Prepararse para la vejez


Es esencial proyectar la existencia, de modo que se pueda gozar lo que cada etapa de la vida tiene que ofrecer.

Fuente: Desarrollo y Formación Familiar.


Ancianidad, tercera edad, edad de oro o como desee llamarse a la etapa final de la vida, este es un tiempo que plantea un gran desafío para quien la está experimentando; además de que ella va íntimamente relacionada con la cultura en la cual se habita.

De este modo, el término envejecimiento lleva consigo una connotación negativa en muchos países de Occidente; la que abarca los planos físico, psicológico y social del individuo. Desde el punto de vista físico, se asocia la vejez con la pérdida de las habilidades auditivas, visuales, musculares y hasta mentales; con problemas respiratorios y cardíacos, sin contar con una serie de mitos extra que sucederían junto con el hacerse viejo.

Aunque es cierto que pasada cierta edad ya no es posible realizar las mismas proezas que a los quince años, no se puede desconocer que mucho se ha ganado en experiencia y sabiduría... "Nada en esta vida es gratuito, excepto la vida misma".

Además, no hay que olvidar que también los jóvenes pueden "quedar fuera de la jugada". Un ejemplo son los deportes, en donde nos vemos descalificados en la mayoría de las actividades mucho antes de llegar a la mediana edad.

Sabemos de niños y adolescentes que se preparan con afán para los Juegos Olímpicos, sin ignorar que - en general - serán muy afortunados si logran desempeñar un buen papel en una o dos olimpíadas, antes de que lleguen los nuevos atletas y los desplacen.

En el plano social, el anciano se enfrenta a una serie de cambios impostergables, los cuales le afectarán grandemente si no está preparado para resolverlos.

Ellos son la partida de los hijos fuera del hogar y la jubilación.

No es fácil de buenas a primeras encontrar actividades que permitan llenar esas horas adicionales, así como sentirse productivo o necesario.

Es natural que los hijos vayan asumiendo la autoridad que antes tenían los padres, pero hay que cuidar de que esto ocurra sin atropellar la dignidad de la persona mayor, sin que ésta se sienta relegada o abandonada, ya que dicha posición puede ser causa de fricciones en la familia.

Si se toman en cuenta todas las variaciones referidas (físicas, dependencia, cese del trabajo productivo) y le agregamos la muerte de los amigos y los seres queridos, no es difícil imaginar los cambios psicológicos que sufre un ser humano a medida que envejece.

Tiempo de Cosechar

La autoestima de la persona mayor puede verse lesionada si no se es capaz de adaptarse a estas transformaciones.

Junto con descubrir que la época de sembrar ya pasó, y ahora es tiempo de cosechar.

El hecho de que sus hábitos estén bien aprendidos y sean difíciles de modificar no hace más que complicar la situación.

En esta etapa, la persona tiende a retirarse del mundo exterior y volverse hacia sí misma.

Si su existencia tuvo un sentido profundo, vivirá estos años con tranquilidad, se adaptará a los cambios del envejecimiento y dejará a los jóvenes en la feroz competencia de la productividad.

El papel de la familia es fundamental en este período de la vida.

El apoyo emocional y las relaciones familiares significativas son de gran ayuda en el proceso de adaptación y aceptación de la vejez.

La época de sembrar ya pasó, es tiempo de cosechar; por esto es importante cuidar de los ancianos con el cariño que se asiste a los niños.

La protección a los niños es algo que la cultura enseña y se da por sentado y es natural que los padres sientan amor por sus hijos y se preocupen por ellos.

Asimismo, mientras más se acerquen los extremos del círculo, mayores serán la atención y solicitud que éstos requieran.

Lyn Yutang, en su libro "La Importancia de Vivir", habla del amor y el respeto por los ancianos: ""El agua corre hacia abajo y no hacia arriba", dicen siempre los chinos, y por lo tanto el afecto por los padres y los abuelos es algo que tiene más necesidad de ser enseñado por la cultura".

La Culminación de la vida

Es esencial proyectar la existencia de modo que tal que se pueda disfrutar lo que cada etapa de la vida tiene que ofrecer, sin menospreciar ninguna de ellas.

Lyn Yutang lo expresó así: "Tenemos que planear de tal modo nuestro patrón de la vida que el período de oro esté por delante, en la ancianidad, y no detrás de nosotros, en la juventud y la inocencia. Porque si tomamos la actitud contraria nos comprometemos, sin saberlo, en una carrera contra la despiadada marcha del tiempo, temerosos siempre de lo que hay en el futuro. Una carrera, casi no es necesario señalarlo, que no nos deja esperanzas y en la que todos somos derrotados. Nadie puede dejar de envejecer; sólo puede hacerse la trampa de no admitir que se envejece. Y como de nada vale luchar contra la naturaleza, bien podríamos envejecer graciosamente".

La ancianidad viene a ser así una culminación de la vida y esta es una visión de la vejez que merece ser considerada, pues puede llevar a las personas a esperar esta etapa con agrado. Sin prisa porque llegue, pero tampoco con temor.