Abuelos, raíz del hogar


Los abuelos tienen tiempo, no padecen estrés y -fundamental- no lo trasmiten. Los nietos pueden hallar en ellos el aliado perfecto para dar determinados pasos en su desarrollo que sus padres no pueden, ni deben, andar con ellos.

Por: Rocío Serrano
Fuente: Edufam.


... Hace ya algunos años que mis hermanos y yo te hicimos un gran regalo: tus nietos. Confieso, sin embargo, que ninguno de nosotros lo vio así; nos parecía que los niños eran únicamente responsabilidad nuestra. No ha sido hasta hoy -tras hablar un rato con mis hijos- cuando he reparado en el gran protagonismo que estás teniendo en sus vidas...

...Poco tienes tú que ver con la abuela que tuvimos los que ahora constituimos la generación de adultos: continúas en activo, te mantienes ágil e independiente, aún dispones de tu vida con el abuelo y vais y venís a vuestro antojo.

Parecía que, al constituir nuestro hogar, el vuestro quedaría desfasado, pero no sólo no ha ocurrido así, sino que se ha multiplicado su valor. Sigue siendo el punto de encuentro para toda esta familia creciente, y mantiene como siempre la llama del hogar, pero -además- guarda para nuestros hijos algo realmente excepcional: el tesoro de sus abuelos.


Adultos-niños

Los abuelos son uno de los tesoros que heredan los hijos al nacer. Son un complemento para su infancia, una llave para que empiecen a andar y aprendan a jugar y a abrir sus mentes.

Su gran experiencia les permite dar a cada cosa el valor que le corresponde, a ser mucho más sencillos y descomplicados que los adultos en funciones. Por esta razón, los niños pueden hallar en ellos el aliado perfecto para dar determinados pasos en su desarrollo que sus padres no pueden, ni deben, andar con ellos.

Nuestros héroes

Los abuelos guardan, además, un regalo en exclusiva para sus nietos: la tradición. Ellos son el enlace de un presente encarado al futuro, con el pasado, con la historia. A través de sus historias, los niños pueden conocer sus raíces, los nombres y hazañas de sus antepasados, y enorgullecerse de ellos.

Con estos relatos los abuelos logran trasmitirles un sano orgullo de sangre, y enseñan unos principios -lealtad, nobleza, generosidad... - que les resultarán esenciales para afrontar la vida.

Probablemente, los más pequeños no puedan captar todos los matices, pero sí podrán admirar a los héroes de su propia historia, y entenderán que la fidelidad a los propios principios es la clave para vivir sereno y en paz.

Experiencia, de viva voz


A su manera, con sus palabras, los abuelos no solo trasmiten contenidos, sino que entregan a sus nietos otra gran herencia: la educación, los modales, la elegancia y el coraje de quienes -con mayor o menor éxito- han luchado en la vida y no se dejan ya achantar por una pequeña o gran desgracia. Ellos saben vivir.

Su experiencia y la cultura que han ido acumulando a lo largo de la vida puede constituir un verdadero tesoro para el que lo reciba. Pero la transmisión sólo será posible si ellos mismos no abandonan el cultivo de su propia inteligencia, de su voluntad y de su corazón.

Ese es quizá uno de los mayores peligros que corren las personas al hacerse mayores, y corresponde entonces a las generaciones posteriores el alimentar sus inquietudes y animarles a no abandonarse en la ancianidad. El aliento de los hijos y la ansiedad de los nietos por conocer pueden ser -y son generalmente- el mejor y más efectivo de los estímulos.

Entre cómplices

La especialísima relación que se construye entre abuelos y nietos tiene, en cualquier caso, un factor decisivo y determinante: los abuelos tienen tiempo, no padecen estrés y -(fundamental)- no lo trasmiten.

Los niños no pueden dejar de notar que la disponibilidad de los abuelos es mucho más elástica que la de sus padres. Esto, unido a que perciben en ellos una autoridad moral más que oficial, a que se sienten queridos por ellos, y que no perciben la presión de las responsabilidades educativas, contribuye a crear entre ambas generaciones un puente de complicidad.

En este clima tan especial, los abuelos pueden dar la vuelta a la tortilla a los argumentos de los pequeños, ayudarles a pensar y a ver si realmente son tan injustas y tremendas las normas de los padres.

Aunque la educación de los hijos es responsabilidad de los padres, es mucho lo que los abuelos pueden colaborar en ella sin necesidad de dar una sola orden.

La mesa de la abuela

Pero es posible que lo que más apreciemos de los abuelos no sea su labor educativa sino su papel como de aglutinador, como factor de unión entre los miembros de la familia.

La mesa de la abuela es -o debería ser- punto de encuentro periódico para tíos, primos, hermanos y amigos de la familia, un lugar de reunión en el que todos puedan disfrutar de los lazos que les unen.

Para los niños, estas ocasiones suponen un medio para ampliar su mundo, para reafirmar su identidad como miembro de la familia y aprender a relacionarse. Son escenario ideal, además, para que comprueben el trato que mantienen los abuelos y sus propios padres, estos con sus hermanos, etc., y aprendan las normas básicas de las relaciones de familia.

De cómo traten los padres a los abuelos, los niños aprenderán a tratar a sus padres y también a respetar a los abuelos. Una crítica a las espaldas, una mala contestación o un comentario impertinente tanto de unos como de otros justificarán más tarde que el niño pague a ambos con la misma moneda.