La muerte nos separó


La viuda experimenta un vacío inexplicable, un sentimiento de fragmentación, como quien de pronto sufre de una mutilación en alguna parte de su cuerpo.

Por: María R. Morales, licenciada en Ciencias de la Familia.
Fuente: Desarrollo y Formación Familiar.

El matrimonio es un albur, dicen muchos. Esto no solo quiere decir que te pueda ir bien o mal, pero juntos. También debe contemplarse la posibilidad de que uno de los dos falte y entonces el otro deba continuar con doble carga y responsabilidad.

Tomada del brazo de mi padre, aún no podía creer que el día había llegado.

Los primeros acordes de la marcha nupcial, me hicieron volver a la realidad.

Al pie del altar me esperaba Manuel. El hombre con el que compartiría mi vida. ¡Cuánta felicidad!

En unos momentos más repetiría las palabras del sacerdote con gran vehemencia...."Sí, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad, la riqueza, la pobreza, respetándote y amándote todos los días de mi vida".

Al escuchar esta frase enseguida imaginé a Manuel con la cabeza llena de canas y yo a su lado rodeada de muchos nietos. Envejeceríamos juntos.

Demasiado pronto

Iniciar una vida llena de proyectos a futuro, es la meta de toda pareja.

Lorena y Manuel no fueron la excepción, iniciaron una vida cimentada en el amor. Sus valores, principios y metas eran comunes.

Pasó el tiempo y ya eran cuatro los hijos que formaban la parte más importante de su vida, su familia.

Manuel, un hombre inteligente, tenaz y emprendedor, logró alcanzar con rapidez el éxito en los negocios. Esto les permitió gozar de una gran tranquilidad. Lorena por su parte, se esmeró en ser la mujer ideal.

La felicidad y la prosperidad aumentaban con el pasar de los años.

Lejos estaban de pensar que esa dicha terminaría demasiado pronto, ya que unos cuantos días antes de su décimo aniversario la muerte sorprendió a Manuel, víctima de una enfermedad congénita, que todos ignoraban.

La vida había cambiado diametralmente y ese día Lorena se enfrentaba a la viudez.

La reacción

Lorena recibió la noticia con gran entereza, su primer reacción fue pensar: Manuel no puede morir, no debe morir.

Vivió la realidad al momento de ver a su marido en el féretro. Con profundo dolor se dio cuenta que Manuel viviría eternamente acompañándola desde lejos, pero que jamás volvería a verle.

Decidió continuar con los proyectos inacabados. A los pocos días del funeral, empezó a ir a la oficina de Manuel, en el coche que era de él y sentándose en su mismo escritorio.

Se convirtió en exitosa mujer de negocios, ama de casa, madre y padre a la vez. La vida le presentó de pronto muchos roles a cumplir.

Desde que enviudó, su familia se convirtió en su apoyo incondicional, sus hermanos le reiteraban constantemente que contaba con ellos, su madre igual.

Lorena, una mujer con grandes cualidades, decidió que habría de salir adelante sola.

"No puedo ser una carga para mis hermanos, ellos tienen una familia".

"Mis hijos no deben verme llorar, pues se sentirán desprotegidos".

"No puedo enredarme en las faldas de mamá, ella tiene sus problemas".

La vida siguió y todos admiraban a Lorena por su enorme capacidad, organización, valentía y entereza.

Al verla tan fuerte, todos se sintieron tranquilos y siguieron adelante.

Nadie imaginaba que aquella "mujer de hierro" que ella había creado muchas veces se sintió en un abismo, sola y desprotegida, deseosa de que alguien enjugara sus lágrimas, sin percatarse que había sido ella la que se había olvidado de llorar.

El duelo

Existen muy pocos estudios de lo que en realidad enfrenta una viuda. No existe un manual, una guía de cómo enfrentar la vida sola, con la responsabilidad de unos hijos, y todo esto aunado al profundo dolor de la pérdida.

La persona experimenta un vacío inexplicable, un sentimiento de fragmentación, como quien de pronto sufre de una mutilación en alguna parte de su cuerpo.

Algunas personas reaccionan evadiendo la realidad. Otras delegando responsabilidades en la persona más cercana.

La depresión anímica en la que la viuda puede caer es también otra forma de duelo que puede impedirle funcionar en la vida cotidiana.

Otras más, como Lorena, hacen un enorme esfuerzo y buscan protegerse con una gran armadura, dando la impresión de buena fortaleza que están muy lejos de sentir.

Se convierten -en una palabra- en mujeres de hierro. Sin percatarse que esta armadura será en casi todos los casos demasiado pesada.

La armadura

Aún siendo demasiado el peso, esta armadura sirve en primera instancia como mecanismo de defensa que proporciona un sentimiento de independencia y seguridad, mismos que serán transmitidos a los hijos y a las personas cercanas a la familia.

El estar protegida de esta manera, hará posible la sobrevivencia ante tan irreparable pérdida.

Sin embargo esta sensación será pasajera ya que el tiempo finalmente sitúa a la persona que enfrenta la viudez ante la realidad de la aflicción y dolor que sin lugar a dudas habrá de experimentar.

Qué hacer...

Entre algunas sugerencias de especialistas en este campo y la experiencia de vida que hoy hemos compartido, podemos concluir lo siguiente:

1.- Sufrir y llorar la pérdida de un ser querido, particularmente el cónyuge, no es signo de debilidad, sino característica de la esencia humana. Es importante desahogarse.

2.- Compartir la pérdida con nuestros seres más queridos, padres, hermanos, hijos, amigos, manifestando los sentimientos abiertamente con ellos.

Cuando estás sola te unes mucho a tu familia. Sólo es importante saber hasta dónde debes concentrarte en eso.

No olvidar el conservar una vida propia. Buscar mediar entre la vida familiar y personal, manejando con gran eficiencia el término "calidad de tiempo".

3.- Realizar un proyecto de vida propio de acuerdo a la nueva realidad y no pretender tomar el sitio de la persona ausente, aunque es común que se trate de llenar ese lugar,

buscando compensar a los hijos la pérdida, de una u otra manera.

Sin embargo aceptar que habrá que actuarse "como papá", cuando el caso lo amerite.

4.- Recordar a la persona ausente con alegría, conscientes de que el término de una vida no tiene que acabar con la persona sino que puede convertirse en fuente de motivación

para iniciar una nueva vida.

Hacer propios, en especial, aquellos valores que fueron importantes en vida del ausente, incluso buscar específicamente transmitirlos.

5.- No encerrarse en una armadura, ya que después nadie podría traspasarla y encontrar a la persona humana que se ha escondido dentro.

6.- Solicitar la ayuda de aquellos que están dispuestos a brindarla y pedir asesoría y consejo (legal, moral, financiero, psicológico) en aquellos casos que lo requieran.

Tomar en cuenta la opinión de los hijos, esto irá formando un ambiente de confianza y sentido de equipo que ayudará más adelante.

7.- En lo posible, cada pareja deberá considerar como prioridad el obtener algún seguro ya sea de vida, gastos fúnebres y/o gastos médicos.

La enfermedad y la muerte forman parte de la vida misma y es conveniente planear de antemano cómo se podrá responder en estos casos.

8.- Resolver los problemas cotidianos, según se vayan presentando, viviendo el presente sin temer al futuro.

9.- Apoyarse para las decisiones importantes en las propias creencias religiosas, cualquiera que estas sean. Éstas son luz en el camino. Incluso la soledad no es tan tremenda al

caminar de la mano de Dios.

10.- No tomar decisiones apresuradas, ni definitivas en momentos de crisis. Permitir que el tiempo suavice las heridas para poder continuar viviendo.

.

 Envía esta página a un amigo