





¡¡Socorro!! Mi memoria ya no es la de antes
"Ya no sé en dónde pongo las cosas", ¿quién me llamó hace media hora?. A no desesperarse, hay cambios naturales que se dan con la edad que no impiden hacer una vida normal.
Autor:
Daniel Gueller
Fuente: En
Plenitud.com
‘Antes me acordaba de todos los números
telefónicos, ahora no recuerdo ni el mío’.
Estas son palabras conocidas
para gran parte de nosotros, que nos llenan de interrogantes y disparan nuestros
más escondidos temores sobre el futuro: ¿tanto envejecí?, ¿tendré Alzheimer, arteriosclerosis,
me estaré volviendo loco?, ¿qué será de mí?.
A no desesperar. La
amnesia simple, es decir la pérdida de memoria con preservación de las funciones
intelectuales, es una condición benigna que se presenta frecuentemente en las
personas mayores de 40 años.
Se la conoce también como ‘alteración de
la memoria asociada con la edad’, y se caracteriza por el olvido de los nombres
de la gente y de otros datos y hechos aislados, con conservación del juicio, el
intelecto, el lenguaje y la capacidad de aprendizaje.
Aunque puede traer
algunos inconvenientes, no es incapacitante, no empeora en forma ostensible con
el paso del tiempo y permite hacer una vida completamente normal.
En
las mujeres, los cambios hormonales vinculados con la menopausia pueden también
acompañarse de alteraciones benignas de la memoria.
Después de los 60
años, pueden producirse otros cambios, tales como la disminución de la atención
y la concentración y el enlentecimiento de la capacidad de fijar datos nuevos.
Estas modificaciones son normales para la edad, no son parte de ningún
proceso patológico y tampoco impiden hacer una vida normal.
La amnesia
puede ser también parte de un cuadro de origen psicológico o psiquiátrico.
La causa más común es la depresión, pero también se da en situaciones de
estrés intenso y en cuadros diversos como el trastorno de pánico, la ansiedad
intensa y sostenida, las fobias severas y con mucho componente de angustia, y
otros.
Antes de pensar en “algo malo”, siempre es conveniente investigar
la presencia de algún problema de orden emocional que pueda ser el responsable
de los cambios de la capacidad de recordar.
Nunca es bueno minimizar
signos o síntomas que podrían estar anunciando el inicio de una enfermedad, pero
tampoco es conveniente sentirse enfermo antes de tiempo.
Si nos quedan
dudas o queremos quedarnos más tranquilos, siempre queda la opción de evaluar
la naturaleza de los síntomas mediante el empleo de tests específicos que ayudan
a determinar el origen del problema y la conducta a seguir.