuales abuelos,

es el ámbito natural de encuentro de las diferentes culturas que nacen en cada nuevo hogar, en cada familia fundada por
los hijos y las nueras, las hijas y los yernos.

De ese modo, no sólo la cultura de los abuelos se inserta en la vida y en las familias de las nuevas generaciones, sino que en esa misma casa de los abuelos se habrá operado una nueva selección de aportaciones personales valiosas como incremento de las que ellos transmiten.

Y por su referencia a la persona y a la educación, esa cultura original irá mejorando pese a:

las epidemias;

las plagas;

las contaminaciones;

las ideas reductoras;

los deterioros humanos;

las deformaciones espirituales, etc, del ambiente.