Y llegaron los nietos

Nuevas alegrías, nuevos problemas, nuevas decisiones... ¿Cómo enfrentarlas?

 

Por: Oliveros F. Otero – José Altarejos, "Los abuelos jóvenes", Editorial Palabra, Madrid, 1999.
Fuente: Edufam.net


Cuando llegan los nietos, suelen fundirse los hielos de mutuos prejuicios -si los había- con la sola presencia de esas vidas nuevas.

No obstante, lo mejor será analizar algunos casos concretos. Y ver qué ocurre en cada situación familiar, qué problemas hay y qué posibles vías de solución pudieran sugerirse.

Conocemos a cierta abuela joven que, cuando se casó, en obligada convivencia con su suegra y cuñadas, supo ir derrumbando diques de reserva a golpe de dulzura y cariño.

En el presente, de tal modo cuida el no interferir en la vida de sus hijos casados -dos hijos y una hija- que las nueras se quejan más de una vez de la excesiva discreción de la abuela, que no interviene en las cosas si no se le pide.

Ella sonríe. Sabe que está cuando hace falta y no cambia de conducta. Opina que «siempre es mejor que te echen de menos a que te echen de más».

Ocurre alguna vez que una de sus nueras, joven y con mucha personalidad, atropella un poco con sus criterios. Parece que es un poco dominante. Y la abuela, que conserva un sano sentido del humor se limita a comentar, luego, que, por si no tuvo bastante con una suegra, ahora, con esta nuera le ha salido otra.

En este caso, no parece haber ningún problema. La abuela joven, en su calidad de suegra, ha sabido aprovechar la experiencia de sus anteriores relaciones con su suegra y sus cuñadas. Y ahora sigue poniendo de su parte dulzura y cariño, además de prudencia.

Veamos a continuación, un caso titulado: Una abuela joven (1ª parte)

Empieza así:

"María Isabel es una abuela joven. Está en la década de los cincuenta. Su marido también es joven. Aún no ha cumplido los sesenta. Tienen cuatro hijos, entre los treinta y dos y los diecisiete años. Estos diecisiete años corresponden a la hija pequeña, que aún no ha entrado en la Universidad.

Dos de sus hijos casados viven fuera. En su misma ciudad, una tranquila capital de provincia, viven Rafael -su segundo hijo- y Nuria, su mujer, que tienen una hija de tres años. Rafa es abogado y Nuria asistente social.

Los sábados, los domingos y los días de fiesta, Rafa y Nuria vienen a comer a casa de los abuelos. Y luego se van. A la niña la dejan con su abuela, María Isabel. Es ya una arraigada costumbre que la abuela no sabe cómo romper.

Está pensando en hablar con su hijo, pero todavía no lo ha hecho. En realidad, teme que se disguste y por eso acepta y calla, aunque no le acabe de convencer esta solución que, por vía de hecho consumado, están adoptando unilateralmente su hijo y su nuera, respecto al problema del tiempo libre en un matrimonio joven.

No es que la nieta sea especialmente revoltosa. ¿Problemas? Los propios de una niña de tres años. Como es lógico en una abuela, la mima. En conjunto, nada de particular..., pero cree que esta solución no es buena para ella, ni para su matrimonio, ni para sus hijos Rafa y Nuria.

Tampoco tiene ningún problema como suegra. Nuria es una buena nuera. Y sus relaciones son buenas. Pero a María Isabel le parece que su nieta tiene derecho a casi todas las tardes de domingo de sus padres.

Ramón, su marido, el abuelo, tampoco se queja. El está en la cumbre de su profesión y de sus actividades socioculturales. De modo que sus ratos libres están llenos. Para el resto del tiempo prefiere el remanso de paz del hogar. Y más ahora, cuando la mitad de sus hijos se han independizado y hay menos ruido en casa”.

Preguntas abiertas

Queríamos destacar un problema pendiente de solución: el permanente estacionamiento de la nieta. Parece que bastará hablar para resolverlo. Pero María Isabel no se atreve.

En caso de decidirse a hablar:
-¿con quién deberá hacerlo?
-¿con su hijo?
-¿con su nuera?
-¿con ambos?
-¿no debería comentarlo previamente con Ramón.