Zonas de autonomía


Tener más por hacer de lo que se puede hacer y mantenerse en forma, deportivamente, sin abandonar los ejercicios físicos adecuados a la edad, con una vida sana y ordenada, son algunos de los consejos.


Por: Oliveros F. Otero y José Altarejos, "Los abuelos jóvenes".
Fuente: Edufam.
 

La primera autonomía consiste en tener proyectos, como síntoma de juventud espiritual.

Ser una persona que necesita más tiempo para:

-terminar su obra bien hecha;
-encontrarse con lo mejor de sí mismo;
-alcanzar la edad de la sabiduría;
-terminar de ser o sobreabundar en ser;
-poder contemplar más de cerca el bien, la verdad y la belleza;
-alcanzar el «doctorado del vivir»;
-llegar a esa cumbre anímica, en la que «aún nos espera el más espléndido de los dones: la mística (...). En el místico atardecer de la vida la mirada se extravía hacia lo más excelso de los misterios: se descubre a Dios» (Emma Godoy).

 
De este modo, los abuelos serán «modelos vivos para las otras generaciones, de manera que ofrezcan la enseñanza objetiva de cómo se debe vivir».
 
Primer consejo: debe faltar el tiempo

Tener más por hacer de lo que se puede hacer.
La segunda autonomía corresponde al área física: mantenerse en forma, deportivamente, sin abandonar los ejercicios físicos adecuados a la edad, con una vida sana y ordenada.
 
A este respecto, es muy importante saber descansar. Es decir, haber detectado el propio estilo de descanso. Para mantenerse relajado, evitando así tensiones innecesarias o nerviosismos generadores de conflictos en las relaciones humanas.
 
Segundo consejo: estar en forma.

Gimnasia diaria y/o paseos largos
 
La tercera autonomía es la económica. Sin la obsesión de la seguridad, conviene prever qué va a exigir, económicamente, la propia autonomía en edades más avanzadas. Y actuar en consecuencia.
 
Los asuntos económicos no son los más importantes, pero sirven para mantener, con libertad:
 
-la propia dignidad;
-el baluarte del libre albedrío;
-la soltura de sus mejores servicios a la familia y a la sociedad.
 
Forma parte de esa autonomía la de la vivienda:
 
-lo suficiente próxima a la familia extensa, para prestarle su mejor ayuda;
 
-lo suficiente aislada para desaparecer, cuando su presencia no ayuda a resolver una situación problemática o cuando su salud o su estado anímico no está para dar luz y fuerza a los otros.
 
Tercer consejo en lo posible: mantener autonomía económica
 
El binomio Dar-Recibir, en los abuelos jóvenes, se apoya (sobre todo, en la segunda mitad de la etapa):
 
-en sus zonas de autonomía;
-en su constante lucha por seguir creciendo como personas;
-en sus desprendimientos de lo superfluo, de lo periférico, de lo accidental;
-en su serena contemplación de lo divino y de lo humano; y
-en el correcto uso de la palabra y del silencio.
 
Hablando cuando quisieran callar; callando cuando no se debe hablar, aunque la tentación de hablar sea fuerte.
 
Quizá nada tan importante para un abuelo, incluso joven, en el orden de las relaciones humanas, como el uso acertado del silencio.

Por una parte, llegarán momentos en los que sólo podrá comunicarse con la mirada y con el silencio, porque la mente del interlocutor no estará preparada para ningún otro tipo de diálogo.

Por la otra, toda palabra es válida según la cantidad de silencio que contiene, que evoca y que puede provocar (según Gustave Thibon, "Entre el amor y la muerte").
 
Es decir, la verdadera palabra remite a un silencio mayor que ella.
 
Además, el abuelo -también el abuelo joven- tendrá que callar cuando no tiene voz suficiente para hacerse oír (en lo que justamente debería ser oído), o cuando el ágora está demasiado vacía de personas o excesivamente llena de ruidos.
 
Y entonces su dar silencioso tiene que encontrar otros caminos. Necesita escribir. La verdadera escritura remite al misterio y al silencio. En realidad: «todo gran escritor es una traducción del silencio»(E. Godoy).
 
Necesitan escribir los abuelos jóvenes no para dejar constancia de su pasado, sino tan sólo de lo histórico; no para que no se pudran sus silencios, sino para traducirlos en servicios valiosos de herencia espiritual.
 
Pero las buenas relaciones de los abuelos con otros miembros de la familia no dependen solamente de ellos, sino también de los otros.