






Aprendiendo a envejecer
Consejos prácticos para vivir la ancianidad.
Autor:
Joaquin Antonieñaloza
Fuente: Catholic.net
Cuidaras tu presentacion
todos los dias.
Viste
bien, arréglate como si fueras a una fiesta, qué más fiesta
que la vida.
No te encerraras
en tu casa ni en tu habitacion.
Nada
de jugar al enclaustrado o al preso voluntario, saldrás a la calle y al
campo de paseo, agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se
enmohece.
Amarás
al ejercicio fisico como a ti mismo.
Un rato de gimnasia, una caminata
razonable, dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.
Evitaras
actitudes y gestos de viejo derrumbado.
La cabeza gacha, la espalda encorvada,
los pies arrastrándose, no. Que la gente diga un piropo cuando pases.
No
hablaras de tu vejez ni te quejaras de tus achaques.
Acabarás por
creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás
y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital.
Deja
de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
Cultivaras el optimismo sobre
todas las cosas. Al mal tiempo buena cara, sé positivo en los juicios,
de buen humor en las palabras, alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene
la edad que se ejerce. La vejez no es una cuestión de años sino
de estado de ánimo.
Tratarás
de ser útil a ti mismo y a los demás.
No eres un parásito
ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate
hasta donde sea posible y ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
Trabajaras con tu mano
y con tu mente.
El trabajo es una terapia infalible, cualquier actitud
laboral, intelectual, artística. Medicina para todos los males, la bendición
del trabajo.
Mantendrás
vivas y cordiales las relaciones humanas.
Desde luego las que se anudan
dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia: ahí
tienen la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes
y adultos, el perfecto muestrario de la vida: luego ensancharás tu corazón
a los amigos, con tal que los amigos no sean viejos como tú. Huye del bazar
de antigüedades.
No
pensaras que todo tiempo pasado fue mejor.
Deja de estar condenando a tu
mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que, entre las espinas, florecen
las rosas. Positivo siempre, negativo, jamás. El anciano debiera ser como
la luna, un cuerpo opaco, destinado a dar luz.